Mujeres, pero las de verdad

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El Día Internacional de la Mujer que tiene fecha institucionalizada el 8 de marzo y que se celebró el pasado domingo es algo rutinario y cotidiano para muchas de ellas. Quiero decir que el día de la mujer es en la práctica todos los días para la gran mayoría silenciosa que levanta y hace progresar realmente a la mujer y a la sociedad, que hace grande al género femenino desde sus hogares o desde otros puestos de trabajo remunerados sin llamar la atención pero dando pasos por la igualdad educando a sus hijos en ella o consiguiendo retos y abriendo puertas.

Son mujeres que en ningún caso se creen superiores a los hombres como desgraciadamente muchos hombres se han sentido y en la práctica lo han sido, sin tener por qué, respecto a muchas mujeres históricamente. Y son mujeres que se diferencian de esas otras que quieren una revancha social haciendo de su hembrismo el nuevo machismo asociado a su género haciendo sonar sus voces malsonantes erigiéndose sin que nadie se lo haya pedido en portavoces de sus iguales para difundir eslóganes y proclamas contra lo masculino.

En la víspera del 8 de marzo aparecían en una iglesia sevillana pintadas pro aborto que a la vez ofendían los sentimientos de los católicos porque aludían a la Virgen María haciendo gala del mismo mal gusto que de incultura quienes las dejaban allí, y por otro lado el Ministerio de Igualdad, que es ahora más que nunca un ministerio para la estulticia, quiere también que la mujer haga suyos los excesos y vicios tradicionales de los hombres como el de emborracharse. Una y otra cosa son claros ejemplos de un feminismo excluyente que con toda claridad no representa a todas las mujeres afortunadamente. Ellas tienen más clase que Irene Montero y sus patochadas.

Tampoco representan a las féminas que sí hacen grandes a las de su género esas que combaten las desigualdades enseñando los pechos, profiriendo proclamas contra los varones como he dicho antes y entrando o intentando acceder a protestar a un templo.

La mujer es mucho más que todo eso. La mujer es respetuosa e inmensa, pacífica y ejemplar. Mujer como mujeres fueron nuestras abuelas, que levantaron junto a sus maridos España después de una guerra y las que siguen haciendo algo importante por este país sacando adelante familias desde casa o desde el mundo laboral. Y en muchos casos ejerciendo los dos papeles sin presumir de ello ni odiar a nadie.

Y me alegra profundamente que cada día estén todas ellas donde quieran estar por elección propia y no tengan problemas para hacerlo. Es tan digno decidir formar parte del mercado de trabajo que optar por quedarse en el hogar y ser ama de casa. ¿O es que acaso nuestras madres, aquellas que renunciaron a un empleo por cuidarnos no son trabajadoras también? ¿Son menos feministas? Y cuando digo que ellas decidan dónde quieren estar, quiero decir que no se lo impongan los hombres pero tampoco otras mujeres que se han erigido en abanderadas y representantes de todas sin que todas se sientan reflejadas en ellas y en sus acostumbradas malas maneras o malas palabras.

Y conste que no estoy en contra de que las que quieran luchen desde la política y otras organizaciones por sus derechos, yo los reclamo para las mujeres que no los tengan, pero pasa con su defensa como con la defensa de los derechos del colectivo LGTBI, que se defienden donde ya está todo casi logrado y habitualmente de una manera exacerbada, con excesos y salidas de tono. Quizá habría que luchar ahora por la libertad y la igualdad en otros países donde estas no existen realmente, pero eso creo que no interesa. Para irse a pedir que las mujeres no lleven la cara tapada en ciertos países o puedan tener los mismos derechos que los hombres no hay ovarios. Ni ganas porque entre otras cosas para eso no dan subvención.

Y es que lo que llaman feminismo actualmente no tiene mucho que ver con el feminismo real, está tergiversado y mancillado porque ahora es una corriente que va contra el hombre, que lo acusa, lo juzga y lo sentencia de una sola vez por el mero hecho de ser varón, y que como digo además está acomodado en actuar donde no le ponen inconvenientes en hacerlo. Ya me gustaría a mí ver a las que han ido con velo islámico a las manifestaciones de estos días atrás protestando en los países donde de verdad coartan sus libertades y no en España.

Ya de lucha de verdad hay poco y lo que existe es una apropiación indebida de ideas por parte de ciertos grupos y partidos que dicen hablar en nombre de todas y de todos y que están muy lejos de la realidad porque además rechazan a las mujeres que no piensan como ellas. Como si para ser feminista o buena mujer hubiera que tener carné del PSOE o de Podemos.

Ninguna mujer es menos que yo, que soy hombre, pero tampoco quiero ser yo menos que ellas a partir de ahora como parece que se encamina la cosa. No quiero para mis semejantes y mis compañeras, mis queridas amigas y familiares, nada que no quiera para mí. Pido para ellas la libertad y los derechos que pido para mí. Esa es la igualdad real. Eso es la coherencia y lo justo. Lo demás son ganas de enfrentar.

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