Aguilar y su alcaldesa


Hace unos meses intentó revivirlo con su folclore habitual un senador independentista de extrema izquierda y se quedó solo

La cruz de Aguilar durante su retirada, en una imagen de archivo./Foto: Diócesis de Córdoba-Margarita Lucena hurtado
La cruz de Aguilar durante su retirada, en una imagen de archivo. /Foto: Diócesis de Córdoba-Margarita Lucena

Lo que ha hecho la alcaldesa de Aguilar de la Frontera, Carmen Flores, no hay por donde cogerlo. Es lo que tiene el sectarismo. Te da el calentón y el caballo se te va de las manos. Ahora galopa desbocado mientras la regidora compite con el mismo Trump para dirimir quién ha generado más crispación. En mi opinión, gana Flores.

El ya expresidente de EEUU, al que no seré yo quien defienda, faltaría más, a diferencia de la alcaldesa de Aguilar, iba de frente, se le veía venir. En sus mítines, comparecencias y a través de las redes sociales exponía su forma de pensar, lo que iba a hacer y después lo hacía. Flores, en cambio, ha ido de tapadillo, de ocultona, de que nadie se entere y a ver si pillo a alguien para cargarle el muerto, que después es muy duro vivir en un pueblo con la gente en contra.

El tema de la Cruz de las Descalzas en Aguilar de la Frontera estaba ya más que superado. Hace unos meses intentó revivirlo con su folclore habitual un senador independentista de extrema izquierda y se quedó solo. Nadie mordió el anzuelo por más que volviera a aventar los fantasmas del franquismo. La respuesta fue la indiferencia y a ella se sumó el diputado socialista Antonio Hurtado, de quien todos sabemos lo que opina de la Iglesia Católica, con que la Cruz está -estaba- despojada desde hacía tiempo de toda connotación política. Ahora, ha vuelto a repetir el argumento cargado de sentido común.

Llevo muchos años yendo a Aguilar. Primero, a ver a Vicente Núñez a El Tuta y compartir momentos únicos de conversación junto a amigos. A él, precisamente, le pregunté una vez por las mejores merengas de café y sin dudarlo contestó con rapidez: “Solano”. Desde entonces vuelvo a Aguilar una y otra vez buscando tanto las albóndigas con mostaza y los crispines de Casa Raimundo como las exquisiteces de Solano.

Muchas veces, al salir de la confitería, mientras hacía crujir en mi boca una de esas yemas caramelizadas que te reconcilian con todo lo demonizado por los dietistas modernos, veía la Cruz en cuestión en uno de los rincones más bellos de Aguilar. Siempre pensé que llevaba allí toda la vida por lo integrada que estaba en su paisaje urbano, junto al convento de las Descalzas.

Con el tiempo, cuando Antonio Banderas afirmó que “en 1985 llevaba Franco más tiempo muerto que ahora”, supe de la verdadera historia de la Cruz de marras y no sólo no me importó lo más mínimo, sino que me sirvió para alabar la grandeza de los vecinos de Aguilar: unos, por no montar el numerito con la retirada de la placa; otros, por respetar la Cruz como símbolo de nuestra cultura. El PSOE, incluso, llegó a hacer una ofrenda en la misma en recuerdo del último alcalde republicano de la localidad. Que aprendan otras.

Y llegó Carmen Flores. Sin temor a echar por tierra su dilatada trayectoria política, que desde ahora queda reducida a esta salvajada que sí va a formar parte de la historia de Aguilar, se decidió a armar el taco. Graba un vídeo, que no hay por donde cogerlo, para derivar responsabilidades, y de ahí ha pasado a pegarle voces a los periodistas que la llaman para conocer su versión. Todo muy ejemplar y democrático.

Ay, Carmen, en qué lío te has metido. Todo esto te pasa por hacerle caso a las comisiones de memoria histórica que no hacen más que enredar. Podrían centrar todos sus esfuerzos en trabajar en la loable búsqueda de todos los cadáveres de la guerra civil que aún quedan por encontrar, incluso aquellos a los que no ampara la legislación vigente, como es el caso de Andreu Nin, el troskista, por ejemplo, que murió despellejado por los de la hoz y el martillo. Cuando les da a estas comisiones por la simbología o el callejero suelen desbarrar, como ha pasado en la capital, donde no han sido capaces de descubrir calles ‘franquistas’ que aún quedan o las que descubren las pierden luego en los tribunales.

Has hecho daño, Carmen, y mucho, a los que conoces de tu pueblo y a muchos más que no sabes quiénes son pero que ya te han calado. Es lo que tiene ser comunista, que desde el derribo del muro veis fantasmas por todos lados y luego arremetéis contra unos y otros, sin criterio. Si la lección de reconciliación que han dado los vecinos de Aguilar en las últimas décadas en torno a esta Cruz te provoca algún tipo de malestar, tienes que hacértelo mirar, porque puedes mandar al vertedero de Moriles un trozo de hormigón pero no lo que significa.