Un baño de realidad para los partidos políticos


Una de las normas fundamentales de todo buen periodismo es que no hay que usar las generalizaciones. Desgraciadamente, en esta era del periodismo digital, un like no tiene precio y se busca por encima de todo, caiga quien caiga. Por esto, la objetividad del dato queda muchas veces arrinconada por una percepción subjetiva, sin valor informativo alguno, por un adjetivo grandilocuente que queda muy bien en el titular, aunque luego no se sustente en el texto, pero que va a ser la leche por la de visitantes que tendrá, que es lo que a fin de cuentas interesa.

La generalización frente al rigor; la teoría frente a la practica. En política sucede algo parecido cuando los dirigentes provinciales, regionales o nacionales pontifican desde los púlpitos de sus respectivas ejecutivas en la creencia de que todos los escalones inferiores se cuadrarán, chocarán el tacón derecho con el izquierdo y subirán la mano hasta tocar la sien con el dedo corazón a la voz unánime y disciplinada de “sí, bwuana“.

Lo ocurrido en los últimos días, con el magnífico fin de fiesta de ayer con los plenos de investidura, dejó al descubierto las vergüenzas de los partidos políticos que generalizan sin pudor y sin tener en cuenta que si cada capital es un mundo, cada pueblo es un sistema solar. Los ejemplos en la provincia de Córdoba, que no son muchos pero sí son significativos, dejan bien claro que para teorizar y generalizar con eficiencia no sólo hay que conocer bien el terreno, sino cada uno de sus actores con nombre y apellidos en varias generaciones.

La razón está en que en los pueblos de poco valen las marcas, las siglas, los programas electorales. Cada uno vota a la persona, por encima de marcas, de siglas, de programas electorales. Por ejemplo, un votante de Fernando Priego en Cabra podría votar sin problema a Esteban Morales en Puente Genil, ya que, en puridad, no hay tanta diferencia entre ambos. Del mismo modo, una persona del centro derecha tendría menos remordimientos por votar a Rafael Llamas si viviera en Montilla que los que tendría alguien de centro izquierda votando a Isabel Ambrosio en la capital.

La política municipal, siempre se ha dicho, es la política del cara a cara, con nombres y apellidos. Por esta razón, hay pueblos en los que es infructuoso intentar imponer unas directrices desde arriba porque luego pasa lo que pasa. Truenos, amenazas de expedientes, telefonazos a deshoras, terremotos, presiones inasumibles y, como resultado, un concejal decisivo que pasa a ser no adscrito y, presumiblemente, será el germen de un partido independiente.

Esta política con nombres y apellidos es la que explica lo que ha pasado, por ejemplo, en Castro del Río y Baena, dos localidades cordobesas en las que para comprender lo ocurrido no basta con explicarlo con las siglas, sino con los nombres y apellidos de sus protagonistas. Además, hay que conocer también la historia reciente de la localidad, los avatares vividos e, incluso, la trayectoria de las familias en varias generaciones porque, -se ha dado el caso-, de que una antigua disputa por unas lindes ha dado un vuelco en el color político de un Ayuntamiento.

Lo vivido en la provincia de Córdoba en estos últimos días no es uniforme pero sí refleja la variedad de comportamientos y de riesgos que es capaz de correr el ser humano, con todas sus grandezas y con todas sus miserias. Los dirigentes locales de IU en Montoro han antepuesto el telefonazo desde Ambrosio de Morales a la voluntad soberana de sus militantes para propiciar un cambio político después de 40 años, mientras que en Castro del Río tanto la ejecutiva local como tres de los concejales han resistido en plan aldea gala para no dar la alcaldía a IU. Lo de Baena, por su parte, hay que entenderlo si se conoce al dedillo no sólo la historia del PSOE en esta localidad, sino en toda la provincia. Nada es gratuito en esta vida.

Hay para todos los gustos y estos casos se han repetido, de una u otra manera, en distintos rincones de España que no tienen justificación pero sí tiene explicación. Ahora vendrán las represalias, desde Vox en Burgos al PSOE de Castro del Río. Las ejecutivas harán valer el peso de su poder, pero no harán autocrítica para comprender que cada pueblo es un mundo. No cambiarán el ordeno y mando pese al baño de realidad recibido. Eso fijo.