Campanas

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El Ayuntamiento de Lucena se ha visto obligado a solemnizar lo obvio con una respuesta que es toda una correcta definición de lo que en sí es un verdadero patrimonio inmaterial

Campana de un convento campanas
Campana de un convento. /Foto: LVC

El Ayuntamiento de Lucena ha resuelto esta semana con todo el sentido común del mundo la consulta de unos vecinos sobre si el sonido de las campanas vulneraba la normativa sobre contaminación acústica. El asunto no es nuevo y de forma cíclica surgen estas noticias que no esconden otra cosa que el intento de silenciar los templos católicos con unas argucias periféricas que coinciden, cómo no, en el revenido denominador común del anticlericalismo.

De vez en cuando y de forma espontánea aparecen plataformas y pliegos de firmas que logran un minuto de gloria que, logrado el objetivo, se desinfla con rapidez. Buscan la proyección mediática para proyectar la imagen de que los campanarios son poco menos que refinados elementos de tortura. Todo ello lo explican con una mirada cándida, con un tono de voz suavón y con palabras muy medidas porque “esto no va contra nadie”, que es la frase que hay que traducir como que sí va contra algo o contra alguien.

Si te mudas a un piso con las ventanas a poniente, no puedes ahora recoger firmas para que en estas tardes tan abrasadoras como inhumanas de la canícula caiga el sol por otra parte. Antes de irte a vivir a las inmediaciones de la parroquia de San Mateo en Lucena ya debes saber que las campanas van a sonar unas cuantas veces al día. Otra cosa es que las hagan sonar a deshoras o por un periodo de tiempo demasiado largo, que no es el caso.

Como decía, estas situaciones se repiten de forma cíclica y en Córdoba ya vivimos hace unos años cómo un grupito de vecinos de la Judería se quejó del campanario de la Mezquita-Catedral. También hubo una queja cuando la Diputación Provincial recuperó el uso de sus campanas. En ambos casos, más allá de la reacción oficial, lo más valioso fue el desdén con el que el resto de vecinos -tan afectados como ellos- acogieron la supuesta queja. Lo dicho: su efímero minuto de gloria y nada más.

El Ayuntamiento de Lucena se ha visto obligado a solemnizar lo obvio con una respuesta que es toda una correcta definición de lo que en sí es un verdadero patrimonio inmaterial: “El uso de las campanas de los templos no sólo está permitido sino que además constituye una realidad cultural y consuetudinaria en la ciudad de Lucena, y el toque de las mismas es para los actos religiosos, e incluso con carácter extraordinario, para determinadas actividades o, llegado el caso, para el anuncio de situaciones de emergencia”. Así de claro.

Campanas mozárabes

En Córdoba tenemos la suerte de conservar en perfecto estado la campana más antigua de España. Es la del abad Sansón, data del siglo X, procede del desaparecido monasterio mozárabe de San Sebastián, situado entre Trassierra y Espiel, y conservada hasta nuestros días gracias a los monjes jerónimos de Valparaiso. Hoy está en el Museo Arqueológico y es una muestra de que el sonido de las campanas no tiene nada que ver con Franco ni con el nacionalcatolicismo. Que quede claro.

En Córdoba suena el campanario de la Mezquita-Catedral, el carillón de San Pablo, las campanas de los templo y las esquilas de los conventos. Sus sonidos, además de bellos, son insustituibles y entusiasman a quienes tienen la desgracias de venir desde países donde no las hay. Pero aquí, tengan ustedes por seguro, que no volverá a tardar quien de nuevo intente levantar una supuesta polémica por el sonido de las campanas que sólo encontrará eco en La Sexta y medios satélites.

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