No es el Capitolio pero sí Encinarejo


Martínez Múrez creía ser el libertador de sus vecinos, estuvo nada menos que 20 años en el cargo y ganaba unas elecciones tras otras bajo las siglas del PSOE

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Capitolio de los Estados Unidos. /Foto: LVC

Junto al estremecimiento de ver asaltada una institución democrática, como es el Capitolio de los Estados Unidos, por ese populismo que carece de color político, está la experiencia de haber vivido (mutatis mutandi) un suceso similar en el Ayuntamiento de Córdoba, sí, aquí, en la calle Capitulares, con idénticos ingredientes: gritos, banderas, pancartas, empujones, tocados de cabeza extemporáneos y un líder jaleando a la masa. Lo mismo, vamos.

El paso del tiempo, hace justo 19 años, ha hecho que el recuerdo se desvanezca, que suavice los matices de un suceso que por supuesto que no es comparable a lo ocurrido este miércoles en el Capitolio, donde hubo fallecidos, pero sí es muy parecido en sus líneas generales. Aquel día, en la fría mañana del 20 de diciembre de 2001, cuando todos estábamos pensando en una inminente Navidad que, a diferencia de la de este año, sí se iba a celebrar con todos sus perejiles, la paquidérmica rutina del Ayuntamiento se vio alterada sobremanera.

En aquella época no existían redes sociales, ni la mensajería en los teléfonos móviles era lo mismo que hoy en día, ni mucho menos. Fue el rumor de toda la vida el que trajo la noticia de que se acercaba al Ayuntamiento un numeroso grupo de personas y que no venían dispuestas precisamente a cantar villancico. 

Así fue. El ruido, las voces y los gritos confirmaron su llegada. Al frente del grupo, bandera en ristre, el presidente de la junta vecinal de Encinarejo, Miguel Martínez Múrez, parecía la figura protagonista del cuadro ‘La libertad guiando al pueblo’ de Delacroix. 

Aquella mañana, la alcaldesa, Rosa Aguilar, había firmado un convenio de no sé qué con el consejero de Turismo, José Hurtado, y subdelegado del Gobierno, que era José Antonio Mancheño, un señor; lo propio dentro del pacífico devenir de cualquier administración. Una firma, una foto, un par de frases para la prensa, un saludo y adiós muy buenas.

Pero todo se fue al traste en cuestión de segundos. Tras unos forcejeos lograron los vecinos de Encinarejo llegar a la zona noble del Ayuntamiento. La Policía Local, funcionarios de Alcaldía y algunos concejales fueron víctimas de agresiones, insultos y algún salivazo.

Todo esto venía a cuento porque el inefable Martínez Múrez había dado por su cuenta licencias de obras que la Gerencia de Urbanismo había paralizado, lógicamente, por no tener estas competencias. Este cumplimiento de la ley fue tomado como una agresión a lo más profundo del sentimiento patrio de Encinarejo. “Córdoba roba competencias a Encinarejo”, decía una de las pancartas. ¿Les suena?

Martínez Múrez creía ser el libertador de los vecinos de Encinarejo, estuvo nada menos que 20 años como máximo representante y ganaba unas elecciones tras otras bajo las siglas del PSOE. Luego, cuando se pasó al Partido Andalucista, comenzaron los socialistas a verle unos defectos de los que antes no se percataban. Qué casualidad. El presidente de esta junta vecinal acabó su carrera política con una condena de prisión por falsedad en documento oficial, prevaricación y fraude a la Administración.

Si en el asalto al Capitolio hubo un personaje con pieles de bisonte, en el de Encinarejo hubo varios con cascos de albañil, también al más puro estilo ‘Village People’. Los norteamericanos no han inventado nada. Para ingenio, el nuestro.

La ira de esta horda estaba personalizada en el entonces presidente de la Gerencia de Urbanismo, José Mellado, y contra su partido, el PSOE, la antigua casa de Martínez Múrez. Los socialistas que en aquel momento estaban en Capitulares pusieron pies en polvorosa y dos concejales que no pudieron escapar tuvieron que ser escondidos en la Sala de Comisiones. Vamos, como los congresistas demócratas escapando por el túnel del Capitolio.

Visto lo visto, muchos han recordado el famoso Rodea el Congreso, donde no faltaron las agresiones verbales, o los autocares fletados por el PSOE al Parlamento de Andalucía, que quedan en ridículas prefiguraciones de lo del Capitolio comparadas con lo de Encinarejo. Esto sí fue más parecido, pero en cañí.

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