El Casco Histórico


Raro es el día en que el Casco Histórico no es noticia por una razón o por otra. El corazón de la ciudad es objeto de atención por todos y todo el mundo habla del mismo. Es noticia, sí, porque sin quererlo se ha convertido también en un sector económico en sí tras el progresivo desmantelamiento del tejido industrial de la capital al ser una alternativa en la desarrollar iniciativas con el atractivo de contar con el aval de la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. También ocupa con pleno derecho las primeras líneas de la actualidad por su patrimonio, sus recursos y por mil motivos más.

Con la Mezquita Catedral como epicentro, el Casco Histórico se despliega en áreas concéntricas, como si fuera un abanico, hasta llegar al Campo de la Merced o el Alpargate, guardando en su interior las iglesias fernandinas, rincones insuperables, monumentos de todo tipo y puntos que, por desconocidos, quedan para el disfrute casi exclusivo de los cordobeses. Todo esto hace que en esta extensa zona de Córdoba -dicen que es el Casco Histórico más grande de Europa- se programen, además, actividades de todo tipo, ya que, como diría un cursi, es “un marco insuperable”.

Lógicamente, esta proliferación de actos requiere ser ordenada con lógica y sentido común. La turismofobia, que fue desmontada inesperadamente por el informe que encargó Pedro García para combatir la denominada gentrificación, ha arrastrado otras fobias que en los últimos cuatro años se ha intentado combatir, sin mucho éxito que digamos. Con una visión claramente política -con todo lo que esto conlleva- recordarán que a finales del mandato anterior se creó una comisión para ordenar estos usos y -¡oh, sorpresa!- sólo se proponían medidas contra aquellos organizados por las cofradías, como procesiones, ensayos y cruces de mayo. Misión cumplida. Los organizadores de este tinglado se felicitaron efusivamente entre ellos por haber logrado su objetivo, pero de nada les ha servido, porque el Ayuntamiento no tuvo tiempo de llevarlo a la práctica.

Estos mismos, cuando cambió el gobierno municipal, no tardaron en salir a la palestra para pedir que el nuevo alcalde respetase sus conclusiones. Pero si se revisa el documento con un mínimo detenimiento se observa de forma nítida la persecución hacia la gente que compone el mundo cofrade cordobés. Sí, además, se repasa el trabajo realizado por la comisión, que está minuciosamente recogido en las actas, se observa la obsesión por todo lo que sea cofrade y, por otra parte, no se encuentra ni una sola línea en la que se aborden, aunque sea de manera somera, otras actividades que también se desarrollan en el Casco Histórico y que también pudieran ser molestas a los vecinos, como es el caso.

Estas carencias son las deslegitiman el trabajo realizado por esta comisión, al no afrontar los problemas que en la vía pública y a los vecinos generan la Fiesta de los Patios, el Carnaval, las pruebas deportivas o las manifestaciones, por poner sólo unos ejemplos. Por este motivo, el actual gobierno municipal ha decidido hacer borrón y cuenta nueva y crear una nueva mesa para la elaboración de un plan de usos que será remitido a la Unesco.

Esta medida es un reto para el gobierno municipal, porque cada paso que dé esta mesa va a contar con el rechazo de una minoría que se erige en la representación de todos los vecinos del Casco Histórico, cuando no se ha sondeado, ni por asomo, cuál es la verdadera opinión sobre este colectivo. 

Claro que toda actividad que se realice en esta zona de la ciudad requiere de una planificación para minimizar el impacto, pero tampoco se puede prohibir, congelar, reducir lo que actualmente se hace en base a unos criterios más que cuestionables. La materia en cuestión es tan sensible porque, de una manera o de otra, afecta a buena parte de la población que no quiere que su barrio o su calle queden muertos, sin vida, abocados a su desaparición.

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