Los veranos de León


No es la España de los 80. No estamos atrapados en un verano azul eterno en la playa de Nerja. No es la historia de un viejo pescador con barbas, ya jubilado, al que le gustaba tocar el acordeón en un destartalado pesquero varado en lo alto de la cima. No es La Dorada 1. No está Piraña a rebufo de sus colegas. Ni Bea, ni Javi, ni Quique. Es verano, sí. El segundo. 

Las bicicletas se cambian por impagos; los cuadros de la solitaria Julia, por mentiras; y las excursiones, por embargos. Esa es la realidad de Los veranos de León. No es Chanquete en la arena nerjeña contando anécdotas a los muchachos. Es el constructor de las mentiras enterrando un club a través de un relato de engaños. 

Es el segundo verano y La Dorada 1 ya huele a muerto. Chanquete muere entre las lágrimas y el mar lo acoge. Es el segundo verano y va a ser el definitivo. León ha destrozado en tiempo récord un club saneado. 20 millones de mentiras gastadas en comprar voluntades. No hay nadie quien lo crea salvo plumas pendolistas o intereses creados. Lo insólito del mundo del fútbol lo ha conseguido en apenas año y medio. Es el segundo verano de León. El segundo, y va ser el último. 

En Verano Azul había un niño con sobrepeso, un tragaldabas al que se le jaleaba su amor por la comida, y un pandillero llamado Pancho. Aquí hay una cohorte de cómplices que van a firmar el final trágico. Las normas están para ser cuestionadas, nos enseñó la serie, para pelear por lo que es justo y nuestro. “Del barco de Chanquete… no nos moverán.” Había barco y era de ellos. El cordobesismo se duerme mientras le dejan sin herencia. Los veranos apocalípticos de León roban ilusiones y matan sueños. Es el segundo, y ya no habrá más. 

Julia pintaba cuadros y departía con Chanquete. Las gracias de Tito no son las de este. No deja de sonar la melodía constante “¿pero, tú eres imbécil?” del padre al hijo. Los veranos de León hilvanan mentiras, topes salariales, impagos y promesas incumplidas. El constructor de la UEFA embarga verdades y envía amenazas. No da para más. Su tiempo ha acabado, como lo hizo la serie.  

El silbido de la música de cabecera con bicicletas en movimiento nos lleva a 1981. El verano siempre es azul en Nerja. El segundo verano leonino aumenta lo trazos negros. La magnifica ficción da paso a la cruel realidad. Vividor del infortunio social de González, tiene al club embargado en una situación límite. Casi 40 años después, Verano Azul vuelve. 65 más tarde, el Córdoba C.F. es empujado al abismo por quien, además de haber demostrado insolvencia en pagos, es el peor gestor de su vida. La historia será justa. Esperemos que no sea tarde.