El domingo se decide el futuro


El arranque del curso político en el Ayuntamiento ha sido sin precalentamiento ni anestesia. Ha sido a pelo, de sopetón. Nadie había dejado de relamerse de la resaca del verano y del puente de la Virgen de la Fuensanta cuando las ordenanzas fiscales saltan al primer plano de la actualidad, con la fluctuante subida del IBI, que al final ha quedado en un tres por ciento y la no menos pintoresca del 50 por ciento en las entradas para el Zoo, por más que Amparo Pernichi diga que esto se hace para fidelizar a los visitantes, cuando no se fideliza al público del Gran Teatro ni a los que van a los museos, sólo a los del Zoo y a los pasajeros de Aucorsa. ¿Por qué será?
Toda negociación de unas ordenanzas municipales, y de su documento inseparable, los presupuestos, genera un recalentamiento en la sala de máquinas del gobierno municipal, ya que todos los concejales quieren más dinero para sus respectivas delegaciones y que nadie les corte un solo euro de los que ya tienen. Esto ocurre cuando gobierna un partido en solitario, cuando son dos y en el caso del Ayuntamiento cordobés también hay tensión cuando un tercero quiere meter la cuchara en este perol, como es el caso de Ganemos.
Por cierto, que los de Ganemos se han propuesto convertirse en las estrellas indiscutibles del otoño cordobés, aún con calor y sin que las hojas comiencen a tapizar nuestras aceras. Han comenzado pisando fuerte con la espantada que dieron el otro día en el Pleno, cuando la alcaldesa cumplió con la ley y ordenó el desalojo del salón de los parcelistas que impedían con sus gritos el normal desarrollo de la sesión. Su regreso a los escaños fue una de esas anécdotas que hacen historia en Capitulares. Memorable.
Pues ahora se proponen escribir otro capítulo glorioso. Será el próximo domingo y todo apunta a que va a estar entretenido. La convocatoria dice que la asamblea va a debatir el tipo de relación que Ganemos tendrá en el futuro con el Gobierno municipal; algo, comprenderán, que se puede interpretar de cualquier manera. Lo cierto es que acuerden lo que acuerden -porque son imprevisibles- va a condicionar la vida municipal de lo que resta de mandato. En junio de 2015, cuando negociaron la investidura de Isabel Ambrosio con PSOE e IU estuvieron a punto de hacerse con alguna delegación. Pero el revés de última hora dejó con el gesto contrariado a unos, no todos, ya que los demás fueron una mayoría muy peculiar.
Desde entonces arrastran el lastre de apoyar al gobierno local pero no formar parte de él, algo que en la política de ayer, hoy y siempre tiene difícil explicación. Lo podrán explicar con frases incompletas, con circunloquios vacíos, con complicidades vacuas, pero la verdad es que si yo fuese de sus bases estaría lleno de dudas. La situación llegó a tal punto antes del verano que saltó la noticia de que se lo iban a pensar. Y ya ha llegado el momento.
Aunque en la convocatoria del domingo sólo se habla de este punto, seguro que sale a relucir lo del incumplimiento de los acuerdos presupuestarios del pasado año, lo de los acuerdos de investidura y como punto estelar saldrá a relucir lo del laicismo, cómo no, porque todo está enlazado. Pues en medio de todo este batiburrillo podrán tomar una decisión que vendrá a perturbar la paz que aparentemente se respira entre PSOE e IU. Seguro que a ninguna de estas dos formaciones le apetece mucho sentar a Rafael Blázquez en la Delegación de Infraestructuras ni a Alberto de los Ríos en la de Cultura, eso fijo. Pero como la asamblea de Ganemos diga que sí, tendrá que hacerle hueco, como poco, a uno de estos dos ediles. Ya veremos.

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