Mis penas son tus Penas


Nuestro Padre Jesús de las Penas. / Foto: Eva M. Pavón

Hoy es un buen día, como otros clave que tiene el año, para comenzar a vivir. A vivir de verdad, de otra manera. Hoy es un día para arrepentirse de aquello que no solemos hacer bien, de aquello que no nos deja ser mejor de lo que somos, y para romper las cuerdas que nos atan y nos impiden ser lo que Dios quiere que seamos. Y es hoy porque el cordón que nos aprieta las muñecas va a pasar a hacer presas las manos del Señor en San Andrés. A partir de ahora, nuestras penas serán sus Penas.

Y así las asumirá hasta que resucite y su Gloria sea también la nuestra. El Miércoles de Ceniza es un momento apropiado para comenzar a andar al lado de Jesús en el camino que lo llevará a la Pasión en el Alcázar Viejo cordobés de la misma manera que él va a la par nuestra cuando sufrimos. El silencio y la meditación serán una buena forma de acompañarlo pero también la oración, cómo no. Hoy es un buen día para comenzar a hablarle cara a cara a Dios como nunca antes lo hemos hecho en la intimidad del sagrario primero y también ante un altar de cultos presidido por la imagen a la que veneramos.

Y hoy también es un buen día para señalarnos, para dar la cara como seguidores que somos de Cristo. Que las cenizas que nos impongan los presbíteros en las iglesias nos identifiquen ante la sociedad, que aunque caigan al rato de nuestra cabeza queden bien marcados la señal de la cruz en la frente y su significado pleno en la mente y en el corazón. Que así como señalan y asesinan en muchos lugares a nuestros hermanos perseguidos por causa de la fe que compartimos con ellos también nos puedan señalar a nosotros por ser fieles a Dios sin ocultarnos. Y que también puedan acusarnos de pertenecer a su Iglesia, como hacen algunos, y llevemos esa acusación con orgullo.

Entre las muchas formas que tenemos para demostrarlo, para ser Iglesia y estar orgullosos de serlo esta Cuaresma, una puede ser acudir a escuchar la Palabra del Señor y comer de su Pan en hermandad, porque la vida del cristiano no tiene sentido si no es en comunidad, y hacerlo en los cultos que organizan las cofradías. Seamos cofrades no solo en lo accesorio, sino, sobre todo, en lo nuclear.

Así, esta tarde serán varias las hermandades que se reúnan en torno a sus imágenes sagradas para comenzar el tiempo de penitencia y conversión. Unas ya lo han hecho en las semanas previas y otras lo hacen a partir de ahora. Entre ellas, la mía de la Esperanza, que ha convertido el Via Crucis de Nuestro Padre Jesús de las Penas en un motivo de encuentro no solo para los hermanos sino para todos los cofrades cordobeses al inicio de una Cuaresma a la que da la bienvenida esta cofradía con un testimonio ejemplar por las calles de San Andrés y Santa Marina.

Allí comienza públicamente la Cuaresma en Córdoba, el incienso se apodera de un aire envuelto también en una triste y melancólica música de capilla en torno al Señor de las Penas, el hijo de la Virgen de la Esperanza, nuestro hermano. Por él llegué yo al Resucitado del cielo. Y rezo hoy para que desde esta noche lleguen también al verdadero Cristo quienes acudan a contemplar su transitar, y que lo hagan por la mediación de su preciosa imagen, al invocar su precioso nombre.

Para que todos lleguemos a Cristo por medio de su dulce estampa morena, por medio del rostro de quien de nuestras penas nos libra y las hace suyas, maniatado con la cuerda que trenzamos con nuestros pecados. No evitarás tu cruz pero quebrarás la muerte cuando la muerte te aprese y tú le respondas con Vida. ¡Oh Señor de nuestras Penas, que nos traes la esperanza de un futuro eterno a tu lado adorándote en el cielo!

Nuestro Padre Jesús de las Penas. / Foto: Eva M. Pavón

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