Un punto de avance, las sociedades


La evolución del comercio, según los historiadores podemos datarla desde el año 3.000 A.C. allá por las riberas del gran Nilo, en una civilización avanzada que evolucionaba del simple trueque, a la capacidad de comercializar los productos de los que era excedentario o se había convertido en experimentado elaborador.

Podemos por tanto establecer tres etapas en la evolución del comercio y por tanto en el origen de las sociedades mercantiles, una primitiva basada en los sectores básicos de supervivencia como son la agricultura y la ganadería que se regía principalmente por el trueque en la mayoría de los asentamientos existentes en ese momento, y cuyo primogénito objetivo no era otro que satisfacer las necesidades de supervivencia básicas.  La capacidad de elaboración de productos o servicios específicos y/o la abundancia de estos, unido al nacimiento de la unidad de cuenta que simbolizaba o representaba el valor de ese producto o servicio –lo que se denominaría más tarde moneda-, supuso una  transformación de las relaciones comerciales entre los pueblos.

Una segunda etapa, ya comentada en anteriores ensayos, podemos fecharla entre el siglo V hasta el inicio de la revolución industrial, donde con el surgimiento ya de la moneda, se establecen las normas mercantiles y por tanto la regulación del comercio, un comercio que evoluciona a sectores productivos diferentes a los tradicionales.  Con la revolución industrial iniciada en el Reino Unido a mediados del S. XVIII, y posteriormente expandida al centro de Europa, nacen las primeras grandes ciudades las cuales se desarrollan la mayoría de ellas hasta nuestros días.

En la actualidad, la actividad comercial se sustenta en zonas con alta capacidad de industrialización y de desarrollo tecnológico, donde la internacionalización ha avanzado a pasos agigantados como consecuencia de la velocidad y seguridad de las redes de comunicaciones tanto virtuales como digitales.

Es evidente por tanto, que aquellas regiones donde ha existido, y existe aún un complejo entramado de comercio -ya que han sabido adaptarse a las nuevas circunstancias de un mundo más globalizado sin verse deterioradas económicamente/socialmente-, son sociedades prósperas donde existe una alta capacidad de oportunidades de bienestar para sus miembros.

Recientemente el Instituto Nacional de Estadística ha detallado el número de sociedades mercantiles en nuestro país, facilitando los datos por comunidades autónomas y por provincias. Bien, ¿dónde nos encontramos?.

El pasado mes de julio el número de sociedades mercantiles constituidas en Andalucía aumento un 2,2% por ciento en relación con el mismo periodo de 2015 hasta llegar a las 1.388, alcanzando desde el inicio del año 2016, las 10.816 empresas con un capital desembolsado de 480.847 Miles €, lo que supone un 16,51% de todas las sociedades constituida a nivel nacional, y un 12,65% con respecto al total del capital desembolsado por estas sociedades que alcanzo la cifra de los 3.802.268 Miles € en nuestro país.

Las provincias de Málaga y Sevilla encabezan las provincias con mayor constitución de sociedades, con 3.643 y 2.590 respectivamente, – en nuestra comunidad una de cada tres se constituye en la provincia de Málaga, y una de cada cuatro en la de Sevilla-. Sólo entre ambas provincias suman el 54,23% del total de capital desembolsado por estas nuevas sociedades constituidas en nuestra comunidad.

En nuestra provincia se han creado desde comienzo de año, 718 nuevas sociedades mercantiles, lo que supone un 6,64% del total creadas en nuestra comunidad, habiéndose desembolsado como capital 58.518 Miles de Euros, una cifra cuantiosa, pero que tan sólo representa el 12,17% de toda nuestra comunidad. Sólo Huelva y Jaén en nuestra comunidad, se encuentran por debajo de estos índices.

Si bien cualquier dato en ésta dirección son datos positivos, es cierto que nuestra comunidad sigue por debajo a los ratios de sociedades constituidas con respecto a las comunidades más prosperas como País Vasco, Madrid, Cataluña o Comunidad Valenciana.

No hay comparación posible entre la inversión privada y la pública, pero se ha de destacar que frente a la segunda que depende de nuestros impuestos, de los impuestos de los trabajadores y de las sociedades, la que supone un balón de oxígeno para el desarrollo económico y bienestar de las sociedades es la que desarrolla el empresario/s que arriesgando su posición económica y social decide dar un paso comprometido, pero esperanzador hacia la consecución del éxito, unos éxitos que sin duda se verán reflejados en la propia sociedad donde se encuentre afincado en beneficios sociales y económicos.

Desde hace tiempo, no veo corresponder a nivel general a las administraciones públicas y también a la sociedad en general, el reconocimiento que entiendo necesario ha de otorgarse a nuestro tejido empresarial. La experiencia y la historia una y otra vez nos pone en nuestro sitio, lo hemos comentado también en otras ocasiones, pero precisamente ser consciente de lo que somos y hemos sido, nos otorga la posibilidad de realizar los cambios necesarios para avanzar por nuevos caminos.

Por si alguien aún no lo entiende o no lo quiere entender, no hay bienestar sin un tejido empresarial fuerte y comprometido con su sociedad, lo comprobamos cerca de nosotros en comunidades como el País Vasco y Cataluña.

¿ A qué esperamos para dar un cambio de rumbo a nuestra estrategia de captación y fortalecimiento empresarial?. Los empresarios lo venimos intentando, que nadie lo ponga en duda.

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