El sapo de las Ordenanzas Fiscales


La riqueza y la pobreza son, desgraciadamente, conceptos relativos que cobran sentido cuando se comparan con algo

pleno colegios ordenanzas
Pleno del Ayuntamiento. /Foto: LVC

Ya hay fecha: el próximo jueves habrá un Pleno extraordinario para la aprobación inicial de las Ordenanzas Fiscales de 2021. Este acto se repite cíclicamente todos los años, aproximadamente por estos días, y siempre pasa desapercibido en proporción a la importancia que tiene la regulación de buena parte de los ingresos municipales.

Las Ordenanzas Fiscales y los Presupuestos son política en estado puro. Los debates que hay en Capitulares sobre cualquier otra cuestión pasan casi a la irrelevancia cuando de ingresos y de gasto se trata, porque ésta es la manera única y cierta de hacer ciudad, de materializar proyectos, de mejorar la vida de los cordobeses. Lo demás queda a distancia.

En estos últimos días se ha visto en el Ayuntamiento cómo cada grupo municipal busca posiciones ante una cuestión en la que -como en todo- las posiciones son inamovibles y están fijadas de antemano, por lo que los debates no buscan más que justificaciones improductivas y ganarse, si es posible, un hueco en los medios de comunicación.

El punto de partida de las Ordenanzas de este año era la “subida cero” que anunció a mediados de agosto el teniente de alcalde de Hacienda, Salvador Fuentes. Lo ocurrido a lo largo de 2020, y lo que está por venir, es de tal excepcionalidad que, en su opinión, no era aconsejable tocar lo que estaba en vigor; vamos, que iba a ser una prórroga de lo que ya hay.

Con lo que parecía no contar Salvador Fuentes era con los compromisos adquiridos el pasado año con Vox, la formación con la que hay que contar siempre, se quiera o no. Su portavoz, Paula Badanelli, señalaba el martes que ellos no olvidaban que el PP dio su palabra de que este año había que seguir bajando los tributos municipales si querían contar con su voto y recordaba que había que reducir aún más los impuestos de Plusvalías, de Vehículos y el IBI de Rústica. 

Como un resorte, y antes de que les diera tiempo a los medios a publicar la noticia de lo de Vox, salía Fuentes y el alcalde, José María Bellido, para decir que sí, que ellos apoyaban la bajada de esos tres conceptos, no fuera a ser que el expediente fuese devuelto a los corrales.

Ciudadanos está de perfil en todo este asunto. IU y Podemos procuran no hacer excesivo ruido sobre las ordenanzas no vaya a ser que les toque, otra vez, cabalgar una contradicción como un piano de cola. Los del PSOE, en cambio, creen que en esta cuestión han mordido en blando y están como locos aireando el casposo discurso de ricos y pobres, que cualquiera con dos dedos de frente no se cree a estas alturas de la película.

Esta semana salía a la palestra la portavoz, Isabel Ambrosio, para defender su subida de impuestos, eufemísticamente calificada de “progresiva”. Dijo que se abstendrían si no se tenían en cuenta las bajadas que quiere Vox. Ayer regresaron a la carga a través de un comunicado para decir que el gobierno municipal no ha respondido a su propuesta y volvían a airear la dicotomía de ricos y pobres, como si hubiese una línea que separara a unos y a otros.

La riqueza y la pobreza son, desgraciadamente, conceptos relativos que cobran sentido cuando se comparan con algo. Tiene su lógica que Ambrosio piense que las fortunas se acumulan en la derecha, del mismo modo que es legítimo que un votante de derechas vea que en la bancada socialista del Ayuntamiento se sientan personas con más ingresos y propiedades que ellos mismos. Claro, yo soy rico frente a los que tienen menos, pero soy un pobre si me comparo con los que ganan y tienen más que yo. Así de simple.

Si descendemos a lo concreto, que es lo que entiende todo el mundo, cuesta mucho trabajo, pero mucho, entender que el PSOE en Córdoba defienda, al menos de palabra, a “los que menos tienen”, cuando esas mismas siglas desde Madrid les hacen pagar más por un Fanta de naranja -sin hablar de lo que supone de ataque a las libertades- o les mantienen un sangrante 21 por ciento de IVA a las mascarillas que hay que llevar y renovar con frecuencia. Vamos, que quieren que las mascarillas sean un lujo para pobres.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here