La Mezquita no es mezquita y Podemos hacerlo peor

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A estas alturas de la película hay gente que aún se sorprende y se escandaliza cuando les dicen que la Mezquita de Córdoba no es una mezquita. Aún no se han enterado. La Iglesia no posee mezquitas. En Córdoba hay una mezquita en los jardines de Colón y la mundialmente conocida solo tiene de mezquita el nombre, la marca, y la apariencia en parte de su edificio. Por eso cuando surgen noticias como la del reciente estudio jurídico que avala que la Catedral de Córdoba pertenece a la Iglesia se forma de nuevo el revuelo en las redes sociales pidiendo por manadas que el primer templo de la ciudad sea público y pertenezca a todo el mundo.

Pues mire, no. La Catedral de Córdoba es mía. Sí, y de todos mis hermanos en Cristo, y la administra nuestra Iglesia. Si usted es ateo, ¿qué interés tiene en que le pertenezca mi Catedral? A priori, no debería resultarle relevante cómo usa y cómo cuida sus bienes una confesión que no es la suya, que por cierto nada hay que decir negativo de su uso y cuidado pues a la vista de todos está que es bueno. Yo nunca me he preocupado de los templos de otras religiones porque no son las mías pero, también, por algo que en este caso no ocurre, y es porque no odio a ninguna religión.

Esa es la base del problema que han creado donde no lo había: la inquina hacia el Catolicismo. En el fondo hay en muchos un interés por hacer daño, como un deseo de venganza por algo que la Iglesia no les ha hecho a ellos y creen que quitándole la propiedad de la Catedral van a consumar ese deseo o se van a acabar sus problemas diarios. Y se puede apreciar perfectamente en los argumentos que muchos utilizan cuando debaten sobre el asunto. “Que si la Iglesia hizo esto en el pasado, que si algunos curas han hecho aquello en el presente…” Nada que se sustente jurídicamente para reclamar la pertenencia del templo y que además busca, como digo, hacer daño.

Pero es que no es ni siquiera necesario irse a lo jurídico, aunque en última instancia sea lo que ponga a cada uno en su sitio y diga cómo son las cosas legalmente. Que la Catedral de Córdoba es de todos los católicos cordobeses es algo de sentido común. ¿De quién va a ser un templo consagrado a Santa María de la Asunción desde hace más siglos de los que fue mezquita? ¿Van también a reclamarnos la titularidad de todas las iglesias construidas sobre antiguas mezquitas? Bueno, mejor no dar ideas. Porque sí, es un monumento, pero antes de ser considerado así, antes de ser Patrimonio de la Humanidad incluso, ya era un templo cristiano que no hacía las funciones de mezquita y que pertenecía a la Iglesia, que lo ha mantenido.

Y lo más grave de todo no es lo que piense cada cual, sino que desde ciertos partidos políticos han alimentado la creencia de que la Mezquita-Catedral de Córdoba es de todos y los adalides de esta causa tan ruin, tan indigna, se han servido de que el pueblo la llame Mezquita por tradición para hacerle creer al pueblo que aquello es actualmente lo que ya no es y que además pertenece a todos. Es una de las batallas que han emprendido dentro de la guerra contra nuestra religión. Lo certifican algunos partidos como Podemos cuando lanzan acusaciones contra la Iglesia, en algún caso por asuntos que no corresponden a esta ni tan siquiera como hizo la semana pasada su grupo municipal en una rueda de prensa.

Si hay muchas procesiones, molesta, pero otros eventos en vía pública que no reportan nada a la ciudad son bienvenidos. Si se le pretende conceder una licencia de obras al Obispado, también molesta, como si solo por ser Iglesia ya se le tuviera que negar como la extrema izquierda desearía. Si los vecinos de Vallellano plantean un monumento con carácter religioso, también están en contra. De la misma manera está mal para ellos que asociaciones de base cristiana reciban subvenciones porque para Podemos lo correcto es que no se les ayude en sus loables actividades de apoyo a los que de alguna manera están necesitados. La cuestión es echar porquería sobre nosotros los cristianos, crear conflicto y poner palos en las ruedas para que el carro no avance. Parecía que no se podía hacer peor de lo que algunos ya lo hacían pero, créanme, “sí, se puede”.

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