Un punto de partida para el crecimiento


Con el objetivo, como indicábamos en el anterior ensayo, de desenmarañar ese mundo llamado economía, lo primero que se nos presenta como ejes troncales del sentido propio de la economía, son los conceptos básicos que hacen referencia a la oferta y la demanda.

A bote pronto todos tendemos a pensar que el precio, el valor de las cosas, es el primer concepto económico, pero éste solo tiene sentido, cuando por un lado existe una necesidad de alguien -la demanda-, y por otra existe la posesión, elaboración y/o fabricación y deseo de enajenarlo o venderlo  -la oferta- por otro. Evidentemente todo se complica dependiendo de muchos factores relacionados con el producto, con su distribución, con el lugar, con el momento…, y estas tres variables, oferta, demanda y precio conjugados entre sí, determinan lo que denominamos mercado.

La profesionalización de los mercados, -que no la existencia de ellos, que probablemente tenga sus inicios, con el comienzo de la civilización-, podemos atribuirlos en gran medida a los gremios que allá  por el siglo XII en Francia, y una siglo más tarde en España –en nuestro país eran ya conocidos por cofradías-, supusieron el nacimiento de importantes ciudades y por tanto de la fortaleza de sus estados, alrededor de un tejido empresarial que se llamo la burguesía artesanal y siglos más tarde empresarial. Estas eran personas que no provenían de las clases predominantes de esas épocas, y su función de mercaderes y artesanos de los que empezó a denominarse profesiones libelares, supuso la expansión económica en las zonas donde estuvieron ubicados. La especialización, formación y profesionalización, así como el propio control de su actividad, eran los ejes de su organización.

Las ansias de control de los poderes públicos existentes en ese momento sobre estas profesiones libres, las ilimitadas presiones recaudatorias sobre ellos de los estados, y la falta de libertad de competencia de mercado que regio en los gremios como utópico medio de autodefensa, arruino en unos siglos un motor de desarrollo económico, que si bien tras su desaparición y posterior evolución, dejó tras de sí, la especialización y profesionalización de la actividad productiva, de la oferta industrial y empresarial que vino en siglos posteriores.

Donde proliferaron los gremios, crecieron ciudades nuevas –el término burgos proviene precisamente de esas zonas nuevas dentro de las ciudades, habitadas por la burguesía-, y se desarrolló una nueva escala social que era en ese momento y sigue siendo a mi entender, el pulmón económico de cualquier país y especialmente el nuestro, la clase media, media-alta, una clase de sociedad acomodada como consecuencia del ejercicio de una profesión rentable y sostenible en el tiempo.

Al hablar de rentabilidad, estamos ciñéndonos al concepto de renta y esta no es más que los ingresos que se perciben, descontado el costo directo de los bienes y servicios que se requieran para su obtención.

Si bien la historia es fiel testigo de lo que hemos sido, pero igualmente de lo que somos, si nos preguntáramos si somos una sociedad con renta, o por decirlo de otra forma más palca, cuáles son los municipios de España más ricos, no por hecho de entrar en una simple clasificación de ranking, pero sí de discernir y tomar conciencia de ello para formular nuevas direcciones estratégicas en el futuro, esto es lo que nos encontraríamos para dar respuesta ello.

La Agencia Tributaria acaba de publicar recientemente la Estadística de declarantes de IRPF por municipios mayores a los 1.000 habitantes del 2014, y que refleja las rentas del 2013, un año de profunda crisis económica como ya conocemos, excluyendo de dicho estudio los datos de Navarra y País Vasco.

Si bien los municipios más ricos por renta bruta media por habitante, son municipios donde el número de habitantes es menor que la capital, no por ello cabe señalar que de los 25 más ricos, 23 se localizan entre la Comunidad de Madrid y en la provincia de Barcelona, concretamente Pozuelo de Alarcón en Madrid, y Matadepera en Barcelona con una renta de 59.279 €/hb. y 48.804 €/hb. respectivamente, encontrándose en el 1º y 2º puesto de los 2.964 municipios analizados, otorgándose éste último puesto a la localidad granadina de Zafarraya que tiene una renta de 10.293 €/hb.

La renta bruta media de España en dicho ejercicio fue de 24.602 €/hb. y en nuestra comunidad alcanzó los 20.824 €/hb. de media. En la provincia de Córdoba fue de 19.156 €/hb. y en nuestra capital ascendió a los 23.720 €/hb. ostentando nuestra capital el puesto 536 de este ranking, señalando al municipio de Nueva Carteya con sus 12.094 €/hb. como el municipio de menor renta de nuestra provincia, localizándolo en el puesto 2.932 de España por nivel de renta. Sólo las provincias de Almería y Jaén en nuestra comunidad tienen rentas brutas inferiores a la media de nuestra provincia, y de los 25 municipios de menor renta, 14 se encuentran localizados en nuestra Andalucía. Con estos datos, uno por si sólo puede sacar sus propias conclusiones que pasarían por la necesidad de un cambio en el actual modelo económico.

Dar un cambio a estos datos, conlleva una regeneración total de las actuales políticas de desarrollo económico de nuestra comunidad, un cambio de dirección para intentar alcanzar niveles de otras comunidades como la vasca o la catalana. Estamos necesitados de líderes que sepan manejar los entresijos y características de una economía como la española y especialmente la de nuestra comunidad, tan dependiente de la demanda interna, del consumo para seguir creciendo, y sólo puede haber consumo/inversión  si hay dinero disponible en el bolsillo de los ciudadanos, de las empresas, un consumo e inversión que se traducirá siempre en desarrollo económico, creación de empleo y mayor bienestar social. Depender del sector servicios predominantemente en nuestra comunidad o en nuestra provincia –concretamente del sector turístico-, es estar abocados a los vaivenes de las circunstancias de un mercado nacional o internacional que hoy mira hacia nosotros, pero que mañana puede dejar de hacerlo.

Pero lamentablemente, desde las diferentes administraciones no sólo no se atiende como se debiera a la necesidad de cambio de modelo económico, sino que sólo se tienen ojos para elegir el camino cortoplacista de la presión fiscal como medio de atender su principal problema, el gasto social y el de las propias administración públicas que generan, un gasto que por mucha imposición fiscal que se imponga, nunca será capaz de equilibrar las cuentas –entre otros motivos porque nunca ha buscado entre sus objetivos rentabilizar su gestión, no lo planteó para ahorrar, sino para atender más y mejor-, una imposición fiscal que está produciendo desigualdades dependiendo de la comunidad en la que se resida, y que provoca haya una evidente discriminación fiscal entre los ciudadanos, y por efecto menor capacidad de gasto y de consumo donde exista mayor presión fiscal.

Sí, necesitamos de nuevo fomentar que emerjan nuevas burguesías empresariales que doten de capacidad y desarrollo económico nuestras localidades, nuestras regiones, ya que, por sí no se han dado cuenta aún, la creación de desarrollo económico y bienestar social nunca viene del Estado, sólo lo puede traer la capacitación, profesionalidad, y asunción de riesgo que algunos estamos dispuestos a desarrollar por el bien nuestro y de los que nos rodean.

Necesitamos pues, que las variables del mercado demanda y oferta de productos y servicios se impongan frente a las políticas intervencionistas de una administración que parece no darse cuenta que depende del crecimiento el mercado para atender las necesidades de a quienes administra.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here