Los cayetanos.


Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Visto que en el barrio madrileño de Salamanca viven varios líderes de izquierdas del país, parece que el término “pijo” que parecía aplicarse a todo el vecindario, empieza a ser sustituido por el de “cayetano”, que designa, según el diccionario de la republicana academia de la lengua acoleta, a todo aquel vecino de barriada media hacia arriba que expresa públicamente su repulsa frente a la gestión gubernamental de la crisis sanitaria, mediante el uso de cacerolas, palmas, gritos o reproducción sonora del himno de España.

Así pues, se consigue diferenciar a los fachas pijos de los, también pijos, pero menos, por eso de abrazar las ideas de izquierdas.

De hecho, leo hoy en El País, que ya saben ustedes que es mi diario de cabecera, un artículo dedicado a un señora de cincuenta y tantos a quien se le hace todo un traje por su apoyo a las manifestaciones de protesta en Madrid, como si fuera una especie de Catalina de Aragón, portando la bandera de España y con la ropa desgarrada por los días de encierro, y nos la venden como un espécimen evidente de la degradación del país derivada de la incomprensión al impagable sacrificio de Sánchez y su Vicepresidente.

Ni conozco a esta señora, ni a Cayetana Álvarez de Toledo. La primera me ha resultado una señora de lo más normal, pero hasta el moño de esta situación. La segunda, reconozco que, inteligente como ella sola, porta y transmite sin embargo una seriedad extrema, pues usa el mismo tono de indignación, tanto cuando tiene razón, como en su comparecencia ante el Parlamento de estos días, como cuando debiera ser más prudente en relación a otras materias, que para eso es política, y el mensaje a veces cala más en el ciudadano si se le aligera en su exposición.

Aznar, sin ir más lejos, ganó sus segundos comicios con un discurso propio que consiguió llegar aún más a los españoles a través de aquel famoso “Márchese, Sr. González”. Y el propio PSOE consiguió la victoria en unas elecciones históricas con el slogan “Por el cambio”. Y qué decir de Zapatero ( de aquellas aguas…) con la frase famosa de “Los españoles no se merecen un gobierno que les mienta”. 

Y ambos partidos, mayoritarios por entonces, no iban dándose navajazos el uno al otro a la altura de los tobillos como gladiadores en la arena del circo, sino que, de manera consustancial a la democracia, cuando el líder en el poder tocaba políticamente a su fin, aplicaban la teoría del pato cojo cual democracia europea al uso, de modo que el jefe de la oposición encontraba un terreno abonado a nuevas propuestas y nuevas formas de hacer política.

Pero esos modos se han perdido. El centro-derecha, por el riesgo que supone Vox por su diestra y Ciudadanos por su siniestra, parece no haber encontrado aún el camino correcto para hacer llegar a los españoles el mensaje de unidad y de diálogo necesarios para afrontar lo que viene y levantar el país. Tarea que se me antoja harto difícil por aquello de “¡Al suelo, que vienen los nuestros!”, pues mientras no cambien a  sus expertos en comunicación y vestuario, seguirán siendo pasto del pijoterío dialéctico al que los someten diariamente, con el consabido desgaste que ello conlleva.

Y desde el otro lado, la irrupción en el gobierno de la extrema izquierda, cierra cualquier vía de diálogo que pudiera plantearse con la oposición. Para ellos, el diálogo ha pasado a ser el conjunto de prerrogativas, prebendas y cesiones ante los dos nacionalismos, los rancios y los incendiarios, de las Comunidades vasca y catalana, prestos a una altanería tan chulesca como ofensiva a las personas de bien de esta España en horas bajas. Su comportamiento va más allá de la política, haciendo de la mala baba, el chantaje y la extorsión sus armas en una negociación a la que llaman diálogo, en una miserable compra de votos a la que llaman progresismo democrático.

Cohabitación más bien la llamaría yo. Pero de esa que se practica a escondidas y en los burdeles clandestinos por los que ha cambiado el Estado sus cloacas.

Su pesadilla, Sr. Presidente, se está haciendo realidad, que ya se sabe que supera a la ficción. Despierte, por favor, y deje de arrastrarnos con usted por este piélago cenagoso y maloliente, por esta locura sin sentido de la que nada bueno podemos esperar.

Y usted, Cayetana, ya que el destino ha jugado a que sea quien abandere la identidad de los indignados, háganos ver, empezando por la cúpula de su partido, que España merece la pena, que si París bien vale una misa, desde Madrid se va al cielo, que los españoles tienen otro lugar al que mirar porque es un lugar de todos, no de unos pocos, en el que la comprensión y la concordia vuelvan a ser el germen de un nuevo crecimiento, y todo ello hágalo con una sonrisa que al menos nos haga sentir que no todo está perdido.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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