La mano de obra que no se encuentra


El fenómeno de la falta de mano de obra además requiere un análisis transversal y aplicar soluciones con un carácter multidisciplinar

Trabajo de fortificación de los zapadores./Foto: LVC
Trabajo de fortificación de los zapadores./Foto: LVC

Los recientes datos del desempleo, a pesar de las lecturas triunfalistas del Gobierno, siguen mostrado incluso con sus maquillajes semánticos una realidad que coloca a España a la cabeza del desempleo en Europa. Hemos superado a Grecia, que es mucho superar. Con más de tres millones de parados nuestro país se enfrenta a una curiosa paradoja que aún no ha merecido ninguna medida por parte de un Gobierno que por boca de la inefable ministra de Trabajo – su capacidad intelectual es solo gestual- despacha el asunto con lo que es propio del populismo: una solución simplista y de lema adolescente para algo tan serio como es la falta de mano de obra para cada vez más sectores.

Yolanda Díaz, que ha dicho que los empresarios pagan poco y mal, es claramente la peor titular ministerial para este y otros problemas estructurales del mercado laboral y productivo español.

El fenómeno de la falta de mano de obra además requiere un análisis transversal y aplicar soluciones con un carácter multidisciplinar que aborde no solo cómo está el mercado en sí, sino qué formación han recibido los futuros trabajadores  que ahora no se encuentran y cuanto han cambiado los trabajadores  en la actualidad en cuanto a prioridades y modos de desempeñar su labor o no.

Convendría poner en entredicho las políticas feministas, que tanto se quejan del heteropatriarcado, cuando se comprueba que las mujeres rechazan trabajar en la construcción, uno de los sectores que más están padeciendo la escasez de obreros. La igualdad feminista, según y cómo les interese a las implicadas.

La mayoría de empresarios y sindicatos que abordan, con mayor o menor seriedad, este problema, coinciden en la falta de formación, algo que no es nuevo pero que en este siglo, cuando la tecnología ha cambiado tanto nuestras vidas, se hace más patente. Y no porque no se forme a los jóvenes en ella, sino porque hace tiempo que se decidió rechazar la formación en oficios (por cierto elitismo, complejos y erróneos objetivos) que siguen teniendo demanda en el mercado.

Es particularmente llamativo, en este sentido, cómo están actuando las universidades en la formación y condenando a las generaciones con títulos pomposos pero inútiles para el mercado laboral. Se hizo viral esta semana el tuit de una chica que en su trabajo  de fin de grado en Sociología había dedicado el esfuerzo en analizar el trato de los personajes LGTBi en la serie “Aquí no hay quien viva”. Obtuvo sobresaliente. Y pasará la aplicada alumna al limbo de desempleados que no tienen nada que aportar a una sociedad que, como siempre, demanda lo que realmente necesita.