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Los Reyes pueden presumir de contar con una colección de encuentros, visitas, llamadas y vídeoconferencias que nadie más tiene en España, absolutamente nadie

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Visita Real a San Basilio. /Foto: LVC

Muchos, con toda lógica, se habrán preguntado que a qué vinieron los Reyes el pasado lunes. Llegaron en AVE, bajaron del coche en la Puerta de Sevilla, anduvieron un centenar de metros, visitaron dos patios y en menos de una hora estaban de nuevo en el coche camino, dicen, del aeropuerto. Así de rápido, así de escueto, así de simple. 

Venían de Sevilla y ya habían estado en Mallorca y en las Canarias. El viernes recorrieron la interminable playa valenciana de la Malvarrosa. Aunque cambie el escenario, el mecanismo es el mismo: estar, sonreír, saludar. Además, alguna breve conversación, alguna anécdota, pero poco más.

¿Qué se pretende con todo esto? Aparte de salir de la invisibilización que pretende el Gobierno central, la Corona, como institución, ha hecho durante la pandemia, y después de ella, lo que se le echa en falta a otros: cercanía. Los Reyes no tienen nada que temer y saben que, como mucho, se enfrentarán a cuatro que aparezcan con unas banderitas tricolores reivindicando un referendum sólo para la Monarquía, pero no para otros asuntos. Eso fue lo que ocurrió aquí, en San Basilio, y quedó de lo más folclórico y cañí. También tienen claro que no se van a encontrar a hordas vociferantes, salvo en aquellos lugares donde estarían alentadas, y financiadas, por los extremistas más radicales. Nada espontáneo, pues.

Una vez pasado el estado de alarma, los Reyes pueden presumir de contar con una colección de reuniones, encuentros, visitas, llamadas y vídeoconferencias que nadie más tiene en España, absolutamente nadie. No ha sido una labor agradable, como cualquiera sensato puede suponer, pero mientras otros han estado escondidos durante este centenar de días, ellos han tenido clara lo que es la vocación de servicio y en qué lugar tenían que estar. 

Por esto, sabían que tenían que recorrer una playa valenciana o un barrio sevillano. Y en cualquiera de estos sitios sonreír, saludar, estar. Es raro que a estas alturas del artículo no haya saltado alguien preguntando si esto sirve de algo. Claro que tiene utilidad. Y mucha.

El dueño del chiringuito playero que tuvo que cerrar días antes de iniciar una temporada en la que tenía puestas todas sus esperanzas, que sus trabajadores están en un ERTE del que sabe Dios cuándo y cómo se saldrá, y que lo poco que ha conseguido del Gobierno de la nación es un aplazamiento en el pago de impuestos -que al final habrá que pagar- y unos créditos ICO -que al final habrá que devolver- es normal que se sienta abandonado por unos gobernantes que lo han dejado atrás. Que don Felipe y doña Letizia hayan pasado por delante de sus negocios no les va a solucionar de golpe todos estos problemas, pero sí va a lograr que esa imagen promocional sirva para el regreso de los clientes, que es la única vía para poder levantar cabeza y remontar el vuelo, dejando atrás estos meses como la peor de las pesadillas.

El caso de Córdoba es similar. El estado de alarma decretado por el Gobierno se cargó la Semana Santa, la Cata, las Cruces, los Patios, la Feria de la Salud y todo lo demás hasta no se sabe cuándo. La Fiesta de los Patios, con todos los reconocimientos internacionales que usted ya se sabe de memoria, es la mejor promoción que en estas circunstancias se puede hacer. 

Los Reyes estuvieron en los patios de San Basilio 40 y 44, conocieron a los artesanos, a la Asociación de Amigos de los Patios, a las cuidadoras y escucharon ‘El Vito’. Todo muy bonito y entrañable, pero nada de ello era el objetivo de su viaje en una de las tardes más calorosas en lo que llevamos de año. El momento culminante de su visita fue el instante en el que posaron en la escalera del patio más fotografiado de Córdoba. Las cámaras dispararon y el objetivo ya estaba logrado. A los pocos instantes, las redes y los medios de comunicación se inundaron de fotos, pero sobre todas ellas destacó la de los Reyes en San Basilio 44, que traspasó las fronteras locales e, incluso, nacionales, como el mejor reclamo para visitar Córdoba. Objetivo cumplido.

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