Un recorte muy poco afinado


Es que no hay manera, así se nos cae el mito. Ahora resulta que la cultura, ese sector tan defendido durante la pandemia, no es portador de los valores que pensábamos

recorte orquesta de córdoba auditorio
Orquesta de Córdoba. /Foto: LVC

¿Cuánto vale el ‘Lacrimosa’ de Mozart? ¿Tiene precio el brillo de los ojos en un niño que escucha por primera vez ‘El vuelo del moscardón’? ¿A cuánto cotizan los recuerdos del matrimonio de ancianos que asiste por enésima vez en su vida a la interpretación de ‘El baile de Luis Alonso’? Pues según el gobierno de la Diputación Provincial, formado por PSOE e IU, todo esto tiene un importe tasado, como el de las naranjas navelinas, el cordero lechal o el trigo duro.

Es que no hay manera, así se nos cae el mito. Ahora resulta que la cultura, ese sector tan defendido durante la pandemia, no es portador de los valores que pensábamos, ni mucho menos. Según quienes mandan en la Diputación la cultura es un bluf, un tinglado de unos cuantos al que hay que retribuir a precio de mercado, como el cambio del aceite en el coche o como la barra de pan en el Roldán.

Resulta que la Diputación le pega un recorte del 60 por ciento a la asignación anual para la Orquesta y la explicación es que no han cubierto las expectativas, como si fuera la empresa constructora que te deja el acerado a medio hacer o que sólo te proporciona gasóleo para el 40 por ciento del depósito de la calefacción. Pero ellos sí saben lo que hay que pagar a la Orquesta, porque no hay quien les tosa, y valoran más un concierto de pasodobles que la fastuosa interpretación de ‘Scheherezade’, eso fijo. 

¿En esa tabla tan rigurosa que ha fijado el trabajo de la Orquesta de Córdoba, en este duro año de pandemia, figuran también los complementos por tocar a 40 grados de temperatura, en plazas de toros, en lugares sin acondicionar acústicamente, o muertos de frío, como el otro día en Peñarroya? ¿Se valoran además los sentimientos despertados en el auditorio? Creo que no, que la dignificación y la trascendencia del trabajo del artista musical aquí no cuenta mucho que digamos.

No es éste el primer palo que se lleva la Orquesta de Córdoba de las instituciones. Ahí queda aquel concierto de apoyo a la misma que se celebró una soleada mañana de domingo en la plaza de las Tendillas. Lo que duele en este caso son varias cosas. Una de ellas, por supuesto, es la alevosía del recorte. Les recortamos más de la mitad de la pasta y si se dan cuenta ya responderemos con lo primero que se nos ocurra.

Luego está el momento. Hacer esto en una pandemia en la que la cultura, en todas sus acepciones, ha sido tan justamente valorada por el impagable servicio prestado a una sociedad confinada carece de explicación alguna. Además, en esta ocasión los músicos de la Orquesta han llevado la voz cantante, se han reinventado e innovado para seguir ofreciendo su arte a todos los cordobeses. Vamos, que no se han quedado de brazos cruzados, ni mucho menos.

Por último -y para mí lo más doloroso-, es el silencio que les envuelve. El injustamente autocalificado como mundo de la cultura lleva un par de semanas silbando y mirando a la vía, como si este recorte no fuera con unos que son como ellos. En estos días nadie ha alzado la voz, ni ha salido ninguna de esas plataformas culturetas que solo aparecen cuando ven peligrar su enganche a la ubre.

Este silencio es denso y pastoso. Marca la frontera entre la cultura de primera y la de segunda categoría. Bienvenido seas si te abres hueco en el pesebre de los nuestros; si no, que te vayan dando, que no voy a perder mi posición de privilegio por criticar la mano que me da de comer. Lo de siempre: unos contra otros. Ay, si el recorte a la Orquesta lo hubiera hecho Díaz Ayuso.

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