San Agustín y los 300 años de la fuente de la Piedra Escrita


Con ella trataban de saciar la sed de los habitantes del entorno, pero “se les fue la mano” y construyeron un maravilloso retablo barroco

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Frontal de la fuente de la Piedra Escrita. /Foto: LVC
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Fuente de la Piedra Escrita. /Foto: LVC

Si bien la fuente de la plaza de San Agustín tuvo su importancia, sin duda es la fuente de la Piedra Escrita, la más importante y representativa del barrio, y me atrevería a decir que casi de toda la Ajerquía, por no decir de Córdoba entera. No en balde, en 1985, el gran poeta Pablo García Baena, Premio Príncipe de Asturias el año anterior, vino en llamarla ”Catedral de las fuentes de Córdoba”. Acompañado entre otros de don Jesús Aguirre, el consorte de la duquesa de Alba, soltó esta frase inapelable en “Casa Pepe Habanero», ante unas copas de vino servidas por José González, el siempre agradable tabernero. De testigos estuvieron, Miguel del Moral y Ginés Liébana, entre otros.

La fuente se construyó en 1721, hace ahora justo tres siglos, por los regidores de la ciudad con el corregidor Juan de Vera y Zúñiga a la cabeza. Con ella trataban de saciar la sed de los habitantes del entorno, pero “se les fue la mano” y construyeron un maravilloso retablo barroco, por su diseño y esplendido frontal. Sería conocida por el pueblo de Córdoba desde sus inicios como la fuente de la Piedra Escrita por el topónimo histórico de la zona donde se ubicaba. El barrio dio nombre a la fuente y no al revés.

Y en este contexto, la “Piedra Escrita” es uno de esos topónimos históricos que hunde sus raíces en tiempos muy antiguos. Buscado este topónimo en los distintos archivos que existen en Córdoba, pude contemplar que ya en documentos de la época de los Reyes Católicos se nos habla de la zona de la «Piedra Escrita», por lo que es muy anterior a la fuente. Ejemplos de ello en el Archivo Provincial de Protocolos Notariales son los siguientes:

19 de febrero de 1481, en Córdoba.

El prior y frailes del Monasterio de San Agustín, cuyos nombres se relacionan, arriendan a Antón Sánchez de Castro, hijo de Fernán López de Castro, y a su mujer Mari García, vecinos de la collación de Santa Marina, una casa en esta collación, cerca de la «Piedra Escrita», por vida y por 1.100 maravedíes, y un par de gallinas de renta anual.

Archivo de Protocolos de Córdoba, Oficio 14, nº 15, página 453.

24 de noviembre de 1482, en Córdoba

Fray Cristóbal de Lebrija, prior de San Agustín y los frailes del convento, cuyos nombres se relacionan, arriendan a Bartolomé Sánchez de Pliego, hijos de Pero Sánchez de Pliego, y a su mujer Marina González, vecinos de la collación de San Llorente, una casa cerca de la «Piedra Escrita» por vida y 1.200 maravedíes y tres pares de gallinas de renta anual.

Archivo de Protocolos Notariales de Córdoba. Oficio 13, nº 16, página 313.

Y en el Archivo de Viana:

30 octubre de 1497, Córdoba

Carta de venta.

En cuadernillo de pergamino de 4 hojas de 210 x 305 mm.

El convento de Santa María de las Dueñas, vende una casa en la calle «Piedra Escrita» collación de Santa Marina. Ante Gonzalo Gómez Escribano público.

Archivo de Viana de Córdoba, Caja nº 5, Expediente 4b./pergamino.

26 de diciembre de 1530, Córdoba

Carta de toma de posesión.

Toma de posesión de unas casas en la calle de la «Piedra Escrita», collación de Santa Marina. Ante Alonso de Córdoba, escribano.

Archivo de Viana de Córdoba, Caja nº 5, Expediente 4b./pergamino.

23 de noviembre de 1480, en Córdoba

Testamento otorgado por Alvar López, vecino de Córdoba en la collación de Santa Marina, en el que manda al Hospital de San Sebastián una casa en la «Piedra Escrita», calle ancha, en donde moraba el otorgante. Ante Fernán Gómez y Juan Sánchez escribanos públicos.

Archivo Catedral de Córdoba, Catálogo Hospital de San Sebastián. folio 327 rv.

Podríamos seguir enumerando muchos más documentos que citan el topónimo de la «Piedra Escrita», pero creo que son ejemplos suficientes. Algunos parecen indicar un lugar concreto, otros una plaza, y a veces una calle. Los primeros suelen hacer referencia a un lugar, una especie de piedra, basa o peana, con una inscripción romana de la que apenas se podía leer ya nada (bien por su estado o porque nadie supiese leer ya esa caligrafía) y que por eso sólo se decía que “la piedra estaba escrita”. Y con eso no engañaban a nadie.

Esta inscripción ilegible debió ser la que cita el Padre Francisco Ruano en su libro “Historia General de Córdoba” (1761), y cuya reseña presentamos a continuación. Su hipótesis es que era la peana de la estatua de un emperador,  construida en el año 337. Con la llegada de los suevos, alanos y vándalos en el año 476, y posteriormente de los visigodos en 480 sería quitada la estatua, y la piedra o peana seguiría allí, ya sola, con su inscripción en latín.

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Página 141, en el Tomo I, de la Historia General de Córdoba. /Foto: LVC

Tuvieron que darse muchos casos de este tipo, pues al tener Córdoba el título “Colonia Patricia” (al parecer otorgado por los hijos de Pompeyo en el 46 antes de Cristo), a los cordobeses se les reconocía el derecho a considerarse “romanos”, y por tanto empezaron a copiar los usos de la metrópoli, abundando en nuestra ciudad las estatuas con sus peanas o basas, de jaspe en su mayoría, con inscripciones en las que se citaba al prócer que se trataba de homenajear. Desgraciadamente, durante siglos, y hasta hace bien poco (si es que no se sigue haciendo), cuando aparecían restos de este tipo en una obra se los llevaban quienes la encontraban o los que más poder tenían y así destacamos por ejemplo a un tal Señor de Villa-Ceballos, a doña María de Vega y Hoces, al Marqués del Carpio, a don Agustín de Oliva, al Marqués de la Vega, o al Marqués de Priego, por citar algunos. De todos ellos se cita con frecuencia que en los patios de sus casas solariegas contaban con abundantes restos de estatuas, lápidas o peanas decorando.

Descripción de la Fuente de la Piedra Escrita

Hay mucha gente señalada de la historia, de las letras y de la poesía que ha dedicado sinceros elogios a nuestra fuente. Antonio Gala describió su brocal como una “joya isabelina”, aunque tenemos que decir sobre el mismo autor que es desafortunada y totalmente anacrónica la escena que describe en el entorno de la fuente en 1967 en la novela «Las afueras de Dios», donde describe a un grupo de niñas, en bragas, cantando la comba, y con canciones más o menos infantiles. Cualquiera que viviera por estos entornos sabe que en 1967 ese ambiente que quiere describir no tiene nada de verdadero.

Pero al margen de los artistas y literatos con sus fantasías, la fuente de la «Piedra Escrita», los que la conocemos de cerca, sabemos que es una auténtica obra de arte, y que casi nunca en tan poco espacio se han podido armonizar tantos detalles de belleza y ejecución. El pilón es como si fuera un ánfora de la que surge todo el resto hacia arriba con un marco barroco. Los leones blancos a izquierda y derecha, el agua cayendo en chorros y su magnífico escudo, que nos recuerda que estamos en Córdoba, y eso para muchos de nosotros es definitivo.

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Frontal de la fuente de la Piedra Escrita. /Foto: LVC

Por lo general, en la inauguración de cualquier obra o monumento son los políticos de turno los que se llevan los aplausos y se ponen la medalla y el eco para la Historia. Esto se da desde siempre, en el frontal de esta fuente aparece la siguiente inscripción que ensalza al político de entonces:

“REINANDO LA MAGESTAD DE S. REY PHELIPE V Y SIENDO SU CORREGIDOR EN ESTA CIUDAD D. JUAN DE VERA ZÚÑIGA Y FAXARDO, CAVALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO, INTENDENTE GENERAL DE LO CIVIL Y MILITAR Y REAL HAZIENDA DELLA LA DE JAÉN Y SUS REINOS SE HIZO ESTA OBRA EL QUE FUERON DIP. D. ANTONIO DIMAS DE CÁRDENAS Y GUZMÁN CAVALLERO DE LA MISMA ORDEN Y D. ANTONIO TOBOSO DE LOS RÍOS Y CASTILLEJO VEINTICUATROS. AÑO DE 1721”

Pero la obra fue trabajada y elaborada en su conjunto por multitud de personas que, o bien transportaban carretadas de piedra, cincelaban la piedra, abrían zanjas y metían cañería, o labraban los leones y la piedra, aunándolo todo en el trabajo de albañilería y pintura final. Queremos sacar del olvido a algunos de estos anónimos trabajadores.

La fuente costaría al erario público «ochenta mil trescientos cincuenta y un reales de vellón con algunos maravedíes». Por labores tuvo el siguiente gasto desglosado:

1.-Cañeros, que abrieron zanjas, conectaron el venero de agua desde la puerta «Excusada», fuente del Santo Cristo de la Misericordia, realizaron un arca y la conducción hasta el lugar elegido para la colocación de la fuente. Fue un trabajo realizado por un equipo comandado por un tal Francisco Gómez, cuyo importe ascendió a 10.586 reales de vellón.

2.-Albañiles, que perfilaron y delimitaron la zona donde se iba a colocar la fuente, situaron el frontal y la placa, así como la fijación del pilón y los leones, además de hacer guardia nocturna durante el tiempo en que duró la realización de la obra, todo ello comandado por el maestro albañil Francisco López Mohedano. Este trabajó importó 20.788 reales de vellón

3.-Canteros, que realizaron todo el trabajo de arranque de la piedra de la cantera, la transportaron mediante carretadas, elaboraron el pilón y peanas de los leones. Este trabajo estuvo a cargo de los canteros comandados por Miguel Cerezo, por un importe de 30.126 reales de vellón.

4.-El trabajo del pintor que dio el colorido a todo el conjunto, de nombre Fernando Pacheco, cuya partida importó 1.100 reales de vellón.

5.-La hechura de los leones, trabajo fino, que importó la cantidad de 1.418 reales de vellón. Fueron realizados por Manuel de Silva.

6.-Y finalmente aparecen partidas sueltas que hablan de los que aportaron y elaboraron el cobre, como Felipe Martín y el latonero Andrés de León, y el que se encargó de todo el asunto de la cal, arena, ladrillos y demás materiales, que fue un tal Manuel de Dios. En conjunto, 16.339. reales de vellón.

Estos trabajos, en donde además de los nombres citados debieron participar otros oficiales, especialistas y todos los peones, de los que desgraciadamente no queda constancia documental, aparecen en la relación jurada que presenta de todos los gastos un tal Rafael de Vargas, en el documento 00275/16, del Archivo Municipal.

Sobre las aguas que surtían esta fuente, en un principio los dos leones por su boca echaban la misma agua, que provenía del venero de la finca “Fuensanta Vieja” o “Fuensantilla” del que, según los archivos de Aguas Potables, no se sabía el origen de su conducción, sólo que llegaba al arca situada al principio de la cuesta del Hospital Militar (Avenida de los Almogávares con las Ollerías) y también afluía en los terrenos inmediatos o “sudaderos” donde el nivel freático estaba muy somero.

Pero siguiendo con la historia de ambos caños, con el tiempo las cañerías o conducciones se llegaron a estropear o se atoraron por las sales del agua, y las  pérdidas por el camino eran constantes, por lo que el caudal que llegaba a los leones era totalmente insuficiente. Ante las quejas de los vecinos se intentó traer el agua de otra captación que se había realizado en el venero-alcubilla mucho más abundante denominado «Sombrero del rey» muy cerca del puente Pedroches, a la orilla del arroyo de mismo nombre (tristemente enterrado por las obras de la Ronda Norte) Fue a partir de entonces, ya en el siglo XIX, cuando el agua del león de la izquierda seguía viniendo, a trancas y barrancas, del venero de la Fuensanta Vieja y el del león de la derecha de una nueva cañería del «Sombrero del rey». De forma que la gente popular distinguió un agua de otra según los garbanzos de la olla los pusiera más o menos tiernos. Por eso al león de la izquierda se le llamó «Caño Bueno» y al otro «Caño Malo». Ya con el tiempo, los dos caños fueron alimentados por el Servicio Municipal de  Aguas, con aguas del pantano de Guadalmellato.

Por último, hay que indicar que uno los leones fue restaurado por el gran cantero Rafael García Rueda, que en su taller de Puerta Nueva, nos diría: «Me sentí profundamente dichoso cuando me llamaron para reponer un león de esa magnífica fuente de la «Piedra Escrita», porque para mí reponer ese león fue comparable a cuando me llamaron a la Alhambra de Granada para reponer otro león de su famoso «Patio de los Leones».»

Los primeros vecinos que vieron la fuente

Según confirman los padrones de 1700, cuando se construyó la fuente ya se conocía como calle de la “Piedra Escrita” al tramo que va desde la calle  Aceituno a la propia fuente, en lo que luego se llamaría «Moriscos» (ya se llamaba así al tramo desde Aceituno a Santa Marina). Este dato se refrendaría en el llamado «Plano de los Franceses», elaborado casi un siglo después por el Barón Karwinski, que a continuación mostramos.

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Calle de la Piedra Escrita en el plano de los franceses. /Foto:LVC

En el plano se ve el trayecto que arranca de la plaza que hace el «Dormitorio» con las Costanillas y la actual calle el «Cárcamo», y por la parte de la calle Aceituno el «Huerto de San Agustín». 

Consultando el padrón de 1725, sólo cuatro años después de la inauguración de la  fuente tenemos los siguientes vecinos de esa calle “Piedra Escrita”, sus primeros espectadores privilegiados:

José del Mármol, panadero, casado, de 50 años, sin hijos. Juan Matías, panadero, casado de 40 años, sin hijos. Eulogio de Medina, hornero, casado, 60 años de edad, con una hija. Alonso Fernández, panadero, casado, de edad 34 años, tres hijos. Francisco López, panadero, casado, de 40 años, y cuatro hijos. Antonio Martínez, panadero, casado, de edad 30 años, y con un hijo. Eulogio de Medina, panadero, casado, con 26 años, y un hijo. Juan Carmona, panadero, casado, de 26 años y con dos hijos. Bartolomé Lara, arriero, casado, 50 años y con dos hijos. Juan de Lara, maestro barbero, casado, de 40 años, y dos hijos. Francisco Gómez, panadero, casado, de 50 años, con dos hijos. de 38 años, dos hijos, Antonio Rodríguez, del campo, casado, de 50 años y con un hijo. Antonio Batanero, del campo, casado, 50 años y con una hija. Juan Huertas, del campo, casado, de 50 años, con una hija. Miguel Notario, zapatero, casado, de 38 años, dos hijos. Alonso Sánchez, del campo, casado, con 40 años, y dos hijos. Francisco de los Reyes, del campo, casado, con 50 años, y cuatro hijos. Felipe Gutiérrez, del campo, casado, con 50 años, sin hijos. Pedro Palomero, del campo, casado, 38 años, sin hijos. Francisco Navarro, del campo, casado, con 44 años, y una hija. Felipe Martín del campo, casado, de 60 años, y una hija. Diego de León, oficial de albañil, casado, de 50 años, y con dos hijos. Salvador de Morilla, casado, de 50 años, y dos hijas. Salvador de Montilla, del campo, casado, de 42 años, y una hija. Juan Montero, del campo, casado, con sesenta años, y dos hijas. Juan García, del campo, viudo, de 42 años, y con tres hijas. Blas García, del campo, casado, de 50 años, y tres hijos.

Y según el mismo padrón, en la actual Obispo López Criado, entonces «Dormitorio» (de San Agustín), vivían los siguientes:

Luisa de Carbilla, de 56 años, viuda, con un puesto de especiería, Alonso Jiménez, de 70 años, con un puesto para vender, con un hijo. Pedro del Rosal, viudo de 60 años, trabajador del campo, sin hijos. Cristóbal de la Coba, del campo, casado de 42 años y 2 hijos. Juan González, 62 años, del campo, casado y con dos hijos. Alonso Martín, del campo, casado y con cinco hijos. Francisco García, 50 años, del campo, casado y con dos hijos. Francisco Girón, maestro aladrero, casado, 39 años y con cuatro hijos. Juan González, del campo, casado con 60 años y una hija. Alonso López, maestro aladrero, 59 años, soltero. Juan López, del campo, casado, con 60 años, sin hijos. Manuel de los Santos, del campo, casado, 48 años, sin hijos. Juan Antonio Rodríguez, zapatero de vacuno, casado, con 60 años, cuatro hijos. Damián Cosme, tejedor, casado, de 50 años, con una hija. Pablo Alcudía, del campo, casado, 50 años, y cuatro hijas. Martín Vallejo, panadero, casado, 44 años, sin hijos. Lorenzo Fernández, aserrador, casado, de 30 años y un hijo.

Si hemos citado algunos padrones antiguos, en donde aparecen los vecinos que pudieron estar cerca de la Fuente de la «Piedra Escrita» en tiempos pasados.  Es justo mencionar ahora que en el «Padrón» de mayo del 2022, aparecen por un lado las hermanas Mari Carmen, Dolores y Concepción González, que en el patio de su casa que otrora fuera el patio de la taberna de «Pepe el Habanero», que nos recuerda a un José González su dueño, personaje singular y muy unido de siempre a la «Fuente de la Piedra Escrita», pues incluso su lotería de Navidad que solía hacer todos los años, siempre estaba presente la representación de su amada fuente.

En ese patio como hemos dicho, que aún se conserva, además de las citadas hermanas, una serie de vecinas de mucha categoría, como; Cristina Quintana, Chuso García, Inmaculada Quintana, Pepi Anguiano, Ana Muñoz, Rafi Redondo, Alfonsi Ruiz, Pili Vaos, Merche Castillejo, Mari Carmen Aguilera, Ana Jiménez, Rosario Ortega, Elisa Gascón, Yolanda, Angelita Calderón, Marina, Rafi Muñoz, y Pepi Muños, todas ellas simpáticas y agradables vecinas de la «Piedra Escrita» que han respondido con su entrega y su trabajo para engalanar su Barrio de San Agustín con motivo del «Tercer Centenario de la inauguración de su fuente de la «Piedra Escrita», una joya viva que trae siempre los bonitos recuerdos de su querido Barrio de San Agustín. 

Enhorabuena a estas mujeres y aquellas cuya mención se haya podido quedar atrás, porque aquí el lema fundamental no fue nunca el figurar, sino trabajar por las personas mayores del barrio, haciéndole además, agradable sus casas, sus calles, balcones y ventanas con adornos de guirnaldas y farolillos, para que los visitantes que puedan venir disfruten de la elegancia y categoría de su Barrio de San Agustín.