El estado de la ciudad


Mañana lunes se celebra el debate sobre el estado de la ciudad en el Ayuntamiento. Será una magnífica función de fuegos artificiales que dejará el silencio más absoluto en el salón de Plenos cuando suene el último petardo. En estas dos horas largas de cruces de argumentarios elaborados en estas vísperas por los equipo de los respectivos grupos municipales ese ofrecerá un reguero de frases presuntamente brillantes que no van a servir para mejorar la ciudad.
Este debate sobre el estado de la ciudad, en clara imitación del que se celebra en el Congreso de los Diputados, no pasa de ser un ejercicio gimnástico que rompe la rutina mortecina que se vive en la calle Capitulares. Al final, cuando se apaguen los focos, la sensación será de que “cada uno ha contado su verdad”, como recientemente señalaba el portavoz de un grupo municipal.
Pero este debate sobre el estado de la ciudad también tiene un componente de evaluación, de desahogo, de terapia en grupo, si se quiere. Su periodicidad anual es un plazo lógico para rendir cuentas ante quienes votan y pagan sus impuestos, aunque el desapego sea cada vez más creciente con la clase política. Sobre este aspecto, llama sobremanera la atención de que al gobierno municipal no se le hubiera ocurrido que tenía que convocar este Pleno en este año; o quizás sí, pero a lo mejor pensaban que nadie lo iba a echar en falta. En éstas llegaron los 11 concejales del PP -no faltó ni uno-, que se situaron ante el Ayuntamiento, por la parte de la calle Nueva, para decirle a la alcaldesa que soltase el carrito del helado, que la habían pillado. Isabel Ambrosio reaccionó en cuestión de minutos al comprobar que el grupo mayoritario de la Corporación tenía toda la razón del mundo y al momento se informaba de que el Pleno tendría lugar el 17 de octubre.
¿Qué va a ocurrir mañana? Pues más de lo mismo, pero a la vista de lo que ha ocurrido en los últimos días podemos tomarle el pulso al debate sobre la ciudad. Si recuerdan ustedes -que ya tiene mérito- que el pasado martes hubo Pleno ordinario, tendrán en la memoria el debate sobre el accidente del Alvia en Angrois, el rechazo a un más justo control de las subvenciones o cómo la bancada de la izquierda ridiculizó la moción de Ucor sobre los aparcamientos, que era de las pocas que tenían el necesario aroma del interés ciudadano. Y poco más.
Si revisamos, además, las dos últimas juntas de gobierno nos encontramos con más de lo mismo. Este órgano es el que cada viernes le toma el pulso a la gestión del gobierno municipal. Pues en la penúltima, lo más destacado -que no lo más importante- fue el contrato para la reparación de las carrozas de la Cabalgata de Reyes Magos. En la del pasado viernes, la concejal de IU Alba Doblas fue sincera al señalar que “ha sido muy administrativa”. Dos minutos de rueda de prensa y se acabó. No dio tiempo ni a calentar los asientos y no hubo ni un solo titular.

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