Un homenaje a Romanones


Ahora que se cumple la primera semana del debate sobre el estado de la ciudad es momento para analizar con detenimiento el punto estrella de la alcaldesa, Isabel Ambrosio, que no es otro que el documento de los 14 puntos con el que cerró la última de sus intervenciones, ya muy entrado el mediodía y con el personal agotado y pensando en que la freidora de El Gallo estaba en esos instantes a pleno rendimiento. Esa propuesta de la regidora quedó flotando en el salón de Plenos como como una maraña de ideas que ni unos ni otros pudieron descifrar, porque había puntos de su programa electoral, otros están contemplados en el acuerdo de gobernabilidad con IU y Ganemos, y también figuran propuestas que sorprendentemente están en marcha. Es decir, algo precipitado en el fondo, pero también en la forma, ya que la redacción atropellada de este articulado refleja con nitidez que estos cinco folios se comenzaron a redactar con la sesión plenaria en marcha.
A la vista de las reacciones, estos 14 compromisos no han contentado a los grupos de la Corporación, pues muchos de ellos interpretaron que no fueron otra cosa que intentar una salida airosa de un Pleno en el que le dieron fuerte y flojo. Por eso, la intención de la alcaldesa era quedar bien, no sólo ante los suyos, sino también ante las fuerzas políticas más próximas, que a veces son las que peor te lo hacen pasar, como ocurrió con las dos intervenciones de Rafael Blázquez, el portavoz de Ganemos, que no bajó el ritmo atizador en ningún momento.
Ambrosio en particular y el PSOE en general saben cómo encandilar a la parroquia. La formula es fácil. Basta con salpicar convenientemente cualquier texto o intervención con una serie de palabras talismán que no por repetidas hacen que el auditorio deje de poner los ojos en blanco de puro placer. Son neologismos o sinónimos que han caído en gracia entre determinada parte de la sociedad y que se abusa de ellos en todo momento, porque no se persigue otra finalidad que insinuar una superioridad sobre el resto, por dominar un lenguaje que está vedado al común de los mortales, lo que no deja de ser una muestra de elitismo tan cruel como absurda. Es como poner ropa nueva a conceptos de toda la vida, por lo que a fin de cuentas viene a ser algo tan viejo como lo de la mona y el traje de seda. Pero en este caso surte el efecto de la innovación, de lo cool, de lo moderno, pero a fin de cuenta es lo de siempre.
El texto que la alcaldesa leyó en el debate sobre el estado de la ciudad cumple a la perfección con estos postulados y no faltan palabras como “transversal”, “redistribución” o “progresividad”, junto a expresiones como “economía colaborativa”, “eficiencia energética” o “movilidad sostenible”. ¿Les suenan? ¿A que son lo remedios infalibles para todos los problemas que nos aquejan? Y si esto lo completamos con un homenaje al conde de Romanones creando comisiones a mansalva nos salimos del parchís. A Álvaro de Figueroa le atribuyen la frase de “si quieres que algo no funciones, crea una comisión”. En su época no había más que comisiones, pero hoy, siendo lo mismo, se llaman también observatorios, consejos, mesas o de mil formas más. La filosofía de Romanones sigue vive y rara es la administración que no está plagada de adherencias de este tipo que en la mayoría de las ocasiones no sirven para otra cosa que para dilatar soluciones y derivar responsabilidades que sólo corresponden a quien gobierna.
Isabel Ambrosio anunció en su discurso la creación de un Observatorio Social, una Mesa ampliada por el derecho a la vivienda, un Consejo Local de la Cultura y una Comisión de Memoria Histórica. Este anuncio, curiosamente, lo realizó días antes de que Mesa de Cosmos finalizara sus trabajos con unas conclusiones que ahora hay que cumplir, por más que le pese.

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