Estamos que ardemos

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Da igual que no sea julio ni agosto, la gente y el ambiente están que arden. Yo lo estoy, tú lo estás, él lo está… muchos lo estamos. ¡Qué calor, chiquillo! Y no solo en el sur de España, zona típica de caldeamiento. El calentamiento global no es un ‘fake’. Los hay que están en llamas y los hay que están muy calientes y la culpa es del nuevo modelo de comunicación: las redes sociales.

Sí, las redes, un foro en el que basta conectarse para que le suba a uno la temperatura hasta que le hierva la sangre, un foro en el que la crispación está a la orden del día, entre amigos y entre familiares incluso. También entre desconocidos que tienen amigos comunes en Facebook y en cuyo muro discuten o discutimos, me meto yo también.

Porque he de reconocer que caigo fácilmente en la tentación. Me tocan las palmas, tras tras, y malamente, acabo muy malamente porque entro al trapo que ni un Miura. Y es que en las redes todo es provocación, tirar de la lengua al que está enfrente leyendo, polemizar… son un horno de leña encendido en el que gustosamente metemos muchos nuestro pan de cada día y nos enfrentamos. Ya sea por asuntos de política, por asuntos de fútbol o por cualquier historia que esté de moda y nos toque de cerca o de lejos, eso da igual, la cuestión para algunos es discutir.

Y resulta gracioso, siempre discutimos los que no llevamos ninguna ganancia en la disputa y sí mucho que perder. Como poco, nuestra paz y en ocasiones amistades. En ese sentido, los que estamos pelea ‘parriba’ y pelea ‘pabajo’ en Internet somos de género tonto. Es como quien discute y hasta se pega por un partido de fútbol. ¿Qué gana? Los que cobran y se llevan la gloria son los jugadores. Pues con los enfados por la política en Facebook pasa igual, y así con todo.

Bien pensado, no merece la pena perder los nervios y que le den a uno el día porque fulanito ha escrito en Facebook no se qué. La opinión es libre, claro, todos queremos expresarnos, pero hay quien lo hace soltando mentiras u opiniones malintencionadas que soliviantan al más calmado. Y lamentablemente las redes sociales son el basurero donde vamos a depositar nuestras emociones y nuestras peores maneras cuando algo nos ofende. Un lugar en el que con el nombre propio o bajo un nick soltamos todo lo que a la cara no queremos decir y menos mal que es así, porque si también perdemos la educación en persona, ¿qué será de nosotros?

Así, las redes sociales hacen que muchos nos transformemos en lo que no nos gusta ser (o sí, vete tú a saber), en lo que no somos (o sí, quizá) para despacharnos gustosamente como cuando alguien se salta el ceda al paso con el coche y nosotros tenemos que frenar bruscamente y echamos por la boca uno o varios exabruptos, con la diferencia de que lo dicho en redes queda a la vista de todos. Mal asunto entonces.

Y luego están las redes de ligoteo, las aplicaciones. Ahí también arde la gente, de otra manera, claro. Y es que estas redes sociales han puesto más fácil que nunca calentarse aunque más difícil que siempre amar. Ahí sí que la educación brilla por su ausencia y hay quien se piensa que trata con ganado al que puede utilizar para el placer en vez de con personas que simplemente quieren ampliar su círculo de amigos o conocer a un posible compañero para la vida. Aunque esto sea más una utopía que otra cosa.

En conclusión, que estamos todos muy preocupados por el calentamiento del planeta, lo cual no es nada desdeñable, pero quizá debemos prestar más atención y poner remedio al calentamiento de nuestros nervios, nuestras formas y de nuestras relaciones.

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