El miedo


Tienen miedo a que las consciencias despierten, a que se pueda optar libre e informadamente por otras alternativas.

Teresa Rodríguez en la clínica abortista / Foto: Europa Press
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Teresa Rodríguez en la clínica abortista / Foto: Europa Press

Cuando la podemita Teresa Rodríguez se plantaba este miércoles frente a la clínica abortista cordobesa en la que horas antes se habían instalado un grupo de voluntarios a rezar, dijo hacerlo en defensa de los derechos de las mujeres. Agregó que “bastante mal van ya ellas  que además tienen que darles tranquilizantes cuando se encuentran con los grupos de rezo”, y criticó lo que ella considera un “acoso de grupos ultracatólicos”.  Un derecho el que defiende Rodríguez, por tanto, que no ejerce un  bien a las mujeres, que hacen uso de él con carga y sufrimiento.  Cuando en el pleno municipal pasado la portavoz de VOX en Córdoba usó en varias ocasiones la palabra ‘abortorio’ fue advertida por la portavoz socialista y la de Podemos porque utilizando esa palabra ‘les estaba faltando al respeto’. Como mucho podía haber sido advertida por el académico Pérez Reverte, ya que la palabra no se recoge en el diccionario de la RAE, pero definir ‘abortorio’ a una clínica donde se practican abortos no es una falta de respeto sino un ejercicio de adjetivación. ¿Por qué se sienten ofendidas estas concejales? ¿Por qué en la bancada de enfrente lo ven de otra manera como Teresa Rodríguez habla, con la vena del cuello hinchada, de calmantes y malos momentos para las clientes de las clínicas? Fundamentalmente porque son mujeres y su biología, más poderosa que la ideología, saben que defienden algo contranatura, contra ellas mismas. Y lo peor de todo es que niegan y tratan de impedir hasta las alternativas, aunque eso depende más de la soberbia y del negocio.

De la soberbia por no querer reconocer ni valorar que en efecto hay alternativas, y muchas, para que una futura madre lleve a término un embarazo y proteja esa vida aunque no desee o no pueda hacerse cargo de su hijo. Del negocio, porque sin duda el aborto lo es. Apoyado por grandes fortunas y respaldado incluso por el lado más oscuro de la ONU -suponiendo que tenga alguno luminoso- y que pretende con ello un mayor control de la natalidad y por tanto de la humanidad. Si no estuviéramos hablando  de una tragedia, resultaría hasta cómico asistir al hecho de que los izquierdistas defienden algo que no es sino producto del capitalismo más cruel y egoísta.

Y además lo hacen con cobardía y prepotencia. La imagen de Teresa Rodríguez frente a esas mujeres que robaban tiempo a sus familias y obligaciones profesionales para rezar ante la clínica abortista demuestra que ellas y ellos, que pueden legislar, necesitan mostrarse como los abusones del patio frente a los más- a priori- débiles: la gente que reza. Ciudadanos como ellos. Contribuyentes para ellos y ellas. ‘Activistas religiosos’, como eran denominados esta semana por parte de la prensa local tan del neolenguaje y la corrección política. 

Y eso solo es producto del miedo. En el fondo saben que no defienden un derecho, sino algo malo, negativo e incluso mucho peor. La única manera que tiene el aborto de triunfar es bajo la imposición, por eso se legisla hasta para que los ciudadanos (que en su derecho de no aceptarlo lleven iniciativas democráticas y pacíficas para mostrar otras alternativas) sean silenciados con una reforma del Código Penal. En una sociedad que cada vez más persigue la objeción de conciencia.

Tienen miedo a que las consciencias despierten, a que se pueda optar LIBRE E INFORMADAMENTE por otras alternativas. Miedo a que la vida se abra paso porque en el fondo, le temen a la libertad.

De todas formas hay otro miedo resaltable y mucho peor: el de aquellos políticos, ciudadanos, sanitarios y docentes que diciéndose cristianos y mostrándose así públicamente, callan ante este silenciado holocausto que se lleva por delante a miles de vidas cada año.