La atalaya moral


Son muchos los años que han pasado desde que la izquierda española se apoderó del discurso moral, estableció un maniqueo concepto de la realidad y la Historia y además no encontró resistencia

Alcántara
Juan Alcántara. /Foto: LVC

El caso del concejal cordobés de Podemos, Juan Alcántara, que se ha visto obligado a dimitir tras ser acusado penalmente por apropiación indebida, invita a realizar diferentes lecturas que ponen de nuevo sobre la mesa algo que padece en general la sociedad y en concreto determinados sectores ideológicos: un doble rasero para medir las cosas.

Antes también sería oportuno realizar el apunte, quizá anecdótico o posiblemente no, de que con ésta es la quinta dimisión que por un motivo u otro se produce en el actual mandato municipal de PP/Ciudadanos con al alcalde Bellido al frente. Nunca antes, en la historia municipal democrática,  se había producido tal circunstancia y es posible que este mandato en un futuro también sea recordado por ello.

Pero retomando el asunto Alcántara, quiso el destino que la detención del edil y conocimiento de su caso por la opinión pública sucediera un martes 4 de mayo, en el que la comunidad de Madrid decidía su futuro en las urnas tras una bronca y polarizada campaña donde hubo mucho de superioridad moral, desprecio hacia los que no participan de un discurso determinado e incluso agresiones físicas a un partido político (Vox).

Una actitud despreciativa y acusadora hacia los ciudadanos que han optado por Ayuso que ha continuado por parte de los perdedores, sobre todo el PSOE (y Carmen Calvo en concreto), tras el resultado electoral. Nada nuevo, de todas maneras. Son muchos los años que han pasado desde que la izquierda española se apoderó del discurso moral, estableció un maniqueo concepto de la realidad y la Historia y además no encontró resistencia ante eso que ahora se llama relato y que no es sino manipulación interesada de la realidad. La prueba la tenemos en que se ha aprobado una ley de la eutanasia y prácticamente no ha encontrado oposición en la calle ni en los medios ni foros científicos.  Imagínense no obstante otro gobierno de signo distinto y que  decidiera acudir a algún conflicto armado aunque fuera en misión humanitaria: arderían las calles. No solo se han apoderado del discurso moral sino que también manejan  a sus afines para la agitación. En ese sentido el manual marxista sigue en vigor y perfectamente aplicado.

Sin alejarnos de los que nos ocupa, (el ámbito municipal), a la ex – edil Eva Timoteo (Cs) se le solicitó la dimisión por parte de la izquierda- y por un error administrativo, que no penal- desde el primer minuto. Y finalmente Timoteo se marchó. A Alcántara sus compañeros lo han tratado, desde luego, con más cariño. Con el mismo que merece cualquiera que comete un error. Ocurre que es tan evidente la metedura penal de pata del ex edil que no tenía otra salida que su marcha. Tuvo que ser la dirección regional la que ejecutara tal medida porque aquí estaban con los paños calientes. El mismo que pedía dimisiones hace un mes no la contemplaba para sí mismo. La izquierda tiene derecho a equivocarse y sus errores siempre tienen una excelente justificación. Lo hemos visto en la Andalucía de los lupanares, el dinero robado a los parados y la cocaína. Como también vimos en su momento el precio que pagó Cifuentes (PP) por el hurto de dos botes de crema para la cara.

Deberá algún día la derecha y gran parte de la ciudadanía reaccionar y no permitir este manejo de vidas, almas y haciendas por parte de quienes se creen mejor solo por pensar de una determinada manera. Quizá el resultado electoral de Madrid se haya producido en parte como respuesta a esa atalaya moral de pies de barro y vergüenzas ocultas.

Y por no perder la perspectiva local: si el zuncho ilegal se lo pillan a Bellido en vez de a Isabel Ambrosio, a estas alturas estaríamos hablando de qué  breve fue nuestro alcalde.