El laboratorio social


No hay nada como engolar la voz para soltar un término de al menos cinco sílabas y esdrújulo a ser posible

Primera salida de niños en el confinamiento coronavirus
Primera salida de niños en el confinamiento, en una imagen de archivo. /Foto: LVC

A lo largo de este confinamiento todos hemos tenido experiencias inéditas hasta ahora. Llevamos mes y medio viviendo una situación que nadie había descrito hasta ahora y que -hay que reconocerlo- no se ha convertido en una pesadilla gracias a un wifi que ha permitido mantener la actividad laboral y, cómo no, de ocio y comunicación.

Este estado de alarma por la pandemia del coronavirus se ha dejado caer como una sacudida de la que aún no sabemos cómo vamos a salir, ni las consecuencias que vamos a arrastrar durante largos años. El 15 de marzo ha quedado marcado en la historia de España como un punto de inflexión a partir del cual nada volverá a ser igual. Es uno de esos hitos que el día de mañana se contarán de padres a hijos, de abuelos a nietos, como el momento en el que todo se paró para cambiar.

El cambio que se nos avecina, y que aún no sabemos cómo va a ser, tiene que llegar, obviamente, y a partir de ahí hay que reconocerlo y nombrarlo. Ponerle nombre a lo que se desconoce es algo tan atrevido como perverso. La denominada “nueva realidad” hiere no sólo los oídos sino el sentido común. Aparte de tener un tufo totalitario, la expresión recuerda las peores pesadillas de la obra de Orwell, y parece que es el paso previo a la uniformidad. Lo peor no es que se haya inventado el término en altas esferas internacionales, sino que el Gobierno de la nación y buena parte de la ciudad lo han aceptado lanarmente en plan “hay que ver qué guay soy con estos palabros que suelto”.

Pero a lo de “nueva realidad” se le puede sumar lo de “desescalada” o “confinamiento”, términos sobre los que la Real Academia Española ha alertado sobre lo incorrecto de su uso. No hay nada como engolar la voz para soltar un término de al menos cinco sílabas, y esdrújulo a ser posible, para gozar de la admiración de quienes nunca se cuestionan nada y se tragan todo lo que les echen. 

Esta masa acrítica es lo peor que puede suceder en los tiempos que vienen. Si tragan con “nueva realidad”, con “desescalada” y con “confinamiento”, que Dios nos pille confesados porque no va a ser nada con lo que puede llegar después. Esto indica que la sociedad ya no la deciden los ciudadanos libremente, sino que se diseña en despachos que son laboratorios sociales, donde comprueban que si nos tragamos lo de “nueva realidad” pueden pergeñar otra más gorda para que la engullamos sin rechistar”. 

Ayer se recuperó algo de la libertad perdida el pasado 15 de marzo con lo de volver a salir a la calle por horas y por grupos de población. Después nos dejarán reunirnos de diez en diez, pero sin arrimarnos muchos y luego vendrá otro pequeño paso en búsqueda de esa libertad perdida que no tenemos que aparovechar que nadie la cambie con la excusa del coronavirus.