Oferta, demanda y locales vacíos en Cruz Conde


La observación es una de las técnicas que cualquier investigador pone en práctica para detectar y evaluar una situación, lo hace un médico en su ejercicio diario, como así lo ponen tantos otros profesionales, entre los que nos encontramos los economistas. Otra cosa es si nuestro diagnostico y/o análisis es el correcto, y finalmente si nuestra prescripción o recomendación es la más acertada para abordar la cuestión en sí.
En las primeras colaboraciones de este espacio que denominamos Economía para todos y que intenta desgranar esta materia aproximándola a nuestra realidad más cercana, aportamos nuestra visión sobre los conceptos origen de ésta ciencia, los conceptos que denominamos oferta y demanda. Ambos conceptos determinan un elemento crucial en economía como es el precio y las variaciones tanto de la oferta y demanda configuraran por tanto oscilaciones en el precio como bien sabemos, oscilaciones que pueden también sufrir la variable precio si consideramos las características del producto o servicio.
Toda esta breve introducción, para abordar una observación que creo, no todos nos estamos percatando, y que desde mi visión, debería darnos a entender un problema mucho más complejo que vive nuestra capital. Contemplar una continua escalada de locales que vienen siendo cerrados en una de las calles premium de nuestra capital como es la calle Cruz Conde debería llevarnos a preguntarnos, qué hay en el fondo de una situación que por el contrario no estamos viendo en otras zonas premium de otras capitales, y que creo estar convencido, no deberíamos achacar exclusivamente a la actual oferta y demanda del mercado y al factor precio como argumentan algunos, para explicar esta situación.
Probablemente leyendo, ustedes se acordaran cómo ha ido evolución esta calle, desde el intenso tráfico rodado de vehículos de todos los tamaños con una acera casi imposible de recorrer y que conllevaba extremar toda precaución posible si ibas acompañado de los más pequeños, a una ampliación de esta acera que si bien no alivio ni mucho menos esta cautela, si permitió que los transeúntes pudieran percatarse con algo más de atención, de los escaparates de los comercios que por entonces pertenecían en su mayoría a pequeños comerciantes, frente a las cadenas de franquicias que por entonces eran minoría. No han pasado más de cuatro años para encontrarnos con la actual fisonomía de una de las calles principales de nuestra capital, y que ha sido tomada por los transeúntes siguiendo las tendencias de las grandes ciudades.
Costo trabajo dar este paso de peatonalización, y para ello hubo que tirar de experiencias como la calle Larios de Málaga entre otras, y argumentar que los problemas o dificultades que hubiera para tal actuación, no podrían ser mayores a otras ciudades, y a los beneficios que conllevaría finalmente. El resultado creo que es evidente, y nadie considera ya dar una vuelta atrás al pasado.
Realizando un análisis, por entonces, la oferta de locales era pequeña y la demanda de comercios, la mayoría de firmas de franquicias, era importante, por lo que, aún cuando estábamos en plena crisis económica, los precios por metro cuadrado eran los más caros de la capital. Precisamente en estos años hubo otro aspecto que ayudo a que hubiera mayor movimiento en el mercado, y fue la desaparición de los arrendamientos antiguos, y que conllevaba que a partir del 1 de enero del 2015 se actualizarán los contratos a la Ley 29/1994 de 24 de Noviembre que había dado prórrogas suficientes para la actualización de los mismos.
El resultado ha sido que a lo largo del 2012 y hasta nuestros días, hemos comprobado cómo esta calle se convertido en un atractivo para el comercio, y teniendo en cuenta los precios que existían, la mayoría de los locales fueran arrendados o comprados en algún caso excepcional, por marcas franquiciadoras.
No voy a entrar hoy en debate de algunos sectores de abogar por el comercio tradicional, frente al comercio de franquicia, dará sin duda para otro ensayo, aunque lo que deseo analizar si está afectando a ambos modelos de comercio igualmente.
En estos últimos meses como indicábamos, hemos visto como ha echado el cierre algunos locales en la calle Cruz Conde e igualmente en otras calles aledañas del centro de nuestra capital. Asimismo, por motivos profesionales sabemos que tras las fechas de navidad y rebajas, los responsables de algunos negocios están anunciando a sus trabajadores el posible cierre, y todo ello tanto en comercios que llevaban poco tiempo abiertos, u otros que formaban parte del tejido tradicional comercial de nuestra capital.
Es evidente que un análisis de los motivos de estos cierres en calles premium, nos debe ayudar a percatarnos de factores que van más allá de lo aparente. Es cierto que el nivel de cierre de comercios se viene produciendo en toda la capital en estos años de crisis, pero que esto ocurra entre formulas comerciales como las franquicias que estudian y analizan de forma pormenorizada el lugar de ubicación antes de abrir, así como cuando llevan a término y cierre un negocio, nos debe plantear otros elementos definitorios a tener en cuenta en nuestro análisis. En mi diagnostico por tanto no puedo quedarse en lo meramente evidente, en el problema de una oferta cara en precio, y en una demanda que no ve rentable su inversión.
El comercio junto al turismo, pertenece al sector servicios, un sector que como conocemos es crucial en la economía y el empleo de nuestra capital. El sector servicios no supervive por sí mismo, como ya indicábamos en otro ensayo. Una sociedad con un peso importante en el sector servicios está expuesta ante los avatares de la economía. El turismo, no debemos llevarnos a engaños, es un sector cíclico y un elemento que hasta podríamos tachar de moda, y lo comprobamos en las evoluciones de los flujos turísticos a nivel mundial, donde es muy complicado mantenerse en las primeras posiciones y sería prosaico por otro lado creer, que esto se mantendrá por siempre.
Mi prescripción es algo más profunda y probablemente transciende a un problema de fondo estructural de nuestro tejido económico, y se basa en la opinión de que si no hay un tejido económico basado en sectores transformadores del sector primario de los que podemos y debemos ser referencia, sino hay un tejido industrial de fabricación o de transformación que a través de un tejido logístico importante aproveche nuestra posición geográfica estratégica, cada día el sector servicios tendrá menos que aportar y será más débil, ya que no pude abastecerse exclusivamente de la generación de economía de sí mismo. Si además comprobamos que el sector servicios está en manos de compañías u organizaciones que se encuentra fuera de nuestra capital, es evidente que parte de la generación de riqueza finalmente sale y se pierde de nuestra ciudad.
Así a mi modo de ver, explico que haya cada día más locales vacios, y no porque los precios sean altos, entiendo por otro lado lo valen, sino fuera así, qué valdrían otros en otras zonas de menor transcendencia o posicionamiento comercial, el precio por tanto se hundiría a nivel general afectando en cascada a todas las zonas.
Pocas iniciativas he visto en nuestra capital de atracción de empresas, más al contrario en todo caso, pero cuando compruebo como regiones como Murcia, o Canarias por citar algunas de nivel medio de nuestro país, se han puesto a desarrollar programas para a atraer a inversores británicos por el brexit, quien lo diría, creo que aún podemos enfrentarnos al verdadero problema que nos atañe. Nuestra capital tiene potencialidades que ha definitivamente poner en valor y para ello ha de actuar de forma inmediata y sin dilación. Iniciativas de captación de empresas existen muchas e interesantes experiencias de éxito, llevadas a cabo por ciudades como Madrid, Málaga o Barcelona entre las mayores. Mi recomendación es clara, aprender de éstas como de otras de menor tamaño se de imponer como un objetivo a muy corto plazo, para poner en marcha aquellas programas de captación que por nuestras características y fortalezas mejor se adapten al objetivo de cambiar nuestro tejido económico.
El tiempo está transcurriendo, y los efectos de una ciudad apagada y sin luz será el fruto de quienes teniendo el deber y responsabilidad de hacer algo, sólo siguen mirando para otro lado.

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