Córdoba bien se merece una oportunidad


Siguiendo con los pequeños ensayos que venimos realizando con el objetivo de entender un poco más esta ciencia que se llama economía, y extrapolarlo a la economía más cercana, a la de Córdoba, hoy me gustaría compartir dos conceptos que suelen tener demasiado protagonismo en los titulares de los medios de comunicación de forma separada, producción y pobreza, pero que bien merece la pena analizarlos conjuntamente, al estar enlazados como consecuencia del principio causa efecto en mi opinión.

En economía al hablar de producción, extrapolamos este concepto al valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por una economía, por un territorio, en un período determinado, es lo que en el argot técnico llamamos producto interior bruto -PIB-. A lo largo del año, las instituciones económicas nacionales e internacionales, los gobiernos y las comunidades se afanan por recoger este dato para reconocer la situación económica de su territorio, una medida que se traduce en valores de crecimiento o decrecimiento con respecto a periodos determinados, un mes un trimestre o un año. Cuando se habla de PIB interanual lo que se compara es la evolución de la economía con respecto al mismo mes del ejercicio anterior, con ello tenemos en cuenta los comportamientos cíclicos de la economía.

El PIB en nuestro país es analizado por Instituto Nacional de Estadística que a trimestres vencidos informa de un dato que viene siendo calculado según los estándares analíticos internacionales, de manera que sus datos puedan ser extrapolables para su comparación y análisis internacional. A finales del próximo mes de febrero, tendremos los datos cerrados del último trimestre del pasado año, y asimismo conoceremos el comportamiento anual del conjunto nacional y por comunidades. A nivel de datos por provincias tendremos que esperar aproximadamente mediados de año para conocer los datos desagregados.

Para tener un análisis más cercano a la realidad económica de una zona, existe el análisis que conocemos como PIB per cápita, una de las medidas estadísticas que se utilizan para valorar y aproximarse a la riqueza que las personas generan. Se trata de dividir el PIB general de un territorio entre el conjunto de la población de ese lugar geográfico, lo que nos da como resultado conocer la riqueza de la población de ese territorio. Cuando este dato sale, es usual ver en los medios de comunicación el ranking de las ciudades más ricas y más pobres de España. Es evidente que el concepto riqueza/pobreza es mucho más amplio que ésta variable de estudio que, si bien es analizada por los organismos internacionales para reconocer el bienestar de un territorio, es indudable no se debe conjugar de forma aislada y unitaria.

Nuestra comunidad cerrará el año con un crecimiento del PIB del 2,8%, por debajo al nacional que se estima será del 3,2%, pero por encima al 2%, índice por el cual se estima existe crecimiento estable del empleo tan importante y necesario de forma especial en nuestra comunidad. En nuestra provincia se estima que el crecimiento el pasado año, habrá rondado el 2,5%. Según previsiones para el 2017, nuestra provincia junto a Jaén y Huelva crecerán en el año 2017 por debajo a previsión de nuestra comunidad, entorno a un  2,4%, y por tanto también por debajo a la media nacional que se estima se situará por encima del 2,5%.

Si analizamos el PIB per cápita en España, a través del INE sobre datos disponibles al cierre del 2015, la media nacional se situaba en los 23.290 €, dato a extrapolar entre los 31.812 € de la Comunidad de Madrid, y los 16.166 de Extremadura, situándose nuestra comunidad en la antepenúltima posición delante de Melilla, con 17.263 €.

Si buscamos desagregar a nivel provincia, Córdoba según datos del INE a cierre del 2014 era la quinta provincia por la cola con menos PIB per cápita, alcanzado la cifra de los 16.396 €.

A principios de año me sobrecogía un dato, que si bien no ha tenido mucha transcendía en los medios de comunicación locales, particularmente me alarmaba, y situaba a nuestra capital entre los municipios con mayor tasa de población en riesgo de pobreza de España y precisamente entre las capitales de provincia, éramos la primera más perjudicada. La consultora que viene realizando dicho estudio con carácter anual, recoge este estudio a través del análisis de datos del INE y de indicadores sociodemográficos y económicos. Dejando a un lado las posibles lagunas e interpretaciones que este estudio o cualquier estudio pueda realizar, lo evidente es que bajo una simulación económica que viene realizándose desde hace tiempo y donde se introducen y se evalúan todas las poblaciones de nuestro país por igual, nuestra capital destaca por desgracia frente a todas las demás.

Igual de evidente que lo anterior, es señalar que en nuestra capital no vislumbramos en la realidad dicho dato, al menos no lo vemos en el día a día, aunque si bien no lo veamos nosotros, no significa que éste no exista, o lo que es peor, sea la tendencia que se nos aproxima de seguir por la actual coyuntura.

Las estimaciones del mercado laboral, indicador éste que nos ayudaría a reconocer en parte éste dato, estima que en 2017 la tasa media de paro en Andalucía se situará entre el 27,5% y el 28,%, mientras que en el conjunto de España se quedará en torno al 18,5%, y en nuestra capital se situará sobre el 25%. El empleo en nuestra provincia según datos de la Contabilidad Regional de España se concentra de la siguiente forma un 32,25% en el sector de la administración pública, un 29,14% en el comercio al mayor y al menor -aquí entraría los servicios-, un 10,46% en las actividades financieras y seguros, sólo un 10,98% en la industria manufacturera y el resto en el sector primario y construcción.

Córdoba capital está perdiendo posiciones competitivas, las oportunidades de un empleo fuera del sector servicios o de la administración pública son realmente escasas, y no olvidemos que el sector servicios como indicábamos en otro ensayo no genera toda su riqueza en nuestra tierra, si precisamente las compañías que lo ofrecen no están radicadas fiscalmente en nuestra provincia, además de ser un sector técnicamente cíclico, donde la estabilidad impide un empleo estable.

En Córdoba capital, es indudable que no vislumbramos ese índice de pobreza en nuestras calles, pero si es cierto que esa pobreza existe en la falta de oportunidades que exige ese 25% de la población que demanda empleo, una población en muchos casos formado y con experiencia laboral anterior. Nuestra pobreza actual o futura se debe al estar estancados en sectores de atención como son la administración y los servicios, pero con escasa generación de empleo y  desarrollo económico fuera de sí mismos.

Nuestra capital ha tenido y mantiene firmas de inversión mobiliaria importantes, algunas de ellas se constituyeron en Córdoba y después las hemos visto crecer en las principales capitales de España, es decir ha existido dinero que ha buscado refugio más seguro y rentable en este tipo de activos financieros, básicamente porque no han encontrado la oportunidad, la seguridad y la estabilidad que exige cualquier emprendimiento en nuestra ciudad. Por supuesto que nada ni nadie ha de exigir donde ha de invertir un inversor, todo lo contrario, precisamente abogo por ver en mi capital, en mi provincia y en mi comunidad como se consigue atraer la inversión, no sólo la autóctona sino también la foránea, para dilucidar el futuro de nuestra ciudad, de nuestro desarrollo y de nuestro bienestar, porque no olvidemos no hay bienestar sino hay previamente desarrollo económico, y si lo hay sin éste último, antes que tarde, será escaso para atender a una población más numerosa y necesitada cada día. Me gustaría ser tan competitivo para atraer inversores como lo son otras comunidades españolas como el País Vasco, Navarra o Madrid y no soñar, sino vivir con la posibilidad de discutir y negociar todos los años con las empresas que se instalaran en nuestra capital, el número de empleos que van a crear cada año, los proyectos que van a emprender, la innovación que van a poner en marcha.

Pero no hay nada de eso, y en cambio vivimos parece ser en el centro de una tormenta perfecta, donde la clase media media-alta se encuentra empobrecida por la crisis económica y por haber sido la más castigada fiscalmente, -según los despachos de asesores fiscales de nuestra capital vivimos desde hace varios años una apabullante presión del área de gestión de Hacienda, algo inusual en otras ciudades y nunca vivido antes en estos despachos-, con la falta de liderazgo entre los gobernantes que imprima objetivos reales y alcanzables para el desarrollo de nuestra ciudad, fuera de las parchosas ideologías de mitin, con un menoscabo de apuesta decidida de la administración autonómica y central por nuestra ciudad, tal vez por la falta de estrategias claras, reales y concisas por nuestra parte, y finalmente con unas circunstancias externas de la economía, donde los ya más débiles, somos los más propensos a que nos afecte los vaivenes de los mercado. Tal vez el principio de causa efecto se construya desde la definición de un tejido económico que no puede dar más de sí para crear más empleo y desarrollo estable, no se trata de más producción, se trata de otra producción, de no ser así, de cambiar esta tendencia, la probabilidad de acercarnos a los índices de pobreza, o de falta de oportunidad que nos llevaría a buscar el futuro en otros lugares, estarían más cerca de cumplirse.

Pero no quiero, ni deseo y es más me niego a quedarme impávido al ver una ciudad y provincia con una de las quince poblaciones más grandes de España, una población como la nuestra formada por dos universidades de nivel, ubicada en un lugar geográfico determinante para el comercio logístico y excelentemente comunicada, con uno de los municipios con más tamaño de nuestro alrededor para el desarrollo industrial y donde la administración cuenta con importantes extensiones de terreno para emprender, con una provincia destacada por sus sectores agropecuario, y una  ciudad que ha tenido y tiene nombre internacional, me niego como digo, a quedarme observando como todo nos dirige a estar en esas listas, en unas listas que no me atrevo a discutir, pero de las que deseo huir porque en ello va el futuro de mi ciudad y de lo que más aprecio.

Córdoba se merece una oportunidad, una verdadera oportunidad para ser lo que fuimos y lo que deseamos ser, una ciudad de futuro para todos.