¿Periodismo?


Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Sorprende ver cuán servil puede llegar ser la prensa con el poder, alejada de ese compromiso a la verdad, o al menos a su búsqueda, que hizo de ella el “cuarto poder”, hasta el punto que desde la noticia contrastada y veraz se llegó a derrocar al mismísimo presidente de los Estados Unidos de América.

Allá por los años ochenta tuve el privilegio de escribir en la sección de opinión de un semanario, “La Tribuna de Córdoba” que, bajo la dirección de José María Gala, supuso una brisa de aire fresco en la información de Córdoba. Invadió la escena política de la capital y soportó, como me consta, presiones todo tipo por el afán de informar con objetividad y permitir que la crítica, en uno u otro sentido, tuviese un foro abierto donde el ciudadano pudiese encontrar criterios distintos a los habituales sobre los que cuestionarse una realidad hasta entonces estática y casi inmutable.

De aquella época guardo grandes recuerdos de quienes formaban la plantilla del periódico, como Braulio Valderas, amigo por siempre y un fotógrafo increíble; Jacinto Mañas, todo un ejemplo de profesionalidad y responsabilidad en el trabajo; Antonio Navarro, inquieto periodista a la antigua usanza; el malogrado y querido Antonio Muñoz;  Aristóteles Moreno, con una capacidad de síntesis y concreción envidiables; Lucas León, de quien llevo tanto tiempo sin saber, y de cuya pluma tanto aprendí; Manolo Cobos, con quien conservo una simpática relación, y José María Gala, todo un caballero que hace honor a su apellido y a su origen. ( Mis disculpas a quien haya dejado en el tintero).

Pero al margen de este recuerdo, que no deja de hacerme ver sino el paso de los años, lo cierto es que aprendí muchísimo. Sobre todo a ser coherente y responsable en lo que escribía, pues una opinión escrita va más allá de la tertulia con los amigos y genera, a la par que la valentía en su expresión, una responsabilidad añadida en sus consecuencias , ya que, siguiendo el criterio del procesalista italiano sobre “callen barbas y hablen cartas”, lo escrito no sólo permanece, sino que te compromete con ello, so pena de ser un títere más en esta orgía diaria de la política.

Y es aquí donde no alcanzo a entender, como decía al principio, este autodenominado periodismo que más bien es un servilismo encubierto bajo la apariencia de la noticia y la información.

Sin duda que los tentáculos de las cloacas del poder, esas mismas que no ha mucho criticaba el Sr. Iglesias cuando Villarejo hurgaba en su intimidad, son lo suficientemente largos y potentes como para atrapar con sus ventosas toda presa que ose pasear a su alrededor. Pero no están ni deben estar exentas de la crítica, alejada de la displicencia y el boato de una corte de serviles cobrafantas, papanatas e ilusos.

Eso no es periodismo. Podrá denominarse así, pero no es periodismo.

Días atrás, la práctica totalidad de los telediarios y magazines televisivos arrancaban su información  con la noticia de que el Arzobispo de Valencia, saltándose a la torera (que fama tiene el prelado) las normas impuestas por el gobierno y asumidas sin rechistar por la corporación municipal de la ciudad levantina (del mismo color político), había abierto de par en par las puertas de la basílica durante una celebración religiosa, propiciando con ello el contagio masivo de los ciudadanos y no recuerdo bien cuántas más infracciones. Y lo anterior, al margen del escarnio al que fue sometido en tales medios, por cuanto, en opinión de los mismos, su actitud era absolutamente contraria al ejemplo que la Iglesia debía dar a los ciudadanos.

Ayer, el mismo Arzobispo de Valencia, D. Antonio Cañizares, enviaba una carta abierta a través de “ El periódico de aquí”, donde desmentía categóricamente las acusaciones del concejal valenciano, Aarón Cano, que fueron germen de la noticia, acusándole expresamente de mentir, por cuanto la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados fue meramente expuesta desde el interior de la Basílica, sin traspasar los muros del templo y sin que ningún devoto, feligrés o ciudadano de a pie, pasara al interior. Y en un gesto de valentía, ante las amenazas del concejal sobre abrir un expediente y elevarlo a la autoridad competente, le recuerda que la calumnia y la falsedad no son de recibo en una sociedad libre. 

Ni que decir tiene que a la crítica acompaña Monseñor Cañizares el perdón, en un gesto que revela la auténtica dimensión del cristiano.

Sin embargo, ningún medio nacional de los que que tanto criticaron al Arzobispo se ha retractado, o al menos ha mostrado el relato de los hechos tal y como sucedieron.

Más que periodismo estamos ante la nueva normalidad en la noticia que nos espera.

Ánimo, Sr. Cañizares.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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