Hace un año ya


Cada uno hizo lo que pudo en aquellos momentos. Unos con más responsabilidad y otros con menos, o con nada

Juanma Moreno. /Foto: Junta de Andalucía hace
Juanma Moreno. /Foto: Junta de Andalucía

Por estas fechas, ya sabíamos hace un año que en Wuham había surgido un virus del que había casos en varias partes del mundo. Los medios de comunicación priorizaban las informaciones sobre este hecho que veíamos lejano, envuelto en sombras de murciélagos y pangolines que le daban a todo un tinte de pesadilla. 

De pronto vimos con nuestros ojos cómo los chinos del barrio habían echado la persiana sin avisar, de la noche a la mañana, mientras nosotros -los occidentales, los listos- mirábamos con desdén eso de estornudar en el codo, que fue el remedio infalible en aquel momento contra el coronavirus. Los chinos encerrados y nosotros cazando moscas.

Hace justo un año fallecía en España la primera víctima de coronavirus y recordarán que la preocupación crecía por momentos, al mismo ritmo que se iban conociendo nuevos casos de esta enfermedad en distinto lugares del mundo, que se iban extendiendo como una mancha de aceite. Las alarmas saltaban en cadena, la inquietud del ciudadano buscaba respuestas certeras a las múltiples dudas que se creaban y sólo encontraba vaguedades por parte del Gobierno central, que titubeó con desacierto en vez de coger con fuerza el timón de un barco que había que liderar, en vez de dejar el mando a las improvisaciones de turno.

Cada uno hizo lo que pudo en aquellos momentos. Unos con más responsabilidad y otros con menos, o con nada. Estábamos en Córdoba en un mes de febrero en el que muchas hermandades tenían sus cultos cuaresmales en esas fechas. La primera medida tan seria como efectiva se aplicó en el interior de los templos, cuando el gesto de darse la paz se sustituyó por un saludo a la japonesa o se implantó la comunión en la mano. 

Mientras unos abrían caminos para los demás, quienes debían hacerlo frivolizaban con ambigüedades y contradicciones que se demostraron a la larga que era una forma de hacer política y no gestión. Efectivamente Vox cometió el error de celebrar un mitin en Vistalegre, porque si se prohibía había que cuestionar el 8M, en el que tantos intereses de todo tipo había. 

Ha pasado un año, sí, y el Gobierno ya tenían informes, alertas y advertencias de solventes organismos europeos y mundiales que avisaban muy seriamente de lo que estaba por llegar y luego llegó. Los cajones, los archivadores y, posiblemente, las trituradoras de papel, comenzaron a deglutir un material esencial para establecer una estrategia que llegó tarde y mal, cuando los hospitales pasaron a ser el alarmante foco de la actualidad.

Hace ahora un año del descubrimiento de que el Gobierno no estaba haciendo las cosas bien. La mejor prueba de ello fue el cerrojazo informativo que se implantó ‘manu militari’ y que aún perdura. Una interminable comparecencia de Pedro Sánchez sin opción a repreguntas no es síntoma de salud democrática, más bien lo contrario.

En este largo año vivido, que es el prólogo de otro muy parecido que está por llegar, hemos visto a políticos que, a la vez, son también líderes y que han demostrar gobernar para todos pidiendo perdón, como una emocionada Angela Merkel, o con gestos de altura hacia la población, como Macron y tantos otros. 

La actuación autonómica ha tenido sus luces y sus sombra, porque han hecho lo que han podido tras comprobar que la cogobernanza no era, ni mucho menos, lo que le habían prometido. Los presidentes regionales, en general, han sabido dar la cara, reconocer errores, como Ximo Puig, o pedir perdón, como Javier Lambán. Aquí no hay ideologías ni siglas sino calidad humana. Los andaluces vemos que es raro el día en el que Juanma Moreno no visita un hospital. A Pedro Sánchez se le ocurrió visitar uno y lo abuchearon de lo lindo. Por algo será.