El jarabe democrático.

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Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Yo no salgo de mi asombro con esta gente. 

Resulta que los escraches que cuando ni siquiera estaban en el Parlamento se marcaron frente a las viviendas de los líderes del pp en el gobierno por entonces, ahora, cuando ellos participan de los beneficios de la casta, con rentas en muchos casos superiores a las de los vecinos del barrio de Salamanca en Madrid, y reciben a las puertas de sus domicilios las quejas de los ciudadanos, han pasado a ser acoso.

De “jarabe democrático” como bautizó el vice aquellos escraches, a acoso ilegítimo.

Esta doble moral es devastadora, pues más allá de un análisis objetivo de los hechos establece un rango de admisión de las conductas en función de los intervinientes en las mismas, acosadores cuando se trata de quienes a ellos cuestionan, o ciudadanos que están hasta el gorro cuando de protestar ante los de derechas se conminan.

Y ya, esa amenaza velada a Abascal, a Ayuso o a Espinosa de los Monteros, e incluso algún periodista que otro, sobre posibles protestas frente a sus casas en correspondencia a las que él recibe, es de un nivel tan incendiario que da bastante que pensar, si es que a estas alturas aún no tenemos claro de quien estamos hablando y de lo que persigue.

Mire usted, Sr. Vicepresidente. Si yo educase a mis hijos con semejante nivel y sentido democrático, mucho me temo que acabaría sembrando mi familia de tan malas hierbas como las que usted atesora en su partido. Y no se confunda, que jamás los educaría en la intransigencia a los magrebíes, subsaharianos u otros inmigrantes, o en la inexistente España de los Reyes católicos, salvo para explicarles en este último caso “El Príncipe” de Maquiavelo.

¿Por qué en este país todo ha de ser rojo o azul? ¿Por qué la sanidad privada es tan nociva y su origen tan corrupto, y la sanidad pública un ejemplo de eficacia y coordinación? ¿Pero de qué chistera se han sacado ese conejo, de la de Tip? ¿ Por qué los señores Amancio Ortega, Roig o Florentino Perez son el ejemplo del capitalismo salvaje, y los señores Monedero o Echenique el exponente de la izquierda democrática del pueblo?

Y ya no es que así lo expongan, es que hay gente que se lo cree, no como consecuencia de un ejercicio racional y lógico de pensamiento, sino por una visceralidad impropia, ajena a la razón, más ligada al hooligang que al aficionado, al ultra que al ciudadano de a pie.

Si los tiempos son convulsos y van a serlo aún más, hemos de ser conscientes de que este camino no nos lleva a nada positivo, y sólo conduce a que los extremos cada vez se afiancen más en sus posiciones, con la consecuencia inmediata de la perpetuación de sus líderes al frente de las facciones.

España había conseguido unos niveles de convivencia inimaginables a la caída del franquismo.

Todos habíamos asumido una reconciliación ejemplar y modélica para el resto del Mundo. Nuestra entrada en Europa y en los distintos organismos internacionales, económicos y de defensa, rompiendo ese aislacionismo de decenios, introdujo un aire fresco en nuestro país que iluminó una época fantástica de creación, de inventiva, de diálogo y de unión entre todos. 

Y me pregunto qué ha sido de aquello. Porque me niego a pensar que fue un sueño de verano. Me resisto a creer que las dos Españas seguían latentes para, generaciones después, estallar como la luz de un big bang  que a todos pone en su sitio. A unos a izquierdas y a otros a la extrema derecha, porque esta gente no conoce nada intermedio. O conmigo o contra mí.

Me niego a pensar que esto sea la nueva normalidad, que de nueva tiene lo que uno tarda en estudiar la historia de España previa al 36.

Yo he tenido siempre conocidos en todos lados. Tal vez por mi carácter empático o por mi profesión, he sufrido y disfrutado con decenas de vivencias de unos y otros. Y siempre he visto frente a mí a personas, con sus circunstancias (como decía el pensador, ensayista y filósofo), nunca estereotipos de conductas enlatadas, incapaces de valorar el alcance de sus actos, salvo aquéllos que por mor del destino, siempre caprichoso, han sido llevados a decisiones equívocas.

No es buenismo, créanme. Que el mal existe y soy plenamente consciente de ello. Pero es infinitamente mayor el deseo de una vida cálida y agradable, una vida, tan preciada, en la que disfrutar y ver crecer a tus hijos, en la que hablar y aprender de todo y con todos, sin miedo a nada ni a nadie.

Mi amigo José Gabriel me preguntaba ayer, tras leer este diario, que si la solución tiene que ofrecerla quien constituye el problema, ¿qué podemos hacer?.

Si lo supiera lo diría, pero como escribo este diario y soy dueño de mis palabras, que no de mis silencios, intuyo que empezando por desterrar de nuestras mentes el odio, la intransigencia y el sentido despótico de nuestra visión del mundo por encima de la de los demás.

Estoy convencido que el jarabe democrático no son las voces ni los insultos, los escraches o los acosos. El jarabe democrático es la educación y el diálogo, la defensa férrea de las convicciones, así como la defensa igualmente tenaz del derecho de nuestro vecino a las suyas. El jarabe democrático es la igualdad y la libertad, y su búsqueda constante en un Estado social y democrático de derechos, que protege al débil y que lucha por la posibilidad de que todos tengan las mismas oportunidades, sin olvidar las obligaciones a las que todos sin excepción estamos sometidos, y que empiezan y terminan, siempre, en el respeto a los demás. 

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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