Una cuestión de velocidad


Solo es un ejemplo de obediencia ante el sistema y hacia políticas que no tienen nada que ver con los problemas reales de los ciudadanos

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Si bien se pisó el acelerador para presentar el proyecto de Córdoba como candidata para obtener la Base Logística del Ejército – de manera discreta pero efectiva- es ahora cuando los plazos adquieren otro ritmo que miran a 2026 y que a pesar del enorme empujón que ha supuesto concretar institucional y administrativamente la firma del convenio esta semana, los tiempos, dada la complejidad de las propias instalaciones, toman otros afanes. Lo que está claro es que, como muy bien dijo el alcalde Bellido, estamos ante “la Córdoba del futuro” y esto supone un tremendo motor para el progreso de todos.

Contrasta ese progreso con las limitaciones que el propio Ayuntamiento anuncia en una semana como la de la Movilidad y de cara a la circulación. Si bien ya padecemos una limitación de 30 KM/h que casi nadie respeta – ni se hace cumplir- y que no supone nada más que otro de los muchos brindis al sol europeos para ese nuevo evangelio laico que es la muy sostenible Agenda 2030, ahora para el Casco Histórico se nos anuncia que la cosa quedará  en los 10 Km/h, que es como ir con el coche a punto de calarse, o los 20 Km/h en otras zonas de la ciudad. En pos de la sostenibilidad cada vez más se nos restringe a los ciudadanos no solo de una circulación razonable, sino que se nos trata como si fuéramos adolescentes que no sabemos cómo conducir, o como los agentes contaminantes culpables de todo el cambio climático.

Algunas voces críticas apuntan a China como beneficiaria de estas políticas de sostenibilidad y dogmas de fe ecologista de una Europa que abraza todos los postulados de los nuevos papas laicos, que nos quieren sin dinero en efectivo, sin coches que circulen, sin carne para comer y sin nada más que no salga en forma de papilla de las plataformas televisivas y redes sociales controladas por ellos.

Esta restricción de los límites de velocidad que ahora hacen suya los ayuntamientos españoles – también el nuestro- solo es un ejemplo de obediencia ante el sistema y hacia políticas que no tienen nada que ver con los problemas reales de los ciudadanos. Todas se presentan con un cartel con lazo – sostenible, ecológico, transversal, solidario- pero solo son a la postre una limitación de derechos y una totalitaria – pero fina- manera de quitarle la responsabilidad adulta a los contribuyentes.

Bien haría nuestro gobierno municipal, en vez de preocuparse por los límites de velocidad, por tener mejor adecentados y cuidado los carriles bici, ya que de movilidad sostenible se trata- y ordenar correctamente despropósitos semafóricos como el de la glorieta donde confluyen los vehículos que circulan por la carretera del Aeropuerto y los que vienen de Ciudad Sanitaria y en el que al menos sobra un ceda al paso y un número de surrealistas atascos. Esto,  por poner un ejemplo concreto de a lo que se debe dedicar la movilidad de una ciudad.

Sobre todo de esta ciudad que ya está en la pista de despegue económico pero a la que se quiere dócil y limitada para no alterar las agendas globalistas.