Los 90 años de Antonio Gala


Los aniversarios son momentos para la recapitulación, para el balance de una extensa producción literaria como pocos autores han tenido en España

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Antonio Gala. /Foto: LVC

Toda una vida disimulando la edad y ahora, de golpe y porrazo, sabemos que Antonio Gala cumple 90 años. No hay duda, no es un rumor, ni él mismo puede discutirlo: si la fundación que lleva su nombre le organiza un homenaje por este motivo es porque de verdad ha llegado ya a los 90. 

Los aniversarios son momentos para la recapitulación, para el balance de una extensa producción literaria como pocos autores han tenido en España. La potencia intelectual de Antonio Gala le ha llevado a dominar todos los géneros habidos y por haber, a los que no teme y a los que ha dominado con éxito.

Las generaciones más jóvenes tienen una imagen de Gala bastante distinta de quienes también acumulan varias decenas de calendarios en su haber. La juventud lo conoce como el inspirador de una fundación para jóvenes en la que poetas, músicos, pintores y creadores de las más diversas disciplinas se forman imbuidos de un espíritu monacal que propicia la apertura a la formación más allá de la disciplina académica. Para ellos también es el poeta y el novelista, porque rara es la biblioteca que no tiene sus obras.

Pero Antonio Gala es mucho, mucho más. Hubo un tiempo en el que podías ver en el escaparte de la Librería Luque hasta tres libros recién salidos que llevaban su firma y en el Gran Teatro estaba Concha Velasco o Mari Carrillo con algunas de sus obras. Además, tras leerlo en un periódico, por la tarde podías ver en el televisor una serie con guión de Gala -cuando la calidad del producto televisivo era la norma y no la excepción- o después una entrevista con Mercedes Milá que desde el primer momento era un auténtico duelo de ingenio como pocas veces se ha dado en la televisión.

Antonio Gala lo era todo. Las colas de firmas que tenía en las ferias del libro eran imbatibles y mirar la lista de los más leídos era encontrar su nombre una y otra vez. Lo mismo encabezaba una manifestación contra la OTAN que un Ayuntamiento predemocrático le daba la Medalla de Oro de Córdoba. Era capaz de señalar con su dedo todo aquello que no le gustaba a la vez que hacía vibrar hasta el rugido unánime la capilla de Villaviciosa de la Mezquita-Catedral en la inauguración del Congreso de Cultura Andaluza. Lo mismo generaba una polémica con una frase chispeante que llenaba los pasillos de la Facultad de Medicina con gente sentada en el suelo para escuchar su discurso cuando lo invistieron como doctor Honoris Causa por la Universidad de Córdoba. 

Estos 90 años de Antonio Gala piden HBO, mejor que Netflix. Desde su infancia en la casa de la calle Claudio Marcelo, las difíciles relaciones del adolescente con su padre, el paso fugaz por la Cartuja de Jerez, sus graves problemas de salud siempre superados, y tantos y tantos episodios que dejarían a todas las temporadas de ‘The Crown’ a la altura de un flojo culebrón almibarado e insustancial.

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