Desorientados


Los votantes de centro derecha en general, y que son millones de españoles, caminan entre la desorientación y la desconfianza hacia quienes defienden una cosa y la contraria

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Anda Arturo Pérez Reverte enfrascado, desde su perfil de Twitter, en dar a conocer a los autores clásicos. Y más que a los propios Marco Aurelio, Tácito, Séneca o Salustio, su propósito es mostrarnos lo que estos hombres escribieron hace miles de años. Apuntamos que el académico y celebrado autor quiere ‘dar a conocer’ a estos pensadores porque recordarlos en realidad casi nadie los recuerda: cayeron en el olvido de los sucesivos planes de enseñanza de un país que abrazó las pedagogías lúdicas, inútiles académicamente, pero efectivas en doctrina posmoderna. A la última ley de educación nos remitimos, sin ir más lejos.

Una de las denuncias habituales de Pérez Reverte es que ya no se lee a los clásicos, pues en ellos y sus obras está la naturaleza humana, casi inmutable, y las enseñanzas que de sus reflexiones se desprenden y que serían de utilidad para el hombre contemporáneo. Por explicarlo de manera coloquial: no hay nada nuevo bajo el sol. Y un aspecto que debería preocuparnos y que nos ha mostrado la Historia, además de los autores clásicos, es que cada civilización porta en sí misma el gen de su destrucción. La Roma antigua es un recurrente ejemplo de ello.

En uno de sus últimos tuits , Don Arturo cita a Tácito: “La verdad quedó maltrecha de muchos modos a un tiempo: primero, por el desinterés a los asuntos de Estado. Luego, por el deseo de adular al poderoso o, al revés, por el odio hacia él. Y así, entre hostiles y sumisos, a nadie inquietaba la posteridad”. No es casual esta cita poco después de que el propio Pérez Reverte en la misma red social alabara la condición parlamentaria de un Toni Cantó que desde el estrado de las Cortes  valencianas desnudaba con brillantez y precisión las incoherencias, la demagogia y las vergüenzas de una izquierda y un gobierno cómplice que incendian las calles exigiendo libertad de expresión para un supuesto artista – y delincuente condenado-  pero castiga esa misma libertad de expresión cuando la ejerce alguien ideológicamente opuesto. De derechas o liberal, para entendernos. Si pueden ver la intervención, que se ha hecho viral, no se la pierdan.

Al coordinador autonómico de Ciudadanos en la comunidad valenciana queríamos llegar. Un Toni Cantó que ya demostró una valiente actitud cuando se embarcó en la política rompiendo el consenso progre de su gremio, tan ‘intelectual’, tan ‘combativo’, tan de izquierdas. Solo los actores y actrices y, en general, el mundo de la farándula, conocen mejor que nadie lo que supone significarse políticamente en algo que no sea ser de izquierdas: no trabajar. Tal es la tolerancia represiva- que teorizó Marcuse, entre otros- que se vive en el gremio actoral , en el sector del espectáculo y cada vez más de manera generalizada en la sociedad occidental. Si a esto unimos una clase política  menos instruida intelectualmente y solo dotada de las destrezas que aprenden por los asesores de comunicación e imagen – que nunca les recordaran, por cierto, aquello del memento mori – nos encontramos ante una sociedad manejada por mensajes emocionales, sin capacidad de reflexión, crítica, ni ganas de pensar. Una desorientación de la que también participan los partidos, sobre todo en el centro derecha. Si en frente tienen toda una agenda globalista, deshumanizante, manipuladora y taimada, los partidos de centro derecha andan caminando en círculos, desprendiéndose de cualquier valor que pueda ser tildado de impropio por los adalides de la tolerancia represiva, y moviéndose más por los estudios de mercado/electorado que por principios valientes, válidos e inamovibles. Por eso se agradece, y sorprende, el discurso de Cantó.

Sobre todo viniendo de alguien que forma parte de un partido, Ciudadanos, que está pagando en las urnas y en las encuestas esa indefinición ideológica y táctica que le ha caracterizado en los últimos años. Los recientes resultados en Cataluña, la tierra que los vio nacer, son un descriptivo canto de cisne de lo que pudo haber sido y ya no es. En este sentido, un no menos brillante y valiente parlamentario andaluz y cordobés del partido naranja, Fran Carrillo, advertía en una entrevista (y también en Twitter, claro) que “hemos perdido la confianza de muchos españoles cuando dejamos de defender ciertas cosas. Debemos recuperar el discurso fresco, de denuncia y sin complejos que siempre nos ha caracterizado. Ciudadanos con las ideas claras y los principios firmes. Y volverán a confiar en nosotros”.

Esa pérdida de confianza también la conoce muy bien el Partido Popular: Ciudadanos y VOX son hijos directos de ella. El no superar los 100 escaños también. Sus votantes, los votantes de centro derecha en general y que son millones de españoles, caminan entre la desorientación y la desconfianza hacia quienes defienden una cosa y la contraria, o se dejan los principios en los congresos de partido y las promesas en los programas electorales. Hacia quienes abrazan la espiral de silencio por no ser señalados como el emperador desnudo. Hacia los que no son como Cantó, en definitiva, que sigue diciendo y denunciando exactamente lo mismo que le hizo formar parte de un proyecto y un partido, aunque ese partido en muchas ocasiones no defienda lo que expone con brillantez Cantó.

La moderación y la cobardía suelen ir  unidas de la mano y los réditos de ello son solo a corto plazo. Y las consecuencias pueden quedar explicadas, de nuevo, en otro tuit de Pérez Reverte que muy acertadamente elige de los Epigramas de Marcial y que reza así: “Te gusta que te sodomicen; pero cuando lo han hecho, Pápilo, lloras. ¿Por qué te duele que hagan, Pápilo, lo que tanto procuras? “

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