Lo que se quema es el futuro


Incendios en El Brillante futuro
Incendio en un chalet de El Brillante. /Foto: LVC
Incendios en El Brillante
Incendio en un chalet de El Brillante. /Foto: LVC

Córdoba asiste en los últimos meses a una ola de vandalismo al que no estamos acostumbrados. Bien es cierto que tanto la quema de contenedores como el destrozo generalizado de mobiliario urbano es un hecho tan común que siempre existe una partida presupuestaria en las empresas públicas responsables para hacer frente a ello. Lo malo del asunto es que de generalizado se ha asumido casi como normal. Y partiendo de esa rara normalidad que el vandalismo aceptado posee llegamos a una situación de vuelta de tuerca, de subida de volumen y grados: ya no queda en el contenedor o la marquesina destrozada sino que se atenta contra la propiedad privada y se ponen en riesgo vidas. Porque los incendios de la zona del Brillante no quedan, ni deben quedar, en mero hecho vandálico, sino que su carácter delictivo agrava lo que hasta por algunos pueda ser considerado como travesuras de gente joven.

Podrían sacarse varias lecturas del hecho partiendo de algunas preguntas, pero hay dos cuestiones que destacan: ¿Por qué sólo en esa zona residencial? Y también ¿por qué los causantes son, según parece, gente joven?.

Aunque tanto la Policía Local como recientemente la Policía Nacional han establecido dispositivos para detener a los causantes se nos antoja una puntual solución para un problema de mayor calado. Algo les pasa a nuestros jóvenes – el único detenido hasta ahora ha sido un menor de 17 años- y no parece que eso que les ocurre sea nada bueno.

Desde la psicología social se ha tratado de entender y explicar estos tipos de comportamientos y no solo para su estudio o análisis sino también para su prevención. Una de las hipótesis conocidas es la de la frustración-agresión aunque no siempre la frustración produce agresión. Otras teorías nos hablan del aprendizaje social y en esto son conocidos desde hace años los debates sobre si la televisión, la pornografía o ahora las redes sociales influyen en el comportamiento agresivo de los jóvenes. Asumen como normales las conductas que miran desde niños en la ficción. Sea como fuere, lo cierto es que con el transcurrir de las generaciones también se ha observado un incremento de este tipo de conductas antisociales y no precisamente desde grupos de clase social baja – en los que se supone que existe mayor frustración- sino de una acomodada clase social que se ha encontrado con muchos de los lujos y comodidades que ni sus padres ni, por descontado, sus abuelos, conocieron. Generaciones a las que se les han robado, vía reformas educativas, preceptos morales sólidos que han permitido a la humanidad desarrollarse, progresar, resolver diferencias y construir prosperidad. Familia, tradición, patria, escuela, amistad, nación, religión… no son estamentos infalibles pero sí necesarios como la Historia, sobre todo en Occidente, ha demostrado. Muchos de ellos han cambiado y a otros se les trata de arrinconar. O se utilizan con perversos objetivos. En esta sociedad liquida- siempre socorrido y necesario Bauman- crecen nuestros muchachos. Bien alimentados y con todo casi al alcance de su mano. Pero con una gran incertidumbre de lo que les deparará una vida que siempre es imprevisible. Y sin sólidos principios a los que acogerse salvo los que más allá de una pancarta o un fenómeno viral desde otro continente puedan llegarles para la banalidad del momento.

Es preocupante lo que está ocurriendo con los incendios en El Brillante. Pero más preocupante es la metáfora que se puede ver en todo ello.

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