La Voz, con las cofradías


Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías, presidido por el Señor de la Sentencia./Foto: Jesús Caparrós
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“Costaleros de La Agonía”, 2017 /Foto : Paco Díaz

La semana que termina ha estado marcada por la polémica suscitada al hilo de la subvención municipal para las cofradías cordobesas, con una cuantía menor – casi la mitad- a la prevista, debido principalmente a un aspecto técnico o formal que la intervención – garante a la postre de qué se hace con el dinero de los contribuyentes- ha entendido que debía prevalecer. Si bien este es un asunto que se conoce desde hace meses – ya La Voz se hizo cargo del mismo allá por el mes de junio- todo ha desembocado en una semana de pasión trufada de malestar, declaraciones y valoraciones políticas. Quizá lo que más ha empañado el asunto haya sido esto último, porque casi inevitablemente al equipo de gobierno de PP y Ciudadanos le han llovido las críticas de la oposición que se ha encontrado, casi en bandeja, con un motivo para su labor opositora. Ese  ruido formado en torno a la subvención, incrementado con un duro comunicado emitido por la Agrupación en el que dejaba constancia de que han hecho al respecto todo lo que se le ha solicitado administrativamente,  ha impedido una vez más observar el bosque para quedarnos en los árboles.

Es difícil pensar que un Ayuntamiento como el cordobés no es sensible con el numerosísimo grupo de ciudadanos que conforman las hermandades y cofradías. Y no hablamos en términos estrictamente tacticistas – los hermanos también son electorado- sino lo que en sí mismas significan estas agrupaciones, lo que atesoran, conservan, ofrecen y trabajan. Del impacto socioeconómico que su labor supone ya se dio buena cuenta recientemente en un estudio realizado por Analistas Económicos de Andalucía y encargado por la Agrupación con motivo de su 75 aniversario. Eso por ceñirnos solo al aspecto económico que la celebración de una Semana Santa conlleva y sin entrar en el no menos importante papel evangelizador a través de la denominada ‘fe popular’. Y por supuesto sin valorar lo que es menos conocido de las hermandades y cofradías más allá de la riqueza patrimonial: su dimensión social para con los más desfavorecidos.

Es importante resaltar esto último porque en estos tiempos difíciles- para todos- puede parecer de cara a la opinión pública que una subvención como la que ha suscitado la polémica resultaría un capricho. Y no lo es. Bien es cierto que vivimos en un país en el que el dinero público no siempre se emplea de la manera más justa y ecuánime, pero no es el caso. El hecho de que no se pudieran celebrar desfiles procesionales y que tampoco ello pueda ocurrir este año supone un roto económico tremendo para un colectivo de personas que dedican tiempo, dinero y convicciones – cada vez más ausentes en nuestra sociedad- en salvaguardar un patrimonio cultural y religioso y en atender las necesidades de muchos hermanos. Sobre todo ahora. Tampoco debe ser objeto arrojadizo en política. A la postre tanto unos como otros trabajan para el bien común.

Y seguro que una vez anotados y superados los aspectos formales y los errores que se hayan podido cometer y pase todo lo que ha trastocado esta pandemia las cosas volverán a su sitio, y también se valorará la labor social callada y demasiadas veces invisible  de las cofradías y hermandades que ahora se han visto en el foco de algo que va más allá de lo meramente económico.

Y por cierto: un poco de humildad y paciencia para todos no vendría nada mal.