El día de la muerte


Cuando ellos se mueran pueden irse con sus muertos de la manera que estimen, que yo me iré con los míos también como me apetezca el día que llegue mi hora. Y cuando mi hora sea en punto que mis muertos me esperen rezando y orando me dejen ir mis vivos, que me den la unción de enfermos y en paz camine a la Vida sin que nadie en esta que dejo me obligue a morir sin Dios.

Porque eso es lo que pretenden quienes han abierto el melón de los curas en los hospitales públicos queriendo privarnos de su asistencia postrera, despojarnos de Dios y de su Iglesia, a los que odian y a los que quieren eliminar de cualquier lugar público como si lo público fuera el espacio privado de ellos, y despojarnos de Dios cuando más falta nos va a hacer a los que gozamos de la salud de la fe. Esta gente de Compromís y los que piensan como ellos, la izquierda, ya lo sabemos, iguala siempre por abajo, por eso redistribuye tan bien la pobreza y quiere redistribuir también ahora la ausencia de Dios. Ya sea en los colegios, ya sea en los hospitales.

Si no tenemos Dios todos, que no haya Dios para nadie, es su pensamiento autoritario. Y quienes quieran tenerlo, que lo tengan en casa, sin que se les vea, por supuesto, aunque seamos mayoría los españoles católicos. “Quien quiera vicios que se los pague”, han llegado a decir tildando de forma tan fea algo tan íntimo, vital, delicado y sagrado para muchas personas como el sentimiento religioso cuya violación es delito. Son predicadores del odio contra predicadores de amor, creadores de guerra contra dispensadores de paz a los enfermos en los centros sanitarios. Su pensamiento si es sectario.

Me contaba una buena amiga que un puntal de su vida se fue oyendo rezar el Ángelus junto a ella. Rezando despedí yo a mi abuela va a hacer ahora dos años en su habitación y así tenemos derecho a que nos despidan todos los que somos creyentes y costeamos también los hospitales públicos en los que previsiblemente moriremos. Por eso hemos de hacer valer nuestro derecho a recibir la visita de un sacerdote que nos acompañe en esos momentos cruciales en los que vamos a dejar este mundo o simplemente cuando estemos enfermos y necesitemos aliento.

Un sacerdote como aquel que en alguna ocasión nos devolvió la vida cuando llegamos como muertos a su confesionario. Un sacerdote que, no se le olvide a nadie, solo entra en la habitación de hospital cuando se le requiere y se le permite pasar. Que solo ofrece consuelo sin imponerlo. Nadie está obligado a conversar con él o a escuchar su oración ni recibir la unción, pero que no nos obliguen tampoco a los católicos a prescindir del sacramento y la compañía que viene a ofrecernos y que tanto bien nos hará en esas horas difíciles a los que estemos enfermos y a nuestras familias.

Dicen estos radicales valencianos que con el dinero de los capellanes de hospital se puede contratar a médicos y enfermeros. Populismo y demagogia es su especialidad. No saben que los curas son médicos y enfermeros del alma. A mí se me antoja que para contratar más médicos y enfermeros, por ejemplo en Andalucía, que es donde vivo y lo que me afecta más directamente, el PSOE puede devolver el dinero de los ERE. Y sí, todos los demás que hayan robado lo tendrían que reintegrar en sus territorios, me da igual qué siglas sean las del partido aunque lo ocurrido en mi comunidad autónoma es incomparable con cualquier otro caso. Eso daría para muchos médicos y enfermeros. Y si me va a acusar alguien de ser demagogo y simple, le diré que exigir eso no es demagogia sino justicia. Que la cárcel y, sobre todo, las inhabilitaciones no sirven para nada.

Pero volviendo a la petición de acabar con los sacerdotes en los hospitales, no es otra cosa que recortar derechos, arrinconarnos y sacar a Dios de nuestras vidas. Eso es lo que se pretende, en definitiva. Habrá que ver qué camino toma el nuevo Gobierno en este sentido, ya sabemos sus ideas sobre el Catolicismo, y estar vigilantes ante los que desean que los católicos seamos ciudadanos de tercera. Dios tiene que estar para quien quiera en lo público porque lo público es de todos. Quien lo desee que recurra a Él y quien no, que no lo haga, y más a la hora de nuestra muerte. ¿O es que también en ese extremo de la vida quieren decidir por nosotros privándonos de la libertad? Estaría bueno que así fuera, acabar con la libertad utilizando a la misma libertad como argumento. No deja de ser un chiste retorcido de humor muy negro.

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