Un bulo, a pesar de todo


La izquierda, las almas puras y elevadas, no están en la calle protestando frente a la injusticia de la subida desmesurada de la luz

El diario que lleva por lema lo del periodismo a pesar de todo no realizó periodismo del bueno al dar por válida la versión del atacado en Malasaña, por ser homosexual, que resultó ser falsa. Ayudó sin duda lo declarado por un ministro de Interior y juez, el señor Marlaska, que a estas horas aún no ha presentado su dimisión tras haber pedido responsabilidades a las fuentes que tampoco supieron, presuntamente, hacer su trabajo. O quizá sí, pero como en el caso del periodismo pata negra o del ministro ‘maricón’ – que así fue como lo definió la exministra socialista de Justicia, Dolores Delgado, y recogió en una cinta Villarejo-, no interesaba el dato sino el relato. Los datos desmienten al relato y fastidian el invento de las almas puras que nos gobiernan o nos rodean y nos dicen que hay ataques homófobos por doquier; que ahí fuera hay una guerra y que dudarlo, aunque los datos (oficiales del Ministerio de Interior de Marlaska) digan lo contrario, es motivo de delito. Delito de odio, para más señas.

Algún día deberá llegar un gobierno que despenalice el odio, que es un sentimiento y no un delito. Ocurre que el sentimiento, que no dispone de agravantes ni atenuantes, es el arma perfecta para la caza de brujas emprendida por la nueva izquierda frente a todo aquel que no acepte su discurso. Al igual que la tóxica y manipuladora ley de memoria democrática o la de violencia de género, no son leyes que busquen justicia y reparo sino represión al disidente. Al disidente del discurso izquierdista oficial, claro.

No. En España no hay una homofobia desmesurada, no se mata y persigue a las mujeres por serlo y la guerra la ganaron unos y la perdieron otros. Si ha habido delitos de odio en España en los último 40 años estos han provenido de la  extrema izquierda y del nacionalismo, no de la derecha. Un odio con muertos encima de la mesa. Muchos, incluso niños. Un odio perpetrado con sangre por los que ahora son socios de Gobierno del socialista Pedro Sánchez. Y esto conviene recordarlo mucho y repetirlo más.

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No son los homosexuales ni las mujeres las víctimas de una guerra contra ellos en España. No se persiguen a colectivos. No con los datos oficiales en la mano. Sí son tales las víctimas del suicidio, recordados el pasado día 10 de septiembre en su preventivo día mundial. En 2019 fueron 3.679 personas las que se quitaron la vida (datos INE) en España, con un preocupante aumento de jóvenes. Por cierto y por poner la famosa perspectiva de género a la tragedia: 2.718 eran hombres y 900 mujeres.

Otra tragedia a la que aún no se le ha visto del todo la cara es la que va a dejar la pobreza energética a la que está siendo sometido un importante número de españoles, con escandalosos precios en el recibo, que adquieren registros históricos. La izquierda, las almas puras y elevadas, no están en la calle protestando frente a tamaña injusticia sufrida por los más débiles. Ayer sí lo hicieron contra la homofobia. Contra el bulo que todos ellos, a la postre, son y representan. A pesar de todo.