La iluminación y los allegados


fernando simón navarro
Fernando Simón. /Foto: LVC

Esta semana y con carácter de sorpresa, sin un anuncio oficial, el Ayuntamiento cordobés inauguraba un alumbrado navideño que al menos fuera testimonio de la época en la que hemos entrado. El planteamiento municipal a priori era el de evitar aglomeraciones, lo cual nos indica un mal administrativo muy común por parte de los estamentos públicos: tratan a los administrados como si no fueran mayores de edad. Bien es cierto que con la pandemia asistimos a casos de irresponsabilidad que pueden poner el riesgo la salud de otros – y este siempre es un límite para la libertad individual- pero por lo general, la población española está respondiendo de manera seria y obediente a unas normas que en muchos casos rozan lo absurdo o no responden a criterios unificados cuando la enfermedad y la muerte no entienden ni de improntas ni de comunidades autónomas. No nos cabe duda de que si el Ayuntamiento hubiera anunciado  un día y hora para la inauguración del alumbrado y hubiera solicitado mesura y distancia, los cordobeses hubiéramos respondido como tal. Somos mayorcitos. Exactamente igual de maduros que a la hora de hacer frente a nuestras obligaciones fiscales.

Contrasta ello con la nueva broma que el Gobierno central se ha sacado de la chistera a la hora de establecer normas de cara a las celebraciones navideñas y sobre a quienes podemos visitar y en qué número. Aparecieron los ‘allegados’ ,que pueden ser familiares o no, pero que quedaban al criterio “de la responsabilidad personal”. De repente, este Gobierno se nos volvió liberal y nos otorgó lo que los sistemas democráticos (liberales) garantizan y sobre lo que se fundamentan: la libertad personal. Y tildamos de broma el asunto porque una vez más lo que el Gobierno realiza es demostrar que no sabe qué hacer ni qué decir. Desde haber vencido a la pandemia este verano hasta los allegados navideños y el tránsito no permitido entre comunidades han transcurrido varios despropósitos, una ley educativa sectaria y el asalto al Poder Judicial, que para eso sí que han estado precisos. Ahora se apela a la responsabilidad personal.

Andalucía de momento se ha desmarcado de lo ambiguo del término y ha establecido  criterios más precisos. Y si de prohibir por el bien de la salud de la población se trata, se prohíbe – como en Italia o Francia- sin ambages ni bandazos según las encuestas ni las presiones gremiales. Y la responsabilidad personal se contempla, claro, pero con el argumento incuestionable del bien común, que en este caso son las vidas y la salud de la gente.

Encender las luces navideñas por sorpresa se nos antoja un gesto innecesario de prejuicio sobre unos ciudadanos ya suficientemente castigados sin bares, ni tiendas ni posibilidad de ir a uno de los pueblos que siguen ofertando actividades culturales. A los que, cuando interesa, se les apela  por su madurez y criterio propio y otras se les trata como niños mal educados. Y los únicos mal educados aquí son los que en realidad no tienen la valentía suficiente para gestionar una crisis de la que difícilmente nos recuperaremos una vez superada.