Árboles y sombras

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Jardines de Miraflores. /Foto: LVC

Cuando cualquiera de nosotros llega por primera vez a la estación de Atocha en plan Paco Martínez Soria, con la maleta atada con una cuerda y deslumbrado por la magnitudes de la gran ciudad, es lógico el asombro por la elegancia de muchos de sus edificios, por la densidad del tráfico y sobre todo, por la belleza de esas hileras de plataneros que delimitan los carriles del tráfico y que llegan hasta la glorieta de Neptuno. Crean estos árboles una densa bóveda de sombra que es la envidia pura para todos los que desde lo más caluroso del sur llegamos a la capital de España.

Los andaluces, sobre todo los del interior, queremos tener en nuestras ciudades unas sombras como las que hay en Madrid, tanto en el Paseo del Prado como en muchas de sus calles. Pero a nuestro regreso impactamos de morros con árboles raquíticos, enfermos y alcorques vacíos que hacen al sol derramarse directamente sobre el asfalto y el granito, dos materiales insaciables a la hora de acumular calor para desesperación de quienes tienen que pisar por ahí.

Reconozcamos que Córdoba nunca ha tenido suerte con su arboleda. Esta queja se ha repetido de generación en generación con gobiernos municipales de todos los colores políticos, del mismo modo que cualquier concejal que llega por primera vez a Capitulares cree tener la solución a este problema. Craso error. Los de Podemos han cumplido este jueves con el rito de iniciación política de presentar en el Pleno una moción en defensa de los arboles de Córdoba. Por ahí pasan todos, sin excepción. Los de izquierdas y los derechas son defensores del árbol y de la sombra porque el calor de estos días no distingue ideologías. Otra cosa es lo que finalmente se hace.

Talas y podas de árboles

Lo que se escuchó el pasado jueves en el Pleno fue exactamente lo mismo que se viene diciendo sobre el tema desde hace décadas. Nada nuevo. Las talas incontroladas, las podas fuera de tiempo, las especies enfermas, los tocones abandonados, los alcorques vacíos. Lo de siempre. 

A estas alturas del artículo es lógico que usted haya caído en que ahora hay más árboles que hace unas décadas. Es cierto. No hay, por ejemplo, más que ir al Vial Norte y ver la altura de las especies en los terrenos por donde hace sólo 25 años pasaba el tren. Y así por algunos sitios más, pero queremos más sombra.

Se podrían aportar soluciones, como que las plantaciones se hagan con ejemplares de rápido crecimiento o de porte más talludito, que se sea riguroso en los riegos para no dejarlos secar de forma dolorosa, entre otras muchas medidas entre las que no deben faltar las grandes dosis de civismo. Aquí, en Córdoba, sabemos de lo que hablamos, y cualquiera de nosotros puede hacer en la ONU una defensa del árbol más convincente que una lloriqueante Greta Thumberg.

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