Madrid


Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Siendo las fiestas en honor a San Isidro creo que debemos romper una lanza en favor de Madrid, la capital de todos los españoles, ciudad abierta y cosmopolita, que tan bien trata siempre a los de fuera, tal vez porque casi todos son ajenos (les contaré en secreto que un servidor nació en el hospital Gómez Ulla), y entre todos han forjado su cariz de ciudad amable y divertida. Centro neurálgico del país, sede parlamentaria, gubernamental y de la Jefatura del Estado, Madrid ha sido siempre el primer objetivo de los partidos políticos, pues la importancia de gobernar la ciudad o la Comunidad Autónoma trasciende el ámbito de la metrópoli, y suele ser un escaparate de indudables consecuencias en favor de quien asciende a la alcaldía o a la presidencia.

Tal vez por esa razón, la capital lleva siendo estos días foco de todas las noticias relacionadas con el virus, que ya se sabe de los manejos de la izquierda cuando de informar se trata a través de sus adláteres, y no digamos ya en su afán de convertirnos a todos al pensamiento único, su pensamiento único, que por cierto permite a la vicepresidenta, a la nuestra, alojarse en un inmueble del Estado, y critica a la presidenta de la Comunidad Autónoma por pagarse a ochenta euros al día y a costa de su bolsillo, un apartamento de alquiler.

Las declaraciones de quien fuera candidato a la comunidad por el PSOE, Rafael Simancas, aclarando a los españoles que las altas cifras de contagios en nuestro país se deben a la existencia de Madrid en su seno, son de una precisión, de una elegancia y de una diplomacia sin parangón en Europa. A lo mejor en Sudamérica…., pero aquí en Europa eso no se le ocurre a nadie con dos dedos de frente.

Y luego se extrañan de que los madrileños salgan a la calle y aprovechen las horas de paseo para mostrar su indignación, a la que por cierto, si acompañan bandera de España, se suma un tufillo de rebelión…, causa sin duda de que la policía tome las calles del barrio de Salamanca.

Ahora resulta que tales expresiones de libertad, porque en suma manifestar su protesta o incluso pedir la dimisión de un gobierno no es otra cosa que mostrar un parecer, provienen del barrio pijo de Madrid, ese al que todos los españoles vamos cuando podemos a buscar alguna rebaja y tomar de paso un vermut, sin perjuicio de que caiga también esa caña que con tanto estilo y pulcritud sirven en la capital. Como si los pijos, si es que lo son, no fueran también sujetos de derechos y obligaciones, que a buen seguro pagarán sus impuestos como todo hijo de vecino.

Hoy leo en un diario de esta ciudad expresiones tales como que en las protestas las señoras mayores salían a las terrazas acompañadas de la chica del servicio, que los chavales iban con zapatillas de marca, y otras lindezas propias de quien no puede ser tildado sino de energúmeno, pues no alcanzo a entender qué le habrán hecho a un señor de Córdoba un chaval de 18 años o una anciana de Madrid, salvo, claro está, que su propia presencia le incomode a él tanto como al político de turno del gobierno de España, cuestión ésta que simplifica el debate más allá de la propia simplicidad de quien lo escribe.

A Madrid le debemos el resto de España muchas cosas, al margen de la movida y las manifestaciones lgtbi, pues ha sido y es la cuna del diálogo, con Tierno Galván y con Barranco, con Álvarez del Manzano o con la cursilada del relaxing cup of cafe con leche. Madrid es esa especie de hermano o hermana mayor que va abriendo camino al resto entre sonrisas, que asume antes que nadie las modas o escucha la mejor música, que siempre está atenta a los demás, porque como tal hermana mayor, como capital, actúa con el resto de ciudades del país. Y sus dirigentes, de un color u otro, siempre han sido vistos como líderes nacionales, más allá de su entorno geopolítico. 

Pero también Madrid es brava, no solo por la salsa, sino porque testa antes que nadie los climas políticos, y al igual que nació el hoy ya enterrado movimiento del 15M, que acabó en un chalet de casta, empieza a sentirse un clima de hartazgo frente a los que pretenden hacer en ella su agosto político a costa de hundir su reputación y su economía, convirtiéndola en terreno abonado a sus intenciones.

Y no creo que me arriesgue en exceso si vaticino más manifestaciones de repulsa lejos del barrio de Salamanca, pues la cartera ahoga más a unos que a otros, y no todos podemos permitirnos vivir en la calle Nuñez de Balboa.

No quiero ni pensar si el gobierno de España hubiese estado en manos del centro derecha.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

 

 

 

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here