Los expertos.

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Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

¡Albricias!, como leeríamos en los tebeos de los años sesenta.

Por fin estamos viendo el fruto de la inconmensurable labor de los expertos “digitales” del gobierno. Sus criterios, siempre mesurados y basados en un alto grado de estudio, dada su repercusión inmediata entre la población, están empezando a dar resultados tras largos días de sacrificios, cual ayuno religioso que persigue la purificación del cuerpo para el despliegue de las ideas, las propuestas , alternativas y, finalmente, las decisiones consensuadas de ingente valor por su originalidad y acierto.

Ya podemos concluir con que el uso de la mascarilla es obligatorio. Y no se crean ustedes que hubo unanimidad en la decisión. A las pruebas me remito, que hasta en el cuerpo de la Policía Nacional le costó el puesto a quien así lo venía proponiendo desde antes del 8M. 

Primero porque no había, luego porque las que llegaron no servían, que si no a los niños, que nada de caseras, que si lavables, de un solo uso….un galimatías tal, que el propio doctor Simón variaba el criterio de un día a otro con la misma facilidad que se peinaba y se peina todas las mañanas.

Pues se acabó. El uso de las mascarillas es y será obligatorio, y recomendable para los niños entre tres y cinco años, en todos los espacios de pública concurrencia, abiertos o cerrados, cuando no sea posible mantener la distancia de seguridad, que igualmente se fija en dos metros, frente al metro del principio y el metro y medio de después.

Y como toda norma tiene sus excepciones, no están sujetos a dicha obligación los que tengan problemas respiratorios o de salud, o se encuentren en situaciones de fuerza mayor o estado de necesidad. Y me pregunto, siendo esta reflexión de mi cosecha, si el achuchón puede entenderse incluido entre los supuestos de excepcionalidad al rigor de la norma, pues bien saben ustedes que a veces es un auténtico estado de necesidad el que nos arrastra al desliz de la cohabitación que, con el paso de los años, de débito conyugal ha acabado en actividad ilícita y clandestina, salvo que pudiera llevarse a cabo más allá de la distancia de seguridad establecida, longitud esta de dos metros a la que no llega ni el negro del whatsapp. Como dice mi amigo Alejandro, con quien mantengo una grata conversación telefónica mientras escribo estas líneas, lo mejor es no ponerse palote, que tamaña actitud puede llevarnos o al ilícito, por ahora administrativo, o a la frustración.

Pero más allá del acceso carnal, otro de los placeres, a lo que se ve, este sí, compartido por el grupo de expertos, es el beber y el yantar, pues la orden ministerial que aplica tales conclusiones del oráculo sanchista, recoge expresamente: “Asimismo, su uso ( se refiere a la mascarilla) no será exigible en el desarrollo de actividades que resulten incompatibles, tales como la ingesta de alimentos y bebidas.”

Si ya lo del doctor Simón diciendo que estaban bajando tanto los casos conocidos como los no conocidos era para nota, la conclusión de los expertos en esta materia es de una profundidad intelectual tan solo predicable de esas cabezas privilegiadas en cuyas manos estamos, gracias al gobierno europeo que más está demostrando su valía en esta crisis, el español.

Se ve que el chorizo masticado entre la tela de mierda de una mascarilla era una putada, como dice otro gran amigo mío, con lo cual la medida no deja de ser un consuelo. Menos mal que nuestros gobernantes velan por nuestro bienestar, que si no ya me imaginaba a los grandes chefs de este país elaborando la mascarilla de rigor a fin de obtener un maridaje perfecto con el alimento a cuya ingesta nos sometamos, que en el caso del chorizo bien podría ser de chapata al horno de leña.

Y qué me dicen ustedes de un buen rioja, ahora que hay que consumir productos españoles, cuya ingesta a través de la mascarilla nos acercaría aún más a la apariencia del apocalipsis zombi al que parecen querer llevarnos, con la zona de la boca manchada de rojo como si en lugar de bebernos el tinto hubiéramos destripado al camarero a mordiscos.

En fin, se ve que a algún gurú de los expertos se le encendió la bombilla de las ideas y, por ahora, si bien saben ustedes que todo es susceptible de empeorar, podemos comer y beber sin mascarilla. 

Otra cosa es lo otro. 

¡Sean ustedes desobedientes!

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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