La lucha armada y la desmemoria


Esta semana fallecía Joan Mesquida, que durante el gobierno de ZP ocupó, entre otros cargos, el de director de la Guardia Civil y director general del Cuerpo Nacional de Policía. Mesquida, socialista durante toda su trayectoria política, acabó recalando en las filas de Ciudadanos “tras una decisión meditada y fruto de una larga reflexión” y después de encabezar como independiente las listas de la formación naranja en Baleares en las elecciones generales del 28 de abril. Mesquida, moderado y socialdemócrata, ha dejado un profundo dolor en sus compañeros de partido, que han destacado su talla de ‘hombre de estado’ y su labor política y profesional.

Mesquida, en cualquier caso, formó parte de un gobierno, el de Rodríguez Zapatero, que, vistiéndolo de ‘proceso de paz’, consiguió el ‘alto el fuego’ de la banda terrorista ETA, y la ‘normalización’ de su ala política de tal manera que hoy, también en un Ejecutivo socialista y comunista, Bildu es un puntal en el que se sostienen PSOE y Podemos para poder gobernar. Nunca sabremos los españoles el precio de aquellas negociaciones pero sí cómo lo estamos pagando. Y cómo es el proceso que se está llevando a cabo, que es el de la desmemoria.

Porque Bildu ahora y ETA antes significan lo que significan, ni menos ni más. Pero no lo hacen igual para los nuevos españoles, víctimas de una cuidada campaña de desinformación y un estudiado proceso de manipulación que les lleva a, no sólo olvidar la cantidad de sangre vertida por las pistolas de estos asesinos, sino ni tan siquiera a conocer la verdadera historia  de una de las páginas más amargas de nuestra democracia. Conviene recordar lo que hace algunos años señalaba el periodista José Antonio Zarzalejos en su libro “Mañana será tarde” (Planeta, 2015) en el capítulo titulado ‘Ocho apellidos vascos’: “ A ETA y a EH Bildu no les interesa la historia académica. (…) A ETA y a EH Bildu les interesan los medios audiovisuales y las redes sociales para hacer permear un mensaje superficial y de fácil aprehensión que transforme la perversión en heroísmo; el crimen, en daño inevitable; el terrorismo, en confrontación con el Estado; el chantaje, en colaboración de la sociedad vasca con su propia libertad; la destrucción, en una necesidad de regeneración catártica; a los terroristas, en referentes personales; y a ETA como colectivo, en una forma extrema y martirial de amar el país de sus ancestros”. Nada ha cambiado en los cinco años que han pasado desde este apunte. De hecho, es el propio presidente del Gobierno quien en las redes sociales escribe sobre la ‘lucha armada’.

En la reciente moción de censura presentada por VOX hemos podido comprobar cómo ha calado la manipulación de la verdad llevada a cabo por los medios, el lenguaje y ahora gran parte de la clase política, que en la ‘equidistancia’ y el ‘centrismo’ o la ‘oposición a la extrema derecha’ -como si no nos gobernara un extremismo mucho peor- practican el ejercicio de la desmemoria con una actitud irresponsable y cobarde. Ha sido un excargo de Ciudadanos,  precisamente, quien lo hacía saber en un irónico tuit. Juan Carlos Girauta denunciaba esa perversa actitud de ‘ni con los unos ni con los otros’, que acaba poniendo en un mismo nivel ” a secuestradores y secuestrados” y en definitiva, a los partidos constitucionalistas como  el que él defendió en el Congreso o al PP en comparsas  de los que fomentan la mentira y la tragedia que supone para un pueblo, el español, olvidar su historia y las víctimas que dieron la vida por la democracia que nos ampara.

Otro ejemplo más del trágico resultado de la manipulación histórica y mediática lo tuvimos también esta semana en el programa de Carlos Herrera en COPE, cuando el locutor entrevistó a Narciso Michavila, sociólogo y presidente de GAD-3 al hilo del documental de Amazon “El desafío. ETA”. Han sido 1.200 españoles encuestados para dicho documental y así determinar “el grado de conocimiento que tienen sobre ETA y del estudio lo más llamativo es la ignorancia de los jóvenes sobre esta banda terrorista, incluso ampliando el margen de juventud hasta los 35 años”. Michavila añadía que “seis de cada 10 jóvenes no son capaces de indentificar quién fue Miguel Ángel Blanco, el Espíritu de Ermua o los GAL”. Tampoco saben que el atentado de Barcelona de Hipercor fue perpetrado por ETA. Del mismo modo, llama la atención que “un 30% de los jóvenes” todavía cree que el atentado del 11-M fue obra de la banda terrorista. “No saben que el ministro socialista Ernest Lluch o el funcionario de prisiones Ortega Lara o Irene Villa fueron víctimas” de ETA o que José María Aznar sufrió un atentado, así como el socialista Eduardo Madina. Además, piensan que ETA “mató a más políticos que a militares y guardias civiles”.

Estos son los parámetros en los que nuestra sociedad se educa y  que anestesian a los españoles del futuro. A los que se les enseña por ley una memoria histórica revanchista, falsa e interesada y se les arrebata desde los medios de comunicación y la clase política la indiscutible verdad de que los asesinos, los separatistas y los perversos han contribuido con sangre a convertir a España en un país menos libre, menos justo y con un oscuro horizonte por delante.

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