La hora de la verdad


En estos meses de tregua, en los que la crisis crecía y crecía, se repetía con frecuencia que eso no era nada con lo que estaba por llegar cuando pasase el verano

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Joven de espaldas. /Foto: LVC

Una vez pase el día de la Virgen de la Fuensanta, patrona de la ciudad, en Córdoba se dan por oficialmente terminadas las vacaciones. Los apartamentos de Fuengirola quedarán a la espera de algún fin de semana o del Puente del Pilar, y los propietarios de parcelas no volverán a coincidir con sus cuñados hasta la cena de Nochebuena.

Este año, además, la finalización del periodo vacacional es también la terminación de la tregua de los últimos meses, que ha diferido las consecuencias de la pandemia sanitaria, social y económica del coronavirus. Desde mayo, por lo menos, todos somos testigos de las heridas de todo tipo que está dejando el covid-19. Nadie nos tiene que contar cómo está siendo esta crisis, que es la más dura que se recuerda. Somos testigos en primera línea de muertes, afectados, secuelas, despedidos, negocios cerrados y ruinas; por esto, no surten efecto los relatos oficiales que, como en tantas otras cosas, quieren imponer un verdad oficial, almibarada y amable, que niega la realidad que todos tenemos al alcance de la mano. “Hemos vencido la pandemia”, puede ser el ejemplo más doloroso y el que más graves consecuencias ha traído con posterioridad.

En estos meses de tregua, en los que la crisis crecía y crecía, se repetía con frecuencia que eso no era nada con lo que estaba por llegar cuando pasase el verano. El verano ya ha pasado y será cuestión de días comenzar a ver las consecuencias. Ahora, comprobaremos que la persiana del negocio que pensábamos que estaba de vacaciones no se vuelve a levantar. Y se sumará a esa larga lista de locales en alquiler o en venta que, como hongos en temporada, crecen por nuestras calles.

Es más que necesario que los ERTE se prolonguen, pero con un conocimiento real de los sectores a los que afecta la crisis, porque no todo se reduce al turismo o a la hostelería, que son los más nombrados. Las tragedias que está dejando esta crisis tienen nombres y apellidos que no son ajenos a cada uno de nosotros. Tras ellos hay historias, razones y lamentos. No hay que hacer un esfuerzo para comprobar que hay muchas personas que se están quedando atrás, a las que no llegan las ayudas que anuncian las administraciones poco menos que con fuegos artificiales. Ya vimos cómo estar sólo unos días sin cobrar generó las denominadas colas del hambre ante las puertas de Cáritas y de las parroquias.

El verano ha terminado y la hora de la verdad ya está aquí. Ahora estamos en la disputa sin fin de la vuelta a clase, que no es poca cosa, y que no tiene pinta de apaciguarse sino de durar bastante. Mientras, los rebrotes tienen pinta de seguir creciendo, a la vez que ese otoño tan apocalíptico que han pronosticado los expertos va a asomar su garra en pocos días. ¿Nos pillará preparados? ¿Cuáles serán sus consecuencias? ¿Hasta cuándo durará? Son preguntas que nos haremos después de creernos que “habíamos vencido la pandemia”.

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