El patrimonio que nos sostiene


Si por algo destaca nuestra capital es lo que ofrece al turista y a la propia ciudad y provincia.

Torre de la Catedral de Córdoba./Foto: Cabildo
Torre de la Catedral de Córdoba./Foto: Cabildo

Esta semana se ha celebrado en Córdoba el I Congreso Internacional de Gestión Turística del Patrimonio Cultural y Natural en Destinos de Interior con una importante participación de investigadores y auspiciado por la Universidad de Córdoba, y organizado por  el Centro de Análisis y Prospectiva del Turismo de Córdoba (CAPT) y la Cátedra de Turismo Cultural y Patrimonial de la UCO.

Durante dos días Córdoba se ha convertido en un foro en el que a través de distintas líneas temáticas se han abordado asuntos como la preservación, conservación y valorización del patrimonio hasta la inteligencia artificial y robótica aplicada a la gestión turística del patrimonio cultural y natural, pasando por el mercado laboral y la profesionalización del sector o la gestión del talento.

Un congreso que no hubiera sido posible sin la colaboración público- privada, que por otra parte ha estado presente en casi todos los temas abordados en este encuentro académico.  Aunque algunos de los ponentes ponían como ejemplo el Palacio de Viana en lo que a la gestión privada se refiere (la Fundación Cajasur ha sido uno de los patrocinadores de este evento) no cabe duda que además del número de patrimonios que Córdoba atesora, si por algo destaca nuestra capital es lo que ofrece al turista y a la propia ciudad y provincia. Y la gestión de la Mezquita Catedral es el ejemplo más claro de ello.

Ha coincidido la celebración de este congreso con la esperada reapertura de la torre campanario de la Catedral tras los casi más de 600 días cerrada al público debido a la pandemia. En tan solo unos días ha supuesto un nuevo empuje – y atractivo- para centenares de visitantes. En su momento la visita nocturna de la Catedral fue y sigue siendo un valor añadido para la tan demandada y necesaria pernoctación de turistas en nuestra capital. Algo que no se corresponde en muchas ocasiones con la oferta pública, incapaz de ponerse de acuerdo para un espectáculo determinado o una oferta sostenida y competitiva que actúe en un mercado, el turístico, en el que muchas capitales y provincias están ya trabajando en el perfil del nuevo tipo de visitante que ha surgido tras las restricciones sanitarias, adecuando la demanda para no perder ese tren. Sin hacer referencia al injusto trato que un motor de primer orden cultural y religioso como nuestra Mezquita Catedral se ve sometido desde la política- y por tanto desde lo público- en taimadas estrategias que buscan más el interés pecuniario/ideológico que el estrictamente turístico y de servicio. Un ruido innecesario para una ciudad que ve cómo se incrementa la oferta cultural con iniciativas como la de la Fundación Caja Rural del Sur, que recientemente abrió una sala expositiva y de conferencias con una estupenda muestra de la familia Romero Barros.

Uno de los enfoques que ha alumbrado el reciente congreso académico ha sido el de la tan traída y llevada sostenibilidad, quizás por atender esa biblia civil que es la Agenda 2030- y de la que debemos dudar de sus propósitos infalibles– aunque sin menoscabar la  atención al inhabilitado sentido común y al trabajo bien hecho y generoso de instituciones, empresarios y técnicos que llevan mucho tiempo cuidando y ofreciendo el patrimonio. Porque la sostenibilidad más cierta es la que el propio patrimonio nos ofrece no solo en lo cultural, turístico y económico, sino también para nuestra identidad y herencia.

La que encuentran los visitantes occidentales en el primer monumento de Córdoba, una verdadera lección histórica de dónde venimos y lo que se ha logrado. Y cómo mantenerlo para las futuras generaciones.