Los cambios que no esperábamos


Si nos miramos en el espejo, no nos reconocemos. Dos meses de encierro y somos otros muy distintos

confinamiento Ribera
Paseo de la Ribera. /Foto: JC

La pandemia y el confinamiento por el coronavirus han cambiado nuestras vidas. En estas semanas todos hemos descubierto que la terraza sirve para algo más que para guardar la bombona de butano y la bicicleta del niño, que el papel higiénico eleva el nivel de vida y que después de tantos años casi nadie sabía cómo había que lavarse las manos. En estos días sabemos con precisión el número de baldosas que hay en el pasillo, que una cerveza sabe mejor en la calle y que pasear al perro no es una tortura sino un placer.

Claro que la vida ha cambiado. Desgraciadamente para muchos ha cambiado para mal, con muertes o con periodos terribles de familiares ingresados en unos hospitales a los que uno no podía ni acercarse. Crece día a día también el número de personas que el 13 de marzo dejaron un trabajo al que no van a volver, sin saber qué va a ser de ellos el mes que viene.

Los cambios son numerosos y ahora vemos el Vial Norte de otra manera, como el espacio de libertad de cada tarde desde el que apreciamos la belleza del atardecer que antes ignorábamos inmersos en un ritmo de vida que ya vemos tan lejano como irrecuperable. Los cambios se suman a la nostalgia de tanta persiana cerrada como hay en las calles, tantas como dudas de cuántas volverán a levantarse en un futuro incierto.

Los cambios también anidan en nuestro paladar, del que dicen que es el tiene la mejor memoria de todos nosotros. A cada momento nos martillea con el recuerdo de sabores inalcanzables desde hace dos meses, algo que nunca pensamos que nos fuera a ocurrir.

Nadie ha sido consciente hasta ahora de ser testigo del envejecimiento de las zapatillas de estar en casa. Hasta ahora era un elemento que se compraba en Toril sin saber a ciencia cierta si la próxima adquisición iba a ser dentro de cinco o de diez años. Mucho tiempo. Ahora, en cambio, por la paliza que le damos, vemos su deterioro a diario, en un proceso digno de haber sido llevado al cine por Eric Rohmer.

Si nos miramos en el espejo, no nos reconocemos. Dos meses de encierro y somos otros muy distintos. Qué lejana queda una Semana Santa que nunca fue, unas Cruces de Mayo que nunca llegaron y una Feria de la Salud sin cansancio y sin polvo en los zapatos. Tampoco nos reconocemos en que en estas alturas del año no hayamos planeado nada, absolutamente nada, para este verano.

Todo está pendiente de lo que vaya decidiendo el Gobierno. Por si le sirve de algo, no decida su futuro con lo primero que oiga al ministro o al presidente de turno. Dele algo de tiempo, actualice varias veces el diario de su preferencia dándole al F5, porque habrá una corrección tras otra, lo que hace que nuestro futuro dé tumbos a golpe de improvisación frente a la cruel pandemia. Otro cambio que nadie esperaba.

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