El problema y la solución.

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Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Contrariamente a la duda metódica de qué fue primero, si la gallina o el huevo, es indudable que el titular del diario de hoy principia por el problema. Pero cuando el problema no tiene solución, porque la misma no se adopta o no se busca, la falta de reacción se transforma en un nuevo problema, y la gallina y el huevo vuelven a entrar en escena en una suerte de galimatías indescifrable para conato de guerra política y desgracia de los ciudadanos.

Lo de Nuñez de Balboa, como se preveía, ha trascendido no sólo a las demás barriadas de Madrid, sino al resto de España, y ya aquí tuvimos ocasión de ver esa especie de pseudomanifestación de protesta de hace unos días, mascarillas incluidas, que ya puestos, y por ser más dignos, pienso yo, podríamos elegir las caretas de la película V de Vendetta.

Se ve que, o el pijoterío se contagia como el virus, o realmente estamos cansados de una gestión de tintes políticos por encima de los sanitarios que, amparada en estos últimos, busca realmente la imposición de una nueva normalidad a costa de decreto mientras todos permanecemos en casa.

Lo de Madrid es incomprensible. Y no porque no exista riesgo de rebrote en el número de contagios, si bien no creo que ese riesgo sea en exceso mayor que el de cualquier otra zona del país, sino por la guerra política desatada entre el gobierno y la Comunidad Autónoma, en una batalla sin palabras, sin diálogo ni armisticio, ni siquiera camisa blanca, aunque fuera la de mi esperanza, como cantaba Cecilia.

Reprochaba la presidenta de Madrid que, en la reunión multilateral de los domingos de Sánchez Castejón con todos los presidentes autonómicos, tras preguntar o cuestionar alguna decisión del ejecutivo en su turno de palabra, el presidente la ninguneaba una y otra vez, obteniendo de su boca la única respuesta de pasar el turno al siguiente.

Yo sinceramente no creía que eso fuese así. Suponía que, dadas las tiranteces existentes, problema sin duda derivado de la falta de diálogo, el presidente respondería lacónicamente a la Sra. Ayuso, o incluso relegaría su respuesta a una previa consulta a la autoridad sanitaria, dado su más que notorio nivel de “competencia” en materia de salud.

Pero resulta que no, que la Sra. Ayuso tenía y tiene toda la razón, pues varios presidentes autonómicos, testigos del manifiesto desprecio que deriva de la más absoluta falta de aprecio, han corroborado el testimonio de su colega madrileña.

Esto no es de recibo, Sr. Sánchez Castejón. No es que se trate de una descortesía impropia del presidente del gobierno de España, ni siquiera una torpeza, a las que es usted abonado y en tribuna. Es una desfachatez (a lo mejor es por eso) inadmisible. No alcanzo a entender el por qué de esa actitud. ¿Ustedes se imaginan que en casa, ante un problema grave de la familia con todos reunidos en torno a la mesa, nos dieran la palabra, y tras preguntar nuestras dudas, la única contestación fuese la de pasar la palabra al cuñado? ¿O sin acudir al ámbito familiar, en un equipo de trabajo frente a un problema no grave, sino peor, se tratase así a uno de los jefes de departamento? Porque Yo, en el primer caso monto un pollo inolvidable, y en el segundo no olvido dar el portazo, porque desde luego me levanto y me voy.

Madrid solicita saber por qué otras poblaciones con peores datos y estadísticas en la evolución de la enfermedad, teniendo además presente, como el propio doctor Simón reconoció, que los criterios varían constantemente, han logrado pasar a fases sucesivas de esta desescalada de feria, mientras ellos siguen estando ahogados en la fase cero.

Si los criterios son unívocos para todos, que para eso hay una única autoridad con competencias exclusivas, y así ha sido asumido por el colectivo del país, no puede ser que se trate de distinta manera a la capital, y además, que es lo peor, sin explicación alguna razonable al respecto.

Pues ya no estamos hablando del inicio de esta pandemia, donde posiblemente tan culpables fueran unos como otros por no haberse tomado el asunto con la seriedad y urgencia que requería, y que posiblemente hubiese justificado un cierre de Madrid más rápido y más drástico, que todavía recordamos las colas de vehículos de fin de semana para irse a la costa.

Es que estamos hablando, una vez controlado (San Rafael lo quiera) el pico de contagios y menos saturadas las infraestructuras sanitarias, de un progresivo retorno al ejercicio de los derechos, pues no olvidemos que de eso se trata, de ejercer nuestro derecho al trabajo, a la educación, al comercio, al libre comercio, a la salud, al acceso a la Justicia, a la libre circulación y, entre otros, a la libertad de expresión.

Pero claro, cuando la solución está en manos del problema…

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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