Vísceras sin cabeza


Hace años me divertí con el testimonio de un policía relatando que en el transcurso de un interrogatorio el detenido dijo que había cometido el delito porque le dio un volunto. Los agentes se miraron entre sí con los hombros encogidos al escuchar por primera vez aquel vocablo del que no entendían su significado, y que hasta ese momento estaba inédito entre aquellas paredes tan expertas en jergas y germanías. Consultaron a los más veteranos y el resultado fue inútil. Entonces, se lo preguntaron al interrogado quien, a su vez, se sorprendió de que la Policía no conociera algo que para él era muy común. “Pues porque sí, porque me salió”, acertó a responder sin salir de su asombro.
Al poco tiempo la sociedad había asimilado e incorporado a su léxico habitual el vocablo volunto, como sinónimo de lo que se hace de forma repentina, porque sí, sin más impulso que el irracional. Aunque este término no esté reconocido por la Real Academia Española pocos desconocen su significado y quienes lo utilizan lo hacen con la precisión de aquel presunto delincuente que hace un tiempo sorprendió a unos policías nacionales.
Ahora, el volunto está presente en todos los órdenes de la vida. Podemos programar nuestro tiempo libre en base a voluntos, como también podemos decidir entre un bar u otro a la hora de tomar una cerveza o seleccionar un libro o un canal de televisión para llenar nuestro ocio. Porque sí, porque las tripas mandan sobre la razón.
El problema surge cuando las decisiones traspasan nuestro ámbito personal y se implica a terceros que, como es lógico, no se conforman con el porque sí. Y en política hay que olvidarse de los voluntos y tomar las decisiones no sólo conforme a la ley sino también con unos criterios mínimamente serios más allá de la ideología política que los inspira.
El caso más claro de actuación por volunto lo tenemos con todo lo que está sucediendo casi a diario con la cementera Cosmos. Es lógico que Izquierda Unida, Ganemos y algunos colectivos más quiera cerrar esta industria el día en que comience a valorizar residuos para ser más competitiva en el mercado y ampliar su producción. El problema está en que en todo este tiempo transcurrido no se ha aportado ningún indicio de irregularidad por parte de la empresa ni ningún estudio científico sobre el estado de salud de los vecinos, como ahora, a toro pasado, ha comenzado a reclamar la formación filial de Podemos.
La obcecación de IU en sacar adelante la innovación del PGOU que dará la puntilla a la cementera y a sus trabajadores agarrándose a una interpretación cogida con alfileres de las conclusiones de la Mesa de Cosmos es un claro ejemplo de volunto, se quiera o no. La clave está en el comportamiento que tuvo el PSOE en el transcurso de la reunión del consejo rector de la pasada semana, cuando mostró su intención de introducir en el expediente que el mismo nunca tendría carácter retroactivo, algo que apoya el PP y Ciudadanos. De este modo se comprobaría que la modificación del plan urbanístico no crearía la inseguridad jurídica que siempre hay que salvaguardar por ser una de las bases de un Estado democrático y de derecho como el nuestro. Las luces de alarma sobre la legalidad del proceso ya están encendidas.
Ahora que el caso Cosmos se encamina de forma irreversible hacia un callejón sin salida del que no saldrá hasta que no haya un mandato judicial, es cuando más claro se ve que todo lo vivido en el último año, desde que la Gerencia de Urbanismo decidiera suspender la autorización de la Junta para la valorización de residuos, es un volunto, pero un volunto de los buenos, de los de verdad, de los de toda la vida.

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