Lo peor de la política en el peor momento


¿Es ésta la política que espera ese 25 por ciento de autónomos que está ya en su casa mano sobre mano?

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Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado. /Foto: LVC

En la misma semana en que se celebra un año justo del inicio del confinamiento por el coronavirus, llega la política y lo fastidia. El aniversario del año que ha cambiado la vida de todos nosotros, que ha dejado tras de sí 100.000 muertos, que ha puesto a prueba la capacidad de muchos, que ha costado el empleo a centenares de miles de españoles queda eclipsado por lo peor de la política en el peor momento.

El año del coronavirus ha quedado relegado a un lugar más que secundario por la convulsión sufrida en la vida política nacional. Unos lo han llamado tormenta, otros terremoto o tsumani; da igual, porque está tan bien denominado como se le quiera hacer. A decir verdad, prefiero hablar de estafa, porque con lo ocurrido se ha estafado a los que han depositado su voto pensando en la ética del servicio público y a los que sin tener nada que ver con el asunto son víctimas de un tráfico de intereses ajenos a la sociedad que es, a fin de cuenta, lo que subyace detrás de todo esto. Una estafa, vamos.

Hasta ahora he hablado de política en abstracto porque raras son las siglas que no han danzado en este baile siniestro. Prácticamente todas han tenido algo que ver y muchas de ellas, cronómetro en mano, han pugnado por ser las más rápidas en lanzarse al fango de la peor de las maneras posibles de ejercer la política.

Si la Primera Guerra Mundial arrancó con el asesinato de Sarajevo, esta semana negra de la política en España tuvo su inicio con la presentación de una moción de censura en la autonomía de Murcia, una operación perfectamente legal y con todo el respaldo del marco normativo a la que no hay que hacerle tacha alguna.

Una vez destapada la caja de los truenos, todo lo que vino después había que seguirlo sin despegar los ojos del televisor, sin apagar la radio y sin dejar de pulsar la tecla F5 del ordenador. Te distraías un minuto y te perdías tres capítulos.

A partir de ese momento se disolvía la Asamblea de Madrid, se convocaban elecciones y se presentaban dos mociones de censura contra la presidenta de la región. ¿Alguien da más? Pues sí, en Castilla y León así como en Andalucía se vieron negros nubarrones que pasaron con rapidez sin descargar gota alguna. Hubo que organizar a la carrera fotos de buen pollito para que todo quedara en una falsa alarma.

Sin respiro, la convocatoria de elecciones en Madrid y sus dos mociones de censura quedaban en tablas a la espera del Tribunal Superior. Y mientras estábamos distraídos con estas sandeces, en Murcia se buscaba el favor de tres voluntarios para revertir la situación. Del zasca al contrazasca.

La historia no ha terminado. Mientras escribo estas líneas tengo la sensación de que quien ha urdido la operación no ha logrado su objetivo, quien se ha prestado a hacer de mamporrero ha puesto fin a su vida política y la víctima, que al final no lo va a ser tanto, ha recurrido a lo que no se debe recurrir para salvar el pellejo. Ya lo he dicho: lo peor de la política en el peor de los momentos.

Lo que de verdad me gustaría saber de todo esto es la opinión de quienes dejaron a un familiar en las urgencias del hospital y a los pocos días le devolvían una urna con cenizas, o la del empresario ‘zombie’ que no sabe qué va a ser de él ni de sus empleados el día en que desaparezcan los ERTE. ¿Es ésta la política que espera ese 25 por ciento de autónomos que está ya en su casa mano sobre mano y que ahora, al cabo del año, ve cómo anuncian a bombo y platillo unas ayudas que nadie sabe cuándo van a llegar y a las que ya no se puede acoger?

Mientras en Murcia vemos cómo los corruptos acusan de corrupción a los otros y cómo en Madrid lloriquean por deslealtad quienes hasta el miércoles pasado la practicaban con el mayor de los cinismo, lo único que vemos los demás es que las vacunas no llegan y así no vamos a salir de esta pandemia. Lo demás, poco importa. Lo dicho: lo peor de la política en el peor de los momentos.