Vamos a lo que importa de verdad


Viene todo esto a colación por los distintos espectáculos a los que asistimos desde ámbitos tanto nacionales, regionales o locales, más visibles y dolorosos si cabe por la propia crisis sobrevenida

Son varios los padres a los que se le atribuyen la frase de que “la política es el arte de lo posible”, pero en España quedó también dicho, corregido y demostrado que es justo lo contrario, o sea,  ‘el arte de lo imposible’. Y todo esto suponiendo que las nuevas generaciones de políticos tuvieran la formación intelectual y humana suficiente como para apreciar el arte o dotar de sentido artístico su labor, que sería mucho pedir.

A la ahora interesadamente denostada Transición, aborrecida por los nuevos comunistas que son tan viejos como el propio comunismo, se le podrá achacar imperfecciones, desvaríos, errores y frágiles componendas, pero no que fue llevada a cabo por unos hombres que llegaron a la política, o ya estaban en ella, con una elevada formación intelectual en muchos casos o con un sentido de compromiso, de nación y de futuro que nada tienen que ver con la cultura de la inmediatez, la frivolidad y la fácil indecencia que ejercen nuestros políticos de ahora. Han transcurrido así mismo los años suficientes para hacer de la política profesión y no servicio, un sentido este último que también estuvo muy presente en la época española que trajo la democracia actual.

A pesar de todo, sería injusto no observar lo sacrificado del ejercicio político por el tiempo empleado, la exposición pública y el desgaste que conlleva. En las agendas de un concejal de cualquier localidad pequeña o en la de un diputado en Cortes no suele haber horas libres ni páginas vacías. Lo malo de ello es que se empleen en asuntos que nada tienen que ver con la gente que los vota o las circunstancias a las que deben enfrentarse como representantes públicos. Y son muchas las veces que el ciudadano tiene esa sensación: la política es el arte del circunloquio, la endogamia y la irrealidad.

Viene todo esto a colación por los distintos espectáculos a los que asistimos desde diferentes ámbitos tanto nacionales, regionales o locales, más contrastadamente visibles y dolorosos si cabe por la propia crisis sobrevenida. Así, mientras unos piden elecciones anticipadas con una voluntad más táctica que obligación necesaria, otros se dedican a salvar su soldada desde formaciones en demolición. Es curioso cómo se ha legislado contra el transfuguismo cuando éste es más palpable, evidente y descarado. Resulta llamativo que se emita un discurso que apele al sentido común y al compromiso y se esté más pendiente de los vientos de las encuestas para romper compromisos rubricados y finalmente, ejercer de lo que todos no disimulan: la hipnosis por el poder. Es realmente deleznable que haya quienes se abrazan mostrando lealtad pero subrepticiamente ya negocien la lealtad de otros. Este es el arte actual de la política. Quizá lo ha sido siempre, pero ahora nos llega en horas de máxima audiencia y por multitud de canales.

A la postre estos servidores públicos- que nadie obligó a figurar en lista electoral alguna- son hombres y mujeres con una responsabilidad y un presupuesto dinerario que la sociedad civil no posee, una sociedad civil que debería exigir, más allá de la cita puntual de las urnas, que tienen que dedicarse a lo que verdaderamente importa y no a las cortoplacistas tácticas de partido y la búsqueda del titular en prensa.

Y lo que verdaderamente importa a fecha de hoy es asistir a los que han perdido su trabajo, su patrimonio y hasta su familia, y trabajar para que cuando la pandemia pase esto no sea un erial lleno políticos con egos intocables que no supieron hacer de lo suyo no ya un arte, sino el más decente de los cometidos para el que se presentaron.

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