Los sectores de actividad y el paro


La actividad económica se basa principalmente en tres sectores productivos, los cuáles han ido surgiendo y evolucionando a lo largo de la historia de ésta ciencia que llamamos economía.

El primer sector es el denominado  sector primario, y está relacionado por aquellas actividades económicas ligadas con los recursos naturales no transformados, concretamente hablamos de la agricultura, ganadería, la minería y la pesca, así como los obtenidos de recursos forestales, detallando entre otros la silvicultura, la apicultura, la caza, así como la acuicultura en otro orden. El sector primario como ya señalábamos en anteriores ensayos, es el primogénito en la función de la economía de las sociedades, un sector que ha evolucionado y sigue vigente con diferente peso dependiendo del tipo de sociedad en la que nos encontremos, menor importancia en el computo económico en las sociedades llamadas avanzadas, y mucho mayor en las sociedades, contrariamente a las anteriores, denominadas subdesarrolladas.

Cuando se elaboran nuevos productos a través de la transformación física de materias primas o bienes en otros demandados por el mercado, hablamos del sector secundario que abarca todas las actividades fabriles. Entre ellas cabe destacar la elaboración y transformación de alimentos, de la energía, de la maquinaria, del textil, de la electrónica, y un largo etcétera de procesos donde destacan sectores como el automovilístico, el siderúrgico, y el de la construcción, actividad ésta última que por su importancia, algunos economistas la destacan como un sector propio.

La revolución industrial por la mitad del S.XVIII, supuso la especialización y localización de determinadas actividades productivas del sector secundario en algunas ciudades europeas, actividades algunas de de las cuales aún permanecen y superviven hasta nuestros días. Las industrias no están exentas del continuo cambio que supone la globalización de los mercados, al contrario de lo que cabría pensar, son las que están más expuestas a las eventualidades del mercado, por ello cuando un sector industrial evoluciona a los cambios del mercado, el peso de estas economías trasciende de forma notoria en la sociedad donde se ubican. Si consiguen especializarse, adaptarse y posicionarse en el mercado global, dichas industrias son capaces de afrontar con mayor garantía de supervivencia los avatares del mercado. Un ejemplo cercano a nosotros ha sido la transformación y adaptación al mercado global que han tenido que realizar los astilleros de la bahía de Cádiz, una evolución que está permitiendo que sea un importante motor de la economía y el desarrollo de la economía del bienestar en la provincia gaditana.

Por último el sector servicios o llamado terciario, es el sector económico que engloba todas aquellas actividades económicas que no producen bienes materiales de forma directa, sino servicios que se ofrecen para satisfacer las necesidades del mercado, en éste podemos incluir todos aquellos relacionados con el comercio, el turismo, los transportes, las comunicaciones, las finanzas, el ocio y cultura, así como los englobados en los servicios que desde la administración pública y los denominados servicios públicos, -los preste el Estado o la iniciativa privada se pueden realizar-, entre ellos sanidad, educación, o servicios sociales entre otros.

Hay por último un cuarto sector, que desde finales del siglo XX empieza a tener un protagonismo especial, y es el que engloba todas las actividades relacionadas con la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (I+D+i), y que aunque influye en las tres anteriores, algunos expertos argumentan la necesidad de darle un tratamiento específico.

Un análisis somero de ésta clasificación nos lleva a una conclusión evidente, y es que una sociedad equilibrada económicamente en la actual época globalizada, debería tener un peso importante del sector secundario o industrial, así como del sector de la I+D+i, ya que los dos sectores restantes, responderían -salvo por especificidades propias de la sociedad analizada- a atender a estos dos, y por tanto, el peso del sector primario serviría para atender y abastecer las necesidades de dicha sociedad -y no depender demasiado de mercados exteriores-, y el terciario, salvo por la importancia que en dicha sociedad tuviera el subsector de turismo, sería para dar servicios a esta sociedad dependiente del sector industrial y del sector de la innovación.

No existe un modelo exacto de sociedad económica ideal, ya que depende de ello muchas variables internas y externas, pero es evidente que una sociedad con un peso importante como la española en el sector servicios, es vulnerable y por tanto muy dependiente de los ciclos económicos, donde como observamos acaban influyendo en las fluctuaciones en el empleo, y donde además se puede ver afectada por la estabilidad nacional e internacional.

Según datos del INE al 2016 el peso de los sectores económicos ha pasado del 11% (S.Primario), 34%(S.Secundario), 8,8%(Construcción), 46,2% (S.Servicios) en el año 1970, al 2,5% (S.Primario), 17,1%(S.Secundario), 5,5%(Construcción), 74,9%(S.Servicios) en el 2015.

Esto ayuda a explicar el paro que tenemos en nuestro país, del que hemos tenido en estos días nuevos datos desde el Servicio Público de Empleo Estatal, siendo positivos, no son suficientes para cambiar nuestra posición de cola en el ranking de desempleo de Europa.

Si desgranamos dichos datos señalar que de los 3.720.297 de parados existentes en España, un 24,48% corresponde a nuestra comunidad, habiendo aumentado 8.206 más parados con respecto al mes anterior por efecto de las contrataciones estivales que han acabado, aunque la evaluación interanual es positiva ya que son 86.486 parados menos si lo comparamos a septiembre del 2015 en nuestra comunidad.

En nuestra provincia tenemos aún 85.089 desempleados, un 9,3% sobre el total de nuestra comunidad, de los que un 45% corresponden a hombres y el resto a mujeres, y de los que sobre el total, un 12% corresponde a menores de 25 años.

Tratar de erradicar esto conlleva la corrección de medidas más estructurales que coyunturales, es decir es necesario el desarrollo de estrategias que conlleven la atracción hacia nuestras sociedades de nuevas empresas de los sectores productivos y de innovación de los que dependan en mucha menor medida los ciclos económicos, donde siempre veremos, queramos o no, estas variaciones en el desempleo si seguimos sólo apostando por los otros sectores tradicionales. Nadie puede obligar que un empresario dependiente de estos ciclos económicos tenga la obligación de contrataciones indefinidas como he escuchado estos días, sólo esto se puede producir si nuestras empresas  estuvieran en sectores de peso como indicábamos de la industria o la innovación.

Cambiar nuestro tejido empresarial no es una falacia, es una necesidad que urge emprender de forma inmediata en nuestro país, en nuestra comunidad, y en nuestra provincia.