Más lecturas y menos hogueras

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No es la caverna la que atiza más duro a los culpables de mudar el lienzo, sino que son personas afines ideológicamente a ambos grupos

Cuadro de los Comendadores en el salón de Plenos. diputación alba doblas
Cuadro de los Comendadores en el salón de Plenos. /Foto: LVC

Tenía previsto escribir este domingo sobre el caso Imdeco, que a lo largo de esta semana ha continuado cebándose de motivos para no desaparecer de la actualidad. También quedaría bonito, en este primer domingo de Cuaresma, hablar del cofrade de hoy día, que no acude a la Fiesta de Regla de su hermandad, pero sí al retranqueo. Hablar del coronavirus o de las mascarillas hubiera sido también un recurso de cierto brillo aunque es algo que ya cansa, pero no, tampoco puede ser porque entre lo ocurrido en los últimos días destaca por méritos propios la curiosa historia del cuadro volandero de la Diputación Provincial, que un día está en un sitio y al día siguiente está en otro, ya que, al estar inventariado, no lo pueden mandar a la hoguera.

Claro que la Diputación puede colocar sus cuadros donde le plazca, esto es lo de menos; vamos, que no tiene importancia alguna, por lo que derivar el debate hacia estos terrenos tiene, como ya se ha visto, el fracaso asegurado. La médula de la cuestión está en todo el embrollo que han liado después, intentando justificar lo injustificable, por lo que el ridículo ya no tenía marcha atrás. El asunto, por hacer algo de historia, lo desvela el portavoz de Ciudadanos en la institución, Miguel Castellano, quien se da cuenta de que el cuadro basado en la falsa leyenda de la torre de la Malmuerta había desaparecido del salón de Plenos y trasladado a la conocida como escalera blanca (cuidado, que las escaleras de la Diputación tienen una pendiente que da miedo bajarlas).

Hasta ahí todo normal. Pero Castellano indaga y se sorprende con que le argumentan que la mudanza se debe a la petición de la delegada de Igualdad, que no es otra que Alba Doblas, de IU, ya conocida por el respetable. Pero el grupo socialista se apresta enseguida a liar más el asunto argumentando que el salón de Plenos “no era el lugar más adecuado” para un lienzo considerado -agárrense- machista y violento, que llevaba en ese lugar unos cuantos años y que no había llamado hasta entonces la atención de ningún ofendidito.

Podríamos añadir los titubeos tanto del PSOE como de IU -“No entro en debates estériles”, se pudo leer esta semana a Doblas en El Día de Córdoba. Sin comentarios-, pero lo mejor de todo estaba por llegar y no era otra cosa que la consulta popular que supone el rastreo de un tema en las redes sociales. Para sorpresa mía no es la caverna la que atiza más duro a estos dos grupos políticos y a los culpables de mudar el lienzo, sino que son personas afines ideológicamente a ambos grupos las que se llevan las manos a la cabeza con gruesas palabras por algo que, si no nos lo tomamos a coña, supone la implantación, en versión contra el arte, de la inquisición luterana, que fue la más sangrienta de Europa.

Castellano habla de “actitud inquisidora”, pero prefiero quedarme con otra apreciación suya, la de “pobreza intelectual”, por parecerme más acertada. Está bien que la Diputación editara un libro sobre la leyenda de los Comendadores y que el cuadro de marras, de José María Rodríguez de Losada, figurara con todo honor en la portada de la publicación que más y mejor aborda este hecho histórico, que llamó la atención de Lope de Vega, sobre el que escribió el más importante de sus dramas, pero hay que temer lo que está por venir.

Si nos tomamos en serio tanto los argumentos de Alba Doblas como de los socialistas en la Diputación, es para echarse a temblar. Si cualquiera con la piel muy fina y muy pocas lecturas se siente ofendido ante este cuadro, le pediría, por favor, que no se le ocurra entrar en el Museo de Julio Romero de Torres, donde las pasiones humanas están a la orden del día. Del Museo del Prado ni hablamos.

Saldría más cómodo, rápido y barato que a estas personas que se escandalizan por cualquier cosa les diera por abrir libros de vez en cuando, que no muerden, y son una experiencia placentera, porque ahí encontrarán la explicación no sólo a la historia de los comendadores sino también a la carga de los mamelucos, que ésa sí que fue violenta, oiga usted.

Como supongo que más de uno estará relamiéndose para sacar a relucir el tema de ‘Maculadas sin remedio’ me pongo el parche antes de que salga el grano. Pues no, el cuadro de la Malmuerta no va contra ningún sentimiento. ¿o es que vamos a prohibir el ‘Otello’ de Shakespeare, que para más inri tenía el subtítulo de ‘El moro de Venecia’?

 

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